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DISIDENCIA
Con vergüenza y con valor
Juan González Febles
LA HABANA, Cuba - Mayo (www.cubanet.org) - Un
tiempo vendrá en que seremos libres. Cuando
llegue, será el momento de rendir tributo.
Habrá libros y se reconocerá el
mérito de los que se hicieron gigantes.
Entres los libros que trascenderán por
haber sido escritos con vergüenza, valor
y amor, quedará "Rehenes de Castro",
de Ernesto Díaz. Este cubano singular es
marino, poeta y guerrero.
Su libro es la crónica de los hombres
y los hombrecitos. Los primeros escribieron páginas
inolvidables de decoro y amor a la libertad. Los
segundos contribuyeron obedeciendo con vileza
órdenes criminales. "Rehenes de Castro"
es el libro de la infinita crueldad de la dictadura
militar de Fidel Castro. Un contrapunteo delirante
entre mandatos criminales, hombrecitos viles y
gigantes desarmados.
Los gigantes han trascendido. Los hombrecitos
continúan reptando incluso fuera de las
páginas de este libro. Algunos pasean sus
entorchados o tratan de vegetar buscando olvido
y anonimato. Del autor sabemos que está
al frente de Alpha 66. Esta organización
se convirtió en una referencia de leyenda
en la Isla. Los más odiados por los violentos.
Quizás porque hablan con mucha fluidez
el lenguaje de la pólvora.
En una isla convertida en prisión resulta
lógico que se cuente con una amplia gama
de obras literarias que toman como tema las cárceles.
El dolor se hace letra escrita. Pero "Rehenes
de Castro" ocupa un lugar muy especial. Pasar
a través de sus páginas hace doler
el corazón.
Uno siente que ama más a Cuba y a la libertad
luego de leer "Rehenes de Castro". Se
cumple la afirmación de Martí. No
es posible amar a Cuba y a su pueblo sin sentir
"un rencor eterno a quien la oprime".
El capítulo "Devorados por los tiburones"
-en mi opinión- es uno de los más
logrados. Pudiera ser el antecedente de la crueldad
irracional dirigida contra el elemento civil.
Un prólogo que explicaría por qué
fueron fusilados en 2003 tres hombres negros.
Es la prueba fehaciente del terror castrista contra
el pueblo desarmado.
La actualidad de este testimonio es avasalladora.
Su universalidad está dada por el carácter
universal del mal. Su mensaje está a la
altura de todas las culturas. Ernesto Díaz
consiguió mover las emociones y los sentimientos
de todos los hombres. El amor, el odio, la grandeza
y la vileza están presentes en cada uno.
Como también lo está la capacidad
humana y divina de hacer opciones.
Díaz optó por la resistencia tenaz
al mal. Más que un documento legado a la
historia, es el diario que a diario aún
vivimos en Cuba. El militar que le escupió
en el rostro su desprecio por el pueblo cubano
aún viste uniforme y entorchados. Se mantiene
en activo y está listo para seguir cumpliendo
órdenes criminales.
Diálogos como el descrito por Díaz
mantienen su actualidad. Sólo cambian los
interlocutores. La ignominia continúa.
Frente a ella los cubanos que aman a su patria.
Hombres enamorados de la libertad. El sueño
vivo de vivir en estado de derecho y democracia.
Como obra testimonial, "Rehenes de Castro"
es un homenaje de amor a los que no se rindieron.
Un canto lacerante a la libertad y una denuncia.
En otro orden de cosas, está vivo como
referencia y recordatorio. El horror debe terminar
y jamás debe repetirse.
El miedo temible
José Antonio Fornaris, Cuba Verdad
LA HABANA, mayo (www.cubanet.org) - Un día
de la pasada semana incursioné hasta la
barriada del Vedado, acompañado por un
abogado amigo, para visitar a un médico
a quien el gobierno había negado la posibilidad
de viajar a Estados Unidos para reunirse con su
padre, enfermo de cáncer, en sus últimos
momentos.
Dado lo cruel de la medida, se nos había
dicho que el médico estaba dispuesto a
hacer declaraciones, e incluso que tenía
pensado incorporarse a la oposición pacífica
interna.
Lo de la negativa de autorizarlo a viajar a Estados
Unidos era cierto. Él mismo nos contó
que con toda la documentación entregada
a través de la Cruz Roja Internacional,
y aún hablando personalmente con el ministro
del ramo, José Ramón Balaguer, a
quien interceptó en la planta baja del
Ministerio de Salud Pública, no le permitieron
viajar a Estados Unidos para ver a su padre a
punto de morir.
Supimos, además, que tanto él como
su esposa, ambos pediatras, tienen visa para ir
a residir a Estados Unidos desde hace más
de tres años, pero debido a su condición
de médicos el gobierno no les ha permitido
salir de Cuba.
Pero el interés de que nosotros los visitáramos
no era para hacer declaraciones denunciando la
arbitrariedad cometida en su caso, sino para ver
qué posibilidad teníamos de influir
en el gobierno de Cuba, específicamente
en el Ministerio de Salud Pública para
que autorizara la salida de ellos y sus dos hijas
hacia los Estados Unidos.
Realmente, nos estaban otorgando más poder,
en ese sentido, que el que tiene el gobierno estadounidense,
que ha planteado en numerosa ocasiones al régimen
de La Habana que permita salir a todos los cubanos
a quienes Washington les ha otorgado visa, sin
obtener resultados positivos.
Le respondimos a la pareja que lo único
que podíamos hacer era reproducir sus declaraciones
para que en muchos lugares del planeta se conociera
la violación de la que había sido
víctima él, al no permitírsele
ir a ver a su padre moribundo.
Eso no los convenció de nada, aunque la
lógica más elemental indicaba que
no había por qué convencerlos. La
doctora preguntó si ese método había
dado algún resultado en el caso de otros
médicos. Él, por su parte, se quedó
callado. Le respondimos que eso siempre era mejor
que no hacer nada, y que moralmente era una censura
para el gobierno, y que quizás eso los
ayudara a resolver la situación.
Evidentemente, la doctora pensaba diferente,
pues argumentó que eso podría traer
como consecuencia que nunca los dejaran salir
del país; que si no decían nada
seguramente cuando cumplieran los cinco años
de haber solicitado la salida de Cuba los dejarían
viajar.
Él, por su parte, que era quien había
recibido la brutal negativa, quizás porque
sentía un poco de vergüenza, dijo
que pensaría en la posibilidad de dar a
conocer el caso.
No es difícil percatarse de que tenían
mucho miedo, porque, ¿cuál puede
ser mayor represalia para un hombre que un gobierno
no le permita, por un burdo interés político,
acudir al lecho de muerte de su padre?
No he contado esto como testimonio de que en
Cuba hay dos personas más que son incapaces
de protestar ante sus derechos mancillados, sino
para recordar lo temible que es el miedo, y constatar
nuevamente que la exhortación de Juan Pablo
II, "no tengáis miedo", sigue
teniendo plena vigencia.
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