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OLA
REPRESIVA
"Yo debí ser el último en salir de la cárcel":
Margarito Broche (II)
José Moreno Cruz, Cubanacán
Press
SANTA CLARA, Cuba - Mayo (www.cubanet.org) -
Margarito Broche Espinosa sufrió en el
presidio un preinfarto y cuatro días después
un infarto al miocardio que lo puso al borde de
la muerte. Sobre ese particular habla con extrema
cautela, como recordando cada detalle.
Todo se desencadenó un día de lluvia.
"El día del aguacero en Guanajay fue
el 31 de julio. Yo me encontraba haciendo una
desobediencia civil en protesta por las formas
represivas que estaba utilizando el capitán
Omar de la Seguridad del Estado contra Efrén
Fernández, José Luis González
Tanquero y conmigo. Todos los días era
una cosa distinta. Ya llevaba casi cuatro meses
sin pelarme y casi uno sin afeitarme".
Recuerda que Tanquero estaba allí operado
y dado de alta a las 30 horas de haber sido intervenido
quirúrgicamente, cuando el oficial de guardia
le dijo que recogiera sus cosas para ser llevado
a un destacamento. "Cuando lo vi estaba casi
deshidratado, escupiendo buches de sangre. Las
condiciones higiénico-sanitarias de la
prisión provocaron que cogiera una infección
enorme. No le daban la debida atención
médica. Él se negó a ir al
puesto médico porque lo llevaban esposado
de pies y manos, cosa contraproducente porque
a los comunes no los llevaban así. Allí
adquirió 'otitis', que ha deteriorado su
salud paulatinamente a pesar de su juventud y
fortaleza".
Recuerda que aquel día le restringieron
el tiempo del teléfono y lo sacaron bajo
la lluvia esposado de pies y manos. Con mucho
esfuerzo, a duras penas caminó casi 270
metros bajo el aguacero. "No pasé
de la desobediencia a la resistencia porque tendría
que forcejear con ellos o tirarme en el piso y
sabía que ellos tenían órdenes
de golpearme y temía lastimarme la hernia
discal".
Con broncestacia y todo tuvo que salir al patio
para caminar y mojarse. Aquel día habían
fumigado en la prisión y Efrén también
estaba plantado. Además de las arbitrariedades
cometidas contra Tanquero hacía 14 días
que no los sacaban al sol. "El sufrimiento
y la represión de los esbirros autorizados
por los oficiales de la Sección 21, más
la impotencia, me provocaron el principio de infarto
y a los cuatro días después el infarto".
Cree que demoró unas dos horas en llegar
al hospital civil de Guanajay después del
principio de infarto. Allí recibió
los primeros auxilios y después lo trasladaron
para el hospital La Covadonga en Ciudad Habana.
Llegó al hospital a la 1 de la mañana.
Ingresado en la sala de terapia estuvo ocho días,
pero la presencia de la prensa extranjera y de
los opositores en las inmediaciones de la instalación
de salud capitalina, fue la causa de que la Seguridad
lo llevara para el hospital del Combinado del
Este. "Eso no lo podían hacer. Los
médicos saben que violaron conmigo los
pasos que necesita un infartado. Perdí
el conocimiento, casi me muero, aunque no sé
los detalles, porque desconozco lo que dice a
ciencia cierta mi historia clínica".
En el Combinado le quitaban el aire acondicionado.
Estuvo a punto de asfixiarse, por lo que casi
se ve obligado a romper los cristales de la sala.
Tuvo que protestar para exigir sus derechos, hasta
que lo movieron para donde estaban sus hermanos
de causa Marcelo López, Edel José
García, Oscar Espinosa Chepe y Pedro Pablo
Ramos. "Allí mejoré porque
al menos estaba entre los míos".
Después vino una visita de oficiales de
las FAR con el Ministro del Interior y otros Generales.
Fue cuando pasaron a Marcelo para un destacamento
y Margarito es llevado para la sala de penados
de la Covadonga. Dice que a los 15 días
conoció al jefe de la sala y de la doctora
no supo cuál era su cara hasta varias semanas
después.
Los guardias eran quienes le entregaban los medicamentos,
lo que quiere decir que la atención médica
era pésima y no tenía horario ni
dosis fijas para el tratamiento. A veces le proporcionaban
media tableta de algún fármaco y
otras veces le daban varias juntas. Además
no tenía sus pertenencias porque las custodiaba
el oficial de guardia. "Me obligaron a exigir
lo que me correspondía. Les grité
esbirros y asesinos".
Al oficial Jorge, más conocido como El
Nazi, le dijo varias veces que planeaban asesinarlo
lentamente. En una ocasión a su familia
quisieron sacarla a los 55 minutos después
de comenzada la visita. "Ellos se negaron
a salir hasta transcurridas las dos horas. Eso
me dio más coraje".
A los 15 días es trasladado para la sala
de penados del hospital Celestino Hernández
Rubau de Santa Clara, más conocido como
el Hospital Viejo, donde recibió un trato
diferente porque parece que ya sabían lo
de la licencia extrapenal. "Me sobrealimentaron
por lo que aumenté de peso rápidamente".
Esposado en un carro de patrulla y junto a Augusto
Villareal Acosta fue trasladado nuevamente para
el Hospital del Nacional de Reclusos del Combinado
del Este.
Recogieron a Jorge Olivera y a Guido Sigler Amaya
en la cárcel de Agüica, quienes fueron
en otro auto policial. "Me sentía
mal y me dieron un paseo por un zoológico
de la prisión". Como al resto de su
causa durante tres días los sometieron
a un riguroso chequeo médico, hasta que
recibió la libertad extrapenal.
La llegada a Caibarién la califica como
"horrible". Había más
de 50 personas esperándolo entre vecinos,
amigos y miembros de la disidencia. Llegó
después de las 4 de la tarde, pero ya la
Seguridad había estado en su casa para
informarle a su madre que llegaría después
de las 6, con el objetivo de que la gente se dispersara.
Ellos sin embargo no se fueron, incluso los que
habían llegado por la mañana. Después
del arribo la casa no se vació ni un segundo
durante varios días.
"A la semana regresé a Ciudad Habana
para participar con Las Damas de Blanco en las
actividades por el 10 de diciembre, Día
Internacional de los Derechos Humanos. Fui a la
misa de la iglesia de Santa Rita, visité
a algunos hermanos de la oposición y de
regreso participé el día 14 en una
actividad del Movimiento Cubano Reflexión
en Camajuaní, que celebraba su décimo
aniversario, mientras su secretario general, Librado
Linares García, cumple 20 años de
presidio político.
"No he parado de trabajar. Creo que estoy
trabajando demasiado para mi estado de salud,
pero no tengo miedo. Cuando quieran me pueden
encarcelar de nuevo. Reconozco que de las licencia
extrapenales concedidas, yo soy el más
delicado de salud".
Él está convencido que si lo regresan
a la cárcel, el mundo conocerá una
vez más las injusticias y represiones que
gobernante cubano comete contra su pueblo por
afán de poder.
Apenas sin pensarlo enfatiza: "Yo estoy
en la mejor disposición de servirle a la
Revolución Cubana, al Estado y a Fidel
Castro, donde más daño le pueda
hacer".
Este es Margarito Broche Espinosa, jocoso, natural,
cubano, líder natural de la Asociación
Nacional de Balseros "Paz, Democracia y Libertad",
ahora inmerso en un mar de proyectos a pesar de
su deteriorado estado de salud que le provoca
estar encamado la mayor parte del tiempo.
"Yo
debí ser el último en salir de la cárcel": Margarito
Broche (I)
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