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CULTURA
Norberto
y sus demonios
Juan González Febles
LA HABANA, Cuba - Noviembre (www.cubanet.org)
- Luego de leer "La autobiografía
de Fidel Castro" en su parte 1, El Paraíso
de los Otros, puedo comprender mejor muchas cosas.
A su autor entre éstas. Un hombre inteligente
y sencillo, con toda la picardía de su
ser cubano, en un dulce pozo de alacranes. ¿Qué
hacía allí sin aguijón? ¿Cómo
sobrevivió?
Esto no está convincentemente aclarado
en el libro. De lo que no caben dudas es de que
Norberto Fuentes se apropió del aliento
de su sujeto literario. Luego de una azarosa digestión,
nos ha devuelto un monstruo.
La obra está recorrida por un subyacente
deseo de vindicación de amigos ausentes.
Como si emulara el valor personal en acción
de guerra encubierta, con el riesgo de escribir
sin permiso y sin la garantía del "witness
protection program".
Lo debía a alguien o se lo debía
a sí mismo. Pero su trabajo nos pone en
presencia de alguien sumamente peligroso. Oímos
su voz desde la letra impresa, y nos parece sentir
el susurro tartajoso y la respiración fatigada
del anciano terrible.
Aún así, me parece que a pesar
de todo, es ésta la forma en que al Sr.
Castro le gustaría ser recordado. Porque,
simplemente, no debe de considerarse a sí
mismo un monstruo.
La violencia que recorre el libro no parece la
saga cruel de una república incompleta.
Suena ajena e impostada. No es cubana y tampoco
Castro lo es.
Creo que es aquí donde radica el éxito
del libro y de su autor.
Nadie estaba preparado para lidiar con semejante
personaje. Aunque la maldad es humana y no se
enmarca en nacionalidades, los estilos para su
ejercicio sí lo son. El estilo que nos
sirve Fuentes no se corresponde con esta tierra
de amor y dulzura.
Es la antípoda del cubaneo. La negación
de todo lo que nos es propio y familiar.
Por supuesto que Norberto no la pasó mal.
Supo nadar en las aguas revueltas de la Cuba de
los 60, los 70 y hasta los 80. Al igual que otros,
vivió su pedacito. Disfrutó de putas,
automóviles, viajes y amigos bien situados.
No se detuvo en la desgracia ajena, porque sabía
qué era estar en desgracia.
Nunca trató de justificarse ni de justificar
a sus amigos. No se trata de un héroe.
Imposible ser héroe y cronista a la vez.
Los héroes hacen para que otros escriban.
Así ha sido, y así será.
Su libro me ha producido una fuerte impresión.
Coincido con el colega que le concede el lugar
inmediato inferior a Guillermo Cabrera Infante.
Hoy es el mejor de los escritores cubanos vivos,
o de los vivos cubanos escritores.
Ese lugar se lo ganó. Esta vez no fue
suerte, sólo talento. Además, está
el tributo de un artista por su obra. Tenía
que hacerlo y lo hizo. Después veremos.
Si hay un perdedor en esta obra, éste
es el eterno segundo, el número 2 tradicional.
El libro es uno de los traspiés más
formidables a la sucesión colegiada. Los
crueles y los asesinos no son bien vistos entre
cubanos. Los maricones son definitivamente inaceptables.
En su obra, Norberto nos presenta el cuadro más
humanizado de un Raúl Castro femeninamente
cruel y virilmente afeminado. Más de lo
que el promedio de los cubanos está dispuesto
a aceptar.
Decimos que el libro está presidido por
los demonios de Norberto. Están los amigos
ausentes, en fotografías y en espíritu.
Toda la corte luciférica y alucinante,
danzando en sufragio del Diablo. Un Demonio añoso
al que no le preocupa para nada remozar las paredes
de su infierno.
Esperemos que Norberto Fuentes pueda concluir
la segunda parte de su entrega. Esperamos con
creciente interés la conclusión
de la magnífica historia que nos ha regalado.
Aunque algunos conocedores se quejan de inexactitudes,
es pecata minuta. Si no es como lo cuenta, no
puede haber mucha diferencia. ¡Enhorabuena,
Norberto!
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