PRENSA INDEPENDIENTE
Noviembre 1 , 2005
 

POLITICA
Que decidan las víctimas

Adrián Leiva

LA HABANA, Cuba Noviembre (www.cubanet.org) - Todos los años la zona del Caribe, la mayor parte de Centro América y el sur de los Estados Unidos se ven afectados por fenómenos climatológicos que en algunos casos causan daños apreciables, al producir por lo general pérdidas cuantiosas en recursos y a veces en vidas. Los ciclones no hacen distinciones. Ellos afectan tanto a países con economías sólidas como a los más empobrecidos. Lo cierto es que cuando llegan los meses de verano comienzan las preocupaciones y es que con el paso del tiempo los huracanes se van haciendo más poderosos y destructivos.

Las aterradoras imágenes transmitidas por las distintas cadenas de televisión sobre los desastres ocasionados por el huracán Wilma en Veracruz primero y después en la Florida, han recorrido el mundo entero. Todavía no puede tenerse una idea definitiva sobre las pérdidas materiales que ha dejado este meteoro, que también afectó a Cuba, fundamentalmente a La Habana y Pinar del Río.

Las noticias en la isla coinciden en señalar las críticas a las organizaciones norteamericanas que están dedicadas a resolver situaciones de crisis en desastres como éste. Basándose en las críticas publicadas en la prensa norteña, los medios de prensa cubanos, todos oficialistas, se preguntan cómo es posible que la nación más poderosa del mundo presente tantas fallas para auxiliar a la población en casos de desastre natural. Se aduce una aparente lentitud en accionar por parte de todas las estructuras gubernamentales de Estados Unidos y la falta de un plan de medidas antes, durante y después del paso de este u otro fenómeno.

Pero por otra parte en Cuba donde estamos acostumbrados al paso cada año de estos fenómenos tropicales no ha estado la opinión pública ajena al dolor por la tragedia ocurrida en el sur de Estados Unidos. Este hecho nos deja claro que cuando la madre naturaleza hace estas trastadas no hay país por poderoso que sea que pueda evitar los males y son los seres humanos quienes sufren sus consecuencias. Precisamente por ello son las personas las primeras que se deben tener presente cuando estos casos se producen.

Crear un programa regional entre todos los estados que son proclive a recibir los impactos de los huracanes donde además del fondo económico con la ayuda se disponga de un plan de trabajo, apoyo logístico en medios, medicinas, alimentos, así como el personal de la defensa civil, seria una iniciativa loable y seria afín de ayudar a los seres humanos que sufren estas tragedias. Razones sobran para la creación de un organismo regional de acción y ayuda mutua ante desastres naturales donde prime el carácter humano y no las rivalidades políticas, donde ningún gobernante obstruya la ayuda a los necesitados, que al final son las verdaderas victimas del fenómeno natural y del error político de los gobiernos. Con la creación de este organismo regional con carácter netamente solidario, donde incluso puedan participar distintos grupos religiosos, las diferencias políticas entre gobiernos quedarían al margen, lo cual seria un paso de avance en este sentido para todas las naciones que conforman región.

Hace apenas un lustro Cuba se vio azotada por un fuerte huracán que causó daños en varias provincias del país. En aquella ocasión el gobierno norteamericano levantó las restricciones para la venta de alimentos y otros productos a la Isla y ofreció el envío gratuito de módulos de viviendas para los damnificados. El gobierno cubano aceptó comprar alimentos, pero rechazó las viviendas quedando en suspenso un cuestionamiento. Si las viviendas son para los damnificados con qué derecho sus gobernantes, que poco o nada pueden hacer por ellos, rechazan por cuenta propia la posibilidad de esta ayuda. En caso extremo tendrían que ser las victimas del huracán las únicas autorizadas a aceptar o no la ayuda proveniente del gobierno estadounidense.

Igualmente, cuando Katrina dejó su tétrica huella marcada en los estados sureños de Louisiana y Mississippi y entonces fue el gobierno cubano el que brindó 1,500 médicos cubanos para que ayudaran en la zona de la catástrofe. El gobierno norteamericano respondió primeramente con el silencio y posteriormente algunos congresistas dijeron con cortesía que era preferible que los facultativos de la Isla dirigieran sus esfuerzos a la población carente de médicos.

En ambos casos la motivación política entre ambos gobiernos cierra las puertas para que las personas necesitadas reciban la ayuda. Cualquier persona sensata sabe que detrás de estas ofertas existe un trasfondo de carácter político pero con la misma sensatez con que se atisba esta verdad consabida debe entenderse que las formas de actuar, negando las ayudas ofrecidas por ambas partes sólo responde a una despiadada actitud propia de un medio enfermizo de quienes en lo personal no carecen de nada material y para colmo tienen el poder de decidir sobre la necesidad de los demás.

El eslogan que debe primar en situaciones en que el enfrentamiento político se sobrepone a las necesidades de la gente debe ser QUE DECIDAN LAS VICTIMAS Y NO LOS GOBERNANTES. Veremos si ahora con el paso de Wilma este lema podrá ponerse en práctica de una vez.

 

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