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DISIDENCIA
Salir de noche
Javier Machado, Cubanacán Press
SANTA CLARA, Cuba - Mayo (www.cubanet.org) -
Si alguna telenovela cubana ha tenido aceptación
en el pueblo cubano fue "Salir de Noche".
El drama andaba encaramado en lo cursi y actual,
con enredos criollos, amores cruzados y desenfados
de sus personajes, relacionados con las pasarelas.
Aunque en las grandes ciudades la vida nocturna
se hace propicia para muchas cosas, especialmente
para la juventud, para otros constituye un dilema.
Los jóvenes, aunque preocupan a las autoridades,
mientras no se griten consignas o realicen otras
manifestaciones contra el Estado, son tolerados.
Un buen ejemplo de tolerancia es la que ocurre
noche tras noche en el Malecón habanero.
Pero con los que disienten es bien diferente,
sin importar el lugar donde se viva. Alberto acaba
de ser agredido por dos "ciudadanos"
en la esquina de su casa. Ocurrió cuando
venía de regreso una hora antes de la medianoche.
Eran dos los sujetos; uno grande y fuerte con
camisa de mangas y otro más bajito. Mientras
el primero agredió al disidente, el otro
le gritaba improperios y ofensas, repitiéndole
que tenía que estar dentro de su casa.
Alberto salió lesionado en la parte izquierda
del labio superior porque en defensa propia utilizó
como obstáculo su bicicleta. Uno de los
manubrios lo golpeó salvajemente en el
labio. Fue sólo entonces que soltó
el medio de transporte e intentó buscar
piedras para defenderse, ocasión aprovechada
por los agresores para escapar precipitadamente
del escenario de los hechos.
El modus operandi indica que no fueron malhechores
que intentaban robarle el ciclo.
Él lo sabía. Estaba bien advertido
de que en esos días anteriores al 20 de
mayo no debía salir de su casa de noche.
Casualmente al propio Alberto días atrás
una fuente le había confiado las expresiones
utilizadas en una reunión efectuada con
los efectivos de la tercera unidad de la policía
santaclareña acerca de las actividades
de la disidencia alrededor del 20 de mayo.
El caso de Ramón Vázquez Arbelo,
del Partido Pro-derechos Humanos de Cuba afiliado
a la Fundación Andrei Zajarov, es también
reciente. Un vecino golpeó su rostro después
de agredirlo verbalmente. Ejemplos existen muchos.
Recuerdo lo sucedido a Reinaldo Méndez,
del mismo partido de Vázquez, cuando un
auto se le encimó contra su bicicleta,
haciendo que el opositor se proyectara contra
un poste del alumbrado público con peligro
para su vida.
Resulta que los disidentes en Cuba tienen que
restringir hasta sus salidas del hogar e incluso
tener mucho cuidado con el tipo de personas con
que se reúnen y los lugares que frecuentan
para evitar manipulaciones.
Si alguien se reúne con alguna persona
propensa a ser manipulada, no debe dudarse de
que de allí saldrá un enemigo o
un agresor ante una situación de laboratorio.
Si se frecuentan lugares públicos, no es
de extrañar que "alguien" golpee
por la espalda al opositor o lo provoquen para
terminar enredado en una riña tumultuaria.
Recuerdo el caso de José Pérez
González. Una tarde entró en el
cine Camilo Cienfuegos de Santa Clara y sin apenas
comenzar el filme, encendieron las luces del local
para en gigantesco operativo policial, llevarse
el disidente esposado. "Te estábamos
cazando", le dijo uno de los policías
que lo conducía detenido hacia la tercera
unidad de la policía.
Un amigo me confesó que él no sale
solo de noche, y mucho menos con su esposa, por
lo mala que está la calle. "Me pueden
provocar ofendiendo mi moral o la de mi esposa",
me dijo. A él le gusta darse sus tragos,
pero prefiere dárselos en su casa porque
teme que en cualquier lugar público le
puedan echar alguna pastilla en la bebida para
descontrolarlo.
¿Qué hacer entonces ante el problema
donde es evidente la maldad y la maquinaria represiva
totalitaria?
Depende de cada cual. Pero la gran mayoría
de los disidentes cubanos prefieren quedarse en
sus casas para evadir esos problemas y evitar
estar en la mirilla del enemigo. Otros seguidores
de la desobediencia cívica son los más
propensos para ir a las cárceles y si no
lo cree así, pregúnteselo a Léster
González Pentón. Algunos prefieren
salir en grupo, pero lo cierto es que para los
entes prodemocracia, es muy difícil vivir
bajo esas circunstancias.
No sólo se les viola la libertad de expresión,
sino la de movimiento prevista en la Declaración
Universal de los Derechos Humanos. Algún
día, cuando se escriban las páginas
de la historia más reciente de mi país,
florecerán muchos Alberto, Ramoncito o
José, quienes con sus experiencias personales
enriquecerán guiones televisivos espeluznantes
que hasta hoy están en silencio.
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