PRENSA INDEPENDIENTE
Mayo 5, 2005
 

POLITICA
Los amnésicos

María Elena Alpízar Ariosa, Grupo Decoro

PLACETAS, Cuba - Mayo (www.cubanet.org) - Después de la inusual comunión de las autoridades castristas con la Iglesia Católica, primero, al permitir la alocución televisiva del cardenal cubano Jaime Ortega Alamino en los momentos que agonizaba el Santo Padre Juan Pablo II; y luego con el riguroso luto que guardaron por su muerte, parecía que el régimen cubano se aprestaba a seguir los preceptos cristianos del amor y el perdón.

Pero con la reapertura del caso Luis Posada Carriles, en el que se acusa a los Estados Unidos de darle abrigo en su territorio, no sólo olvidaron estos preceptos al azuzar un odio dormido más que una imparcial justicia, sino que también olvidaron la cita evangélica: "¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano". Mateo, capítulo 7

A las autoridades castristas se les han olvidado una serie de acciones violentas acontecidas en Cuba y fomentadas por ellas mismas, que implementaron el terror en la década de los años cincuenta, dando al traste con la otra dictadura, la de Fulgencio Batista.

Quizás las autoridades del régimen de La Habana -con tantos olvidos- padezcan de algún serio problema que les afecte la memoria. Tal vez sufran de amnesia parcial.

Sería recomendable que alguien, aunque no sea un profesional del giro, les diera alguna psicoterapia para que recuerden ciertos personajes o sucesos, como por ejemplo: Luis Posada Carriles -hoy un repudiable terrorista según el régimen cubano- fue miembro connotado de una de las células de acción y sabotaje del Movimiento 26 de Julio en Cienfuegos, su ciudad natal.

En la Cuba de aquel entonces imperaba el terror entre la población gracias a las acciones de los comandos de acción y sabotaje del Movimiento 26 de Julio, organización que fue creada y dirigida por quienes ostentan el poder en la Cuba actual.

Entre las acciones más renombradas de los comandos terroristas del 26 de Julio se encuentra la terrible noche del 8 de noviembre de 1957 en La Habana, conocida como "la noche de las 100 bombas", las cuales fueron colocadas en los más concurridos centros nocturnos habaneros de la época y en las paradas de ómnibus con mayor afluencia de público.

Según el líder disidente Vladimiro Roca Antúnez, los militantes del Movimiento 26 de Julio justificaron la colocación de bombas y petardos explosivos en esos lugares, manifestando que "los habaneros tenían que permanecer en sus casas, pues no podían estar divirtiéndose mientras que en la Sierra Maestra se estaba peleando". Así se lo dijeron a Roca Antúnez dos de estos instaladores de bombas, cuyos seudónimos eran Titi y Fabio.

Por cierto, la memoria de Sergio González, "El curita", quien fue jefe de acción y sabotaje del 26 de Julio en La Habana, es venerada en la Cuba de Castro, pues su casa natal fue convertida en museo. Además, un parque público y un central azucarero llevan su nombre.

Asimismo, muchos de estos terroristas que encontraron la muerte entre sus propias manos, en el instante que colocaban los artefactos explosivos, han pasado a la historia como mártires de la revolución castrista.

Se pueden mencionar, entre otros, a Urselia Díaz Báez, "Chiqui" Lubián y Julio Pino Machado.

Desde los inicios del triunfo de la revolución se le dio cobija en nuestro país a cuanto terrorista andaba suelto por el mundo. También recibieron clases para subvertir el orden por medio del terrorismo y se les brindó una de las logísticas más avanzadas de aquella época.

Entre los beneficiarios se encontraban los militantes de ETA (separatistas vascos), IRA (nacionalistas de Irlanda del Norte), Brigadas Rojas (Italia), así como a terroristas de África, Asia y América Latina. Hasta los miembros de células beligerantes comunistas de Estados Unidos, o fugitivos de ese país por acciones violentas encontraron resguardo y ayuda de los castristas.

Por los años 70 el régimen de Castro, ante los ojos de niños y adolescentes cubanos, enalteció a un grupo de terroristas de aquellos tiempos, en un programa televisivo de aventuras que transmitió una serie llamada "Los comandos del silencio". La serie describía las "hazañas" de los tupamaros, organización terrorista de Uruguay que desde 1965 inició una oleada de sabotajes a empresas y lugares públicos, secuestros con peticiones de cuantiosos rescates y asesinatos políticos.

Todas estas acciones violentas que sembraron el terror en el país sudamericano recibieron la colaboración del régimen de La Habana, el cual les preparó una red logística internacional que les facilitó contactos, transporte y santuarios.

Sería interminable y hasta tedioso enumerar en un trabajo periodístico todas las acciones terroristas acontecidas en el mundo en las que la Cuba castrista participó de una forma u otra.

A mi mente viene un dicho de mi difunta abuela paterna que decía: "Hay gente que tiene buena memoria para lo que le conviene, pero muy mala memoria para lo que no le conviene".


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