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POLITICA
La responsabilidad de ser libres
Raúl Soroa
LA HABANA, Cuba - Noviembre (www.cubanet.org)
- Si analizamos a tres importantes pensadores
lejanos en el tiempo encontramos que Aristóteles,
Maquiavelo y Marx resaltaron el valor de la Democracia,
aunque tenían conceptos muy diferentes
acerca de la sociedad libre.
Muchos partidos de la clase trabajadora surgieron
de la lucha por la democracia, muchos concebían
el futuro poder de la clase trabajadora como un
poder dentro de la democracia. Marx había
llegado a la conclusión de que la sociedad
más desarrollada tendría el conjunto
más avanzado de relaciones políticas
y de clases. Muchos marxistas de finales del siglo
XIX y principios del XX llegaron a pensar, inspirados
en este análisis, que Estados Unidos sería
el país donde primero surgiría el
comunismo.
Sucedió que Lenin realizó su revolución
socialista no en el país más industrializado,
sino en Rusia, uno de los más atrasados
de Europa. En su libro "El estado y la revolución",
plantea Lenin: "Toda sociedad ya no será
más que una oficina o un gran taller, con
igualdad de trabajo e igualdad de salario
todos los funcionarios recibiendo un sueldo que
no sobrepase el salario de un obrero, bajo el
control del proletariado armado".
Lenin concebía a la sociedad ideal como
una enorme oficina de correos zarista, custodiada
por obreros armados dispuestos a todo, y decía
que "los obreros armados no son pequeños
intelectuales sentimentales, y no permitirán
que se bromee con ellos".
Sobre la democracia, dijo que "cuanto más
completa es la democracia, más próximo
estará el momento en que resulte superflua".
Stalin convertiría la pesadilla leninista
Estado-taller en una peor, el Estado-GULAG.
El término democracia ha merecido innumerables
ensayos y estudios. Aristóteles la situó
entre las manifestaciones políticas desviadas,
aunque la consideró como la menos mala
de las modalidades condenables. Cicerón
consideraba que era la peor forma de gobernar.
Burke la condenó. Locke sostuvo que el
poder radicaba en la mayoría. Para Montesquieu
la democracia aseguraba la libertad y la seguridad,
bajo el amparo de las leyes, mediante la amplia
participación popular en el gobierno. Los
pensadores de la Ilustración tenían
la convicción de que todos los seres humanos
estaban capacitados para la libertad y la responsabilidad,
aunque esta capacidad debía ser cultivada
con esmero. Pensadores como Mosca y Pareto sostuvieron
una posición elitista, basada en la necesaria
minoría que detente el poder y criticaban
la democracia al estilo Rousseau.
La democracia puede tener una amplia gama de
contenidos. De ahí sus diversas conceptualizaciones
y materializaciones, y sobre todo interpretaciones.
La estabilidad de cualquier democracia depende
de la eficacia y legitimidad de su sistema político.
Su punto central es la elección. Las elecciones
por sí solas no hacen democrática
a una sociedad, pero sin elecciones libres no
hay democracia. Ahora, si un sistema político
no está formado por un sistema de valores
y de leyes que le caractericen, termina en caos.
El régimen democrático se funda
en la axiología, no puede reducirse a un
grupo de regulaciones sin que se vea además
que es un proceso, un estado de cultura, un entramado
de técnica y cultura.
Entonces, ¿qué entendemos por democracia?
Si llamamos así al modelo que prevaleció
en Europa del Este fundamentalmente, y que hoy
impera en unos pocos países, la formación
cívica se concibe sobre la base de una
sola ideología política, tendiendo
entonces a confundirse con la formación
de un partido único. Es por lo tanto equivalente
a un proceso de adoctrinamiento. La participación
ciudadana se conciba bajo un liderazgo único,
confundiéndose así como una actividad
de apoyo a las decisiones del líder, y
equivale a la llamada movilización de masas.
Si, por lo contrario, consideramos a la democracia
como un modelo pluralista, la formación
cívica se diferencia de la formación
política porque corresponde a un sistema
de varios partidos, de manera que no debe limitarse
a presentar a un solo partido, y permite evaluar
a esta última gracias aun diálogo
entre las opciones ideológicas. Constituye
así un proceso de formación. En
este caso, la participación ciudadana responde
a múltiples fuentes de iniciativas, guardando
un carácter crítico, lo cual no
significa que sea negativo, sino que resulta del
propio juicio y del libre albedrío de los
ciudadanos y no los obliga a circunscribirse a
las perspectivas del poder establecido.
Esto es muy importante para un país como
Cuba, para los hombres y mujeres que un día
no muy lejano seremos ciudadanos de una sociedad
democrática. El 80% de los cubanos que
viven hoy en Cuba nacieron después de 1959.
Si sumamos los años de dictadura batistiana
ese porciento crece mucho más. Por lo que
la gran mayoría no tiene vivencia democrática
alguna.
