PRENSA INDEPENDIENTE
Mayo 4, 2005
 

OLA REPRESIVA
"Yo debí ser el último en salir de la cárcel": Margarito Broche (II)

José Moreno Cruz, Cubanacán Press

SANTA CLARA, Cuba - Mayo (www.cubanet.org) - Margarito Broche Espinosa sufrió en el presidio un preinfarto y cuatro días después un infarto al miocardio que lo puso al borde de la muerte. Sobre ese particular habla con extrema cautela, como recordando cada detalle.

Todo se desencadenó un día de lluvia. "El día del aguacero en Guanajay fue el 31 de julio. Yo me encontraba haciendo una desobediencia civil en protesta por las formas represivas que estaba utilizando el capitán Omar de la Seguridad del Estado contra Efrén Fernández, José Luis González Tanquero y conmigo. Todos los días era una cosa distinta. Ya llevaba casi cuatro meses sin pelarme y casi uno sin afeitarme".

Recuerda que Tanquero estaba allí operado y dado de alta a las 30 horas de haber sido intervenido quirúrgicamente, cuando el oficial de guardia le dijo que recogiera sus cosas para ser llevado a un destacamento. "Cuando lo vi estaba casi deshidratado, escupiendo buches de sangre. Las condiciones higiénico-sanitarias de la prisión provocaron que cogiera una infección enorme. No le daban la debida atención médica. Él se negó a ir al puesto médico porque lo llevaban esposado de pies y manos, cosa contraproducente porque a los comunes no los llevaban así. Allí adquirió 'otitis', que ha deteriorado su salud paulatinamente a pesar de su juventud y fortaleza".

Recuerda que aquel día le restringieron el tiempo del teléfono y lo sacaron bajo la lluvia esposado de pies y manos. Con mucho esfuerzo, a duras penas caminó casi 270 metros bajo el aguacero. "No pasé de la desobediencia a la resistencia porque tendría que forcejear con ellos o tirarme en el piso y sabía que ellos tenían órdenes de golpearme y temía lastimarme la hernia discal".

Con broncestacia y todo tuvo que salir al patio para caminar y mojarse. Aquel día habían fumigado en la prisión y Efrén también estaba plantado. Además de las arbitrariedades cometidas contra Tanquero hacía 14 días que no los sacaban al sol. "El sufrimiento y la represión de los esbirros autorizados por los oficiales de la Sección 21, más la impotencia, me provocaron el principio de infarto y a los cuatro días después el infarto".

Cree que demoró unas dos horas en llegar al hospital civil de Guanajay después del principio de infarto. Allí recibió los primeros auxilios y después lo trasladaron para el hospital La Covadonga en Ciudad Habana. Llegó al hospital a la 1 de la mañana. Ingresado en la sala de terapia estuvo ocho días, pero la presencia de la prensa extranjera y de los opositores en las inmediaciones de la instalación de salud capitalina, fue la causa de que la Seguridad lo llevara para el hospital del Combinado del Este. "Eso no lo podían hacer. Los médicos saben que violaron conmigo los pasos que necesita un infartado. Perdí el conocimiento, casi me muero, aunque no sé los detalles, porque desconozco lo que dice a ciencia cierta mi historia clínica".

En el Combinado le quitaban el aire acondicionado. Estuvo a punto de asfixiarse, por lo que casi se ve obligado a romper los cristales de la sala. Tuvo que protestar para exigir sus derechos, hasta que lo movieron para donde estaban sus hermanos de causa Marcelo López, Edel José García, Oscar Espinosa Chepe y Pedro Pablo Ramos. "Allí mejoré porque al menos estaba entre los míos".

Después vino una visita de oficiales de las FAR con el Ministro del Interior y otros Generales. Fue cuando pasaron a Marcelo para un destacamento y Margarito es llevado para la sala de penados de la Covadonga. Dice que a los 15 días conoció al jefe de la sala y de la doctora no supo cuál era su cara hasta varias semanas después.

Los guardias eran quienes le entregaban los medicamentos, lo que quiere decir que la atención médica era pésima y no tenía horario ni dosis fijas para el tratamiento. A veces le proporcionaban media tableta de algún fármaco y otras veces le daban varias juntas. Además no tenía sus pertenencias porque las custodiaba el oficial de guardia. "Me obligaron a exigir lo que me correspondía. Les grité esbirros y asesinos".

Al oficial Jorge, más conocido como El Nazi, le dijo varias veces que planeaban asesinarlo lentamente. En una ocasión a su familia quisieron sacarla a los 55 minutos después de comenzada la visita. "Ellos se negaron a salir hasta transcurridas las dos horas. Eso me dio más coraje".

A los 15 días es trasladado para la sala de penados del hospital Celestino Hernández Rubau de Santa Clara, más conocido como el Hospital Viejo, donde recibió un trato diferente porque parece que ya sabían lo de la licencia extrapenal. "Me sobrealimentaron por lo que aumenté de peso rápidamente". Esposado en un carro de patrulla y junto a Augusto Villareal Acosta fue trasladado nuevamente para el Hospital del Nacional de Reclusos del Combinado del Este.

Recogieron a Jorge Olivera y a Guido Sigler Amaya en la cárcel de Agüica, quienes fueron en otro auto policial. "Me sentía mal y me dieron un paseo por un zoológico de la prisión". Como al resto de su causa durante tres días los sometieron a un riguroso chequeo médico, hasta que recibió la libertad extrapenal.

La llegada a Caibarién la califica como "horrible". Había más de 50 personas esperándolo entre vecinos, amigos y miembros de la disidencia. Llegó después de las 4 de la tarde, pero ya la Seguridad había estado en su casa para informarle a su madre que llegaría después de las 6, con el objetivo de que la gente se dispersara. Ellos sin embargo no se fueron, incluso los que habían llegado por la mañana. Después del arribo la casa no se vació ni un segundo durante varios días.

"A la semana regresé a Ciudad Habana para participar con Las Damas de Blanco en las actividades por el 10 de diciembre, Día Internacional de los Derechos Humanos. Fui a la misa de la iglesia de Santa Rita, visité a algunos hermanos de la oposición y de regreso participé el día 14 en una actividad del Movimiento Cubano Reflexión en Camajuaní, que celebraba su décimo aniversario, mientras su secretario general, Librado Linares García, cumple 20 años de presidio político.

"No he parado de trabajar. Creo que estoy trabajando demasiado para mi estado de salud, pero no tengo miedo. Cuando quieran me pueden encarcelar de nuevo. Reconozco que de las licencia extrapenales concedidas, yo soy el más delicado de salud".

Él está convencido que si lo regresan a la cárcel, el mundo conocerá una vez más las injusticias y represiones que gobernante cubano comete contra su pueblo por afán de poder.

Apenas sin pensarlo enfatiza: "Yo estoy en la mejor disposición de servirle a la Revolución Cubana, al Estado y a Fidel Castro, donde más daño le pueda hacer".

Este es Margarito Broche Espinosa, jocoso, natural, cubano, líder natural de la Asociación Nacional de Balseros "Paz, Democracia y Libertad", ahora inmerso en un mar de proyectos a pesar de su deteriorado estado de salud que le provoca estar encamado la mayor parte del tiempo.

"Yo debí ser el último en salir de la cárcel": Margarito Broche (I)


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