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HISTORIA
El caso Svetlana
Tania Díaz Castro
LA HABANA, Cuba Mayo (www.cubanet.org) - No hay
dudas de que la causa fundamental del derrumbe
del campo socialista fue la falta de libertad.
El "caso Svetlana", que les propongo
conocer hoy, nos obliga a preguntarnos si los
hijos de Andropov, Chernenko, Gorbachev y Yeltsin
se ven en la necesidad de pedir permiso al gobierno
ruso para viajar dentro o fuera de su país,
como le ocurrió a Svetlana Alilueva, la
hija de José Stalin.
Se trata de una historia con mucho de surrealismo,
algo que en la democracia no se conoce y en Cuba
es un hecho cotidiano.
En 1967 se reunió el Buró Político
del Partido Comunista de la Unión Soviética
para analizar -no por primera vez seguramente-
el "caso Svetlana", quien, para sorpresa
del gobierno, había escapado a occidente.
Con el fin de liberarse del socialismo de línea
dura de su padre, Svetlana pudo viajar ese año
a Nueva Delhi para asistir a los funerales de
un indio íntimo amigo suyo. De allí
saltó a Londres donde pidió asilo
político y publicó sus memorias,
enjuiciando muy severamente la personalidad de
su progenitor. Al cabo de quince años Svetlana
sintió nostalgia por su patria.
Para regresar a Moscú debía tener
un permiso del Kremlin, a donde envió varias
cartas exponiendo sus razones.
El 13 de septiembre de 1982 se reunió
el Buró Político, presidido por
Konstantin Chernenko para analizar de nuevo el
caso de Svetlana a través de sus cartas,
a través de las cuales expuso su necesidad
de regresar a la URSS. Tenía mucho interés
que su hija conociera Georgia, la tierra natal
de su abuelo. Pero sobre todo, estabilizar su
vida. Svetlana se había casado cinco veces
legalmente. Estaba cansada de cambiar de país
y de continente.
"Mi hija crece -escribió- y no conoce
su patria".
Seis meses después, en marzo de 1983,
la hija de Stalin llegaba a Moscú, donde
fue acogida con los brazos abiertos por la nomenklantura
soviética. Recibió una buena casa,
una pensión, trabajo y se nombró
a Shevardnadze para que velara porque nada le
faltara.
Al año siguiente, de nuevo fue analizado
el "caso Svetlana" en el Buró
Político. Solicitaba, esta vez a Mijail
Gorbachev que le permitiera salir de Moscú.
Él dio lectura a la carta: "No me
siento bien. Moscú no me gusta. No me lo
había imaginado así. Quiero vivir
en Georgia, el terruño de mi padre, poner
a mi hija en contacto con sus paisajes, con su
gente". Era una triste misiva, según
el líder comunista.
El Buró Político aprobó
su petición y Svetlana fue a residir a
Tbisili donde "se sentía satisfecha
y reanimada", según se expuso en otra
reunión. Su hija estudiaba en una escuela
y tenía buenos amigos.
El 3 de abril de 1986 volvió a plantearse
el "caso Svetlana" en una reunión
del Kremlin. Había dirigido una carta al
Primer Secretario pidiéndole permiso para
salir definitivamente del país. Confrontaba
estados depresivos. Tenía conflictos con
su hija, a quien reprochaba que se hubiera adaptado
fácilmente a Georgia, tan diferente a Inglaterra
y Estados Unidos. Conclusión: necesitaba
marcharse de la Unión Soviética.
La carta se leyó delante de todos los
miembros del Buró Político. En ella
Svetlana expuso que se había equivocado,
que la decisión de regresar a la URSS había
sido tomada de forma precipitada, que no podía
vivir más tiempo ni en Georgia ni en Moscú.
Temía que se pusiera peor su estado de
ánimo.
Aquel mismo día el Consejo de Ministros
llegó al consenso de no poner ningún
obstáculo a la petición de la hija
de Stalin. "Si Alilueva desea irse, que lo
haga". Encabezó la lista de firmas
Mijail Gorbachev.
A los pocos días Svetlana marchó
a occidente para siempre.
Toda la información ofrecida en este trabajo
fue extraída del libro "Mi verdad",
de Vitali I. Vorotnikov, impreso en Cuba por la
Editora Abril en 1995.
Consta de notas y reflexiones de su diario de
trabajo entre 1982 y 1991, cuando ocupó
el cargo de presidente del Consejo de Ministros.
"Una crónica sui géneris de
la perestroika", como lo llama.
Consultar este libro en Cuba es muy difícil,
ya que no aparece siquiera en el catálogo
de la Biblioteca Nacional José Martí.
El ejemplar que poseo llegó a mis manos
de puro milagro.
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