Cuba cuenta con una población alfabetizada,
con un alto número de profesionales. Pero
la educación en Cuba, uno de los paradigmas
del régimen totalitario, es una educación
doctrinaria, dirigida a la formación de
ciudadanos dóciles, servidores del sistema.
Con éxito o no, ha estado en función
de la creación del llamado "hombre
nuevo". El cubano de hoy es un hombre creado
para vivir en sistemas totalitarios, es un individuo
educado para ser esclavo.
Para vivir en democracia hay que redescubrir
las virtudes cívicas indispensables para
la libertad individual. Una de las funciones más
importantes de la educación debe ser enseñar
virtudes cívicas. El ciudadano democrático
debe anteceder a la democracia, y la sociedad
civil libre (en Cuba hay que hacer esa distinción)
resurgida en los últimos años ofrece
condiciones adecuadas para la aparición
de ciudadanos democráticos. La voz de la
sociedad civil impugna el exclusivismo y la irracionalidad
del poder. Es la voz del nosotros opuesta al yo
totalitario. Es la voz del yo libre opuesta al
nosotros dictatorial.
Quiero volver a la frase señalada en la
primera página sobre la importancia de
formar con esmero la capacidad del ciudadano para
la libertad y la responsabilidad, para desarrollar
la aptitud para compartir los cargos y prerrogativas
del poder. Decían los pensadores de la
Ilustración que esas capacidades del individuo
debían ser cultivadas con esmero. La creencia
romántica del pasado siglo de que la maduración
de los ciudadanos y la sociedad para asumir la
responsabilidad de la libertad se produciría
espontáneamente, porque los seres humanos
son naturalmente democráticos, se contrapuso
a la idea de que la democracia debe ser cultivada
esmeradamente. Los seres humanos no son espontáneamente
democráticos.
Hay que educar al ciudadano, cultivar su capacidad
para asumir la responsabilidad de la libertad.
Crear una didáctica sobre la democracia
a ejercer en Cuba. Los prohombres que en toda
sociedad existen tienen el deber de educar con
su ejemplo persona, su experiencia, su conocimiento
y su prédica a la masa. No debe temerse
al papel de esa élite. Sobre esa élite
recae el peso fundamental, la responsabilidad
en la dirección y formación de esa
axiología de la democracia, de salvaguardar
las virtudes cívicas necesarias para vivir
en libertad.
Buscar en el rico acervo del pensamiento cubano,
en los hitos que marcaron nuestro camino democrático.
Buscar en Varela, Martí, Guáimaro,
la Constitución de 1901, la Constitución
del 40, en nuestra joven e imperfecta República
del 20 de mayo, en nuestros aciertos y tropiezos,
en la experiencia de estos largos años
de totalitarismo castrista.
Los hombres y mujeres de la Cuba de hoy deben
saber además (se confunde muy a menudo)
que democracia no es tomar Coca Cola, no es tener
un equipo para ver DVD ni tal camisa de más
cual marca. No es el mercado, no es ni siquiera
un mayor crecimiento económico. No es el
poder de éste u otro grupo de los que hoy
luchan por la democracia. No es cambio de caudillo
en el poder, por mucho que éste se exhiba
como defensor de ella. El poder de la democracia
es un poder moral, no se legitima en la riqueza,
sino como portador de derechos y libertades cívicas
establecidos por las leyes. La democracia es responsabilidad.
Hoy vivimos en una sociedad fatigada. Una ínfima
y heroica minoría dispuesta a protestar
y luchar pacíficamente por la salvación
de la nación; un grupo en el poder, desmoralizado
por la terquedad de Castro y comprometido con
él, que espera su muerte sin mucha fe en
el futuro y una mayoría desesperanzada,
deseosa de escapar del país.
Los retos son grandes. Todos los cubanos del
insilio y el exilio tenemos la responsabilidad
común de rescatar al país, y eso
sólo lo podemos lograr recurriendo a ese
poder moral asentado en lo mejor de nuestra axiología
democrática, autoeducándonos y educando
en lo mejor de la experiencia universal y propia.
La experiencia del exilio cubano en los Estados
Unidos, donde ha vivido y se ha formado más
de una generación de cubanos, tendrá
un gran peso. Las vivencias terribles de los cubanos
de la Isla actuarán como dique ante cualquier
intento de reanimar el poder de un grupo o persona.
Tendremos que enseñar a nuestros compatriotas
a repugnar el caudillismo, a crear instituciones
y defenderlas. Educar en los conceptos de libertad
y democracia a nuestros jóvenes y mayores,
para hacer verdad esa frase martiana, tan llevada
y traída, de "con todos y por el bien
de todos", y podamos hacer ley primera de
nuestra República (ahora sí de verdad
y no como una frase huera) el culto de los cubanos
a la libertad plena del hombre.
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