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POLITICA
Los amnésicos
María Elena Alpízar Ariosa,
Grupo Decoro
PLACETAS, Cuba - Mayo (www.cubanet.org) - Después
de la inusual comunión de las autoridades
castristas con la Iglesia Católica, primero,
al permitir la alocución televisiva del
cardenal cubano Jaime Ortega Alamino en los momentos
que agonizaba el Santo Padre Juan Pablo II; y
luego con el riguroso luto que guardaron por su
muerte, parecía que el régimen cubano
se aprestaba a seguir los preceptos cristianos
del amor y el perdón.
Pero con la reapertura del caso Luis Posada Carriles,
en el que se acusa a los Estados Unidos de darle
abrigo en su territorio, no sólo olvidaron
estos preceptos al azuzar un odio dormido más
que una imparcial justicia, sino que también
olvidaron la cita evangélica: "¿Y
por qué miras la paja que está en
el ojo de tu hermano y no echas de ver la viga
que está en tu propio ojo? ¡Hipócrita!,
saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces
verás bien para sacar la paja del ojo de
tu hermano". Mateo, capítulo 7
A las autoridades castristas se les han olvidado
una serie de acciones violentas acontecidas en
Cuba y fomentadas por ellas mismas, que implementaron
el terror en la década de los años
cincuenta, dando al traste con la otra dictadura,
la de Fulgencio Batista.
Quizás las autoridades del régimen
de La Habana -con tantos olvidos- padezcan de
algún serio problema que les afecte la
memoria. Tal vez sufran de amnesia parcial.
Sería recomendable que alguien, aunque
no sea un profesional del giro, les diera alguna
psicoterapia para que recuerden ciertos personajes
o sucesos, como por ejemplo: Luis Posada Carriles
-hoy un repudiable terrorista según el
régimen cubano- fue miembro connotado de
una de las células de acción y sabotaje
del Movimiento 26 de Julio en Cienfuegos, su ciudad
natal.
En la Cuba de aquel entonces imperaba el terror
entre la población gracias a las acciones
de los comandos de acción y sabotaje del
Movimiento 26 de Julio, organización que
fue creada y dirigida por quienes ostentan el
poder en la Cuba actual.
Entre las acciones más renombradas de
los comandos terroristas del 26 de Julio se encuentra
la terrible noche del 8 de noviembre de 1957 en
La Habana, conocida como "la noche de las
100 bombas", las cuales fueron colocadas
en los más concurridos centros nocturnos
habaneros de la época y en las paradas
de ómnibus con mayor afluencia de público.
Según el líder disidente Vladimiro
Roca Antúnez, los militantes del Movimiento
26 de Julio justificaron la colocación
de bombas y petardos explosivos en esos lugares,
manifestando que "los habaneros tenían
que permanecer en sus casas, pues no podían
estar divirtiéndose mientras que en la
Sierra Maestra se estaba peleando". Así
se lo dijeron a Roca Antúnez dos de estos
instaladores de bombas, cuyos seudónimos
eran Titi y Fabio.
Por cierto, la memoria de Sergio González,
"El curita", quien fue jefe de acción
y sabotaje del 26 de Julio en La Habana, es venerada
en la Cuba de Castro, pues su casa natal fue convertida
en museo. Además, un parque público
y un central azucarero llevan su nombre.
Asimismo, muchos de estos terroristas que encontraron
la muerte entre sus propias manos, en el instante
que colocaban los artefactos explosivos, han pasado
a la historia como mártires de la revolución
castrista.
Se pueden mencionar, entre otros, a Urselia Díaz
Báez, "Chiqui" Lubián
y Julio Pino Machado.
Desde los inicios del triunfo de la revolución
se le dio cobija en nuestro país a cuanto
terrorista andaba suelto por el mundo. También
recibieron clases para subvertir el orden por
medio del terrorismo y se les brindó una
de las logísticas más avanzadas
de aquella época.
Entre los beneficiarios se encontraban los militantes
de ETA (separatistas vascos), IRA (nacionalistas
de Irlanda del Norte), Brigadas Rojas (Italia),
así como a terroristas de África,
Asia y América Latina. Hasta los miembros
de células beligerantes comunistas de Estados
Unidos, o fugitivos de ese país por acciones
violentas encontraron resguardo y ayuda de los
castristas.
Por los años 70 el régimen de Castro,
ante los ojos de niños y adolescentes cubanos,
enalteció a un grupo de terroristas de
aquellos tiempos, en un programa televisivo de
aventuras que transmitió una serie llamada
"Los comandos del silencio". La serie
describía las "hazañas"
de los tupamaros, organización terrorista
de Uruguay que desde 1965 inició una oleada
de sabotajes a empresas y lugares públicos,
secuestros con peticiones de cuantiosos rescates
y asesinatos políticos.
Todas estas acciones violentas que sembraron
el terror en el país sudamericano recibieron
la colaboración del régimen de La
Habana, el cual les preparó una red logística
internacional que les facilitó contactos,
transporte y santuarios.
Sería interminable y hasta tedioso enumerar
en un trabajo periodístico todas las acciones
terroristas acontecidas en el mundo en las que
la Cuba castrista participó de una forma
u otra.
A mi mente viene un dicho de mi difunta abuela
paterna que decía: "Hay gente que
tiene buena memoria para lo que le conviene, pero
muy mala memoria para lo que no le conviene".
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