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POLITICA
Intriga siniestra
Juan González Febles
LA HABANA, Cuba - Mayo (www.cubanet.org) - Según
reveló el gobernante Fidel Castro, oficiales
norteamericanos de la administración Clinton
cabildeaban con miembros del Senado para beneficiar
a la dictadura castrista. Tanto el emisario -premio
Nobel y correo secreto de Fidel Castro- Gabriel
García Márquez, como el propio régimen
castrista y los oficiales norteamericanos, se
refirieron a enemigos comunes.
A todas luces los enemigos comunes de los reunidos
eran cubanos. Se trataba de gente que lucha por
su libertad en la Isla. Se trataba de cubanos
que viven en el exilio desviviéndose por
la libertad de la tierra en que nacieron. Esos
son los enemigos comunes del gobierno de Fidel
Castro, de su correo secreto y de la izquierda
liberal yanqui. Al menos así lo declaró
públicamente Castro.
Los funcionarios norteamericanos que se entrevistaron
con García Márquez en ningún
momento ignoraron a quién representaba
Gabo. Tenían intereses comunes. Pasaron
por alto "latiguillos políticos"
(léase tema derechos humanos en Cuba).
Eran portavoces de un importante grupo de poder
dentro del Partido Demócrata, que se encontraba
mandando.
El Premio Nobel de Literatura y correo secreto
de Castro, Gabriel García Márquez,
era persona grata a aquella administración.
Lo recibían con discreción y alfombra
roja. Una ambivalencia típica de la izquierda
-sinister en latín- en zurdas andanzas.
Curiosamente, durante esa administración
nació la política de pies secos
y pies mojados. Se produjo el último éxodo
masivo y fueron derribadas sobre aguas internacionales
las avionetas de Hermanos al Rescate.
Muchas son las interrogantes. ¿Tendrá
que ver el Sr. Castro, su correo secreto y los
funcionarios norteamericanos de la administración
Clinton con los eventos acaecidos en aquellos
momentos? ¿Hasta qué punto influyeron
Castro y su correo secreto en aquellos acontecimientos?
¿Cuál es el alcance de esta intriga
siniestra -lo de siniestro es por izquierda en
latín- de tan difícil comprensión?
García Márquez no tenía
que aparecer en el vórtice de una conjura.
Esa no debió ser su posteridad. Se merecía
más. Talento tuvo, pero no entereza moral.
El vedetismo lo perdió. Necesitaba luces
y pasarelas. Esas luces quemaron las alas de su
trascendencia. Pobre Gabo. Se equivocó
y pagará las consecuencias.
Quizás recuerde hoy a otros que le precedieron
en la hoguera. ¿Habrá llamado al
presidente Vicente Fox? ¿Habrán
respondido a su llamada? ¿Estará
contemplando con tristeza el cuadro que le regaló
su amigo Tony de la Guardia?
Quizás el espíritu dulce de Úrsula
lo consuele por las cosas que se van a acabar
en su mundo. Hay que esperar por si algo tiene
que decir. Puede que falte lo mejor de la intriga.
Con los artistas nunca se sabe. Va a ser interesante
lo que dirán los funcionarios norteamericanos
que le brindaron hospitalidad, cabildeos y alfombras
rojas.
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