PRENSA INDEPENDIENTE
Mayo 24, 2005
 

RELIGION
El adiós del guerrero

Juan González Febles

LA HABANA, Cuba - Mayo (www.cubanet.org) - Rafael Pérez Rivas se marchó al mundo espiritual. No reconocía la muerte. Fue un ocultista, un guerrero de la Luz que dominó la astrología, las runas y otras muchas herramientas del Sendero. Rafael tuvo contactos estrechos con opositores y periodistas independientes. Apoyó a los luchadores por el cambio político en la Isla.

Pero no era fácil que hablara sobre ocultismo. "La obra es secreta", decía. Era imposible citarla con su consentimiento. Esa "concesión" la tuvo con mi colega Luis Cino y conmigo. Pero pedía invariablemente respeto para su anonimato. Por él supe cosas insólitas sobre el combate de las fuerzas de la Luz contra los emisarios de las Sombras.

Definía al gobierno de Fidel Castro como un "baluarte de las Sombras". Poco antes de morir me confió que él y otros seis ocultistas habían destruido la Nganga de Machado. Afirmaba que ésta era la causa de la mayoría de los males políticos y sociales de la Isla en los últimos años.

Esa historia le sirvió a Luis Cino para escribir "Nganga con garras". Para ello hubo de comprometerse a no tocar aspectos que la fuente señaló. Por supuesto, tampoco podía mencionar a Don Rafael. Pero aún así, logró una buena pincelada sobre el tema.

Sabía que moriría. Lo aceptó cuando se dispuso a ser el oficiante mayor de la ceremonia en que fue destruida la Nganga enterrada en el Parque de la Fraternidad. Esto fue hecho por mandato del entonces presidente Gerardo Machado. Durante más de seis décadas la Nganga dictó la tónica oculta del azar político en Cuba.

Rafael Pérez Rivas murió en La Habana de un cáncer fulminante en el esófago. Lo aceptó porque sostenía -sostiene- la convicción de que regresará. Durante su corta vida -56 años- tuvo contactos con importantes personalidades y grupos esotéricos del extranjero.

En su humilde vivienda en la calle Consejero Arango, en el Cerro, recibió a emisarios de la legendaria Orden del Templo -templarios-, venidos de Europa. Mantuvo correspondencia y contactos regulares con personalidades del Cuarto Camino y de la secta Nahualt, entre otros. El amor y la entrega con que se consagró a sus convicciones se conjugó con el que sintió por la Humanidad y el pueblo cubano.

Rafael amó a su tierra y a su gente. Era masón y miembro de la Jerusalén Ortodoxa Griega. Deja hijos, familia, hermanos, y por encima de todo, mucho amor.

Su madre, una dulce viejecita, insiste en que aún puede verlo. Tarde en la noche lee, a la luz combinada de una vela y una lámpara eléctrica. Está presente en su casa de madera, en el Cerro, entre aromas de rosas e incienso.


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