PRENSA INDEPENDIENTE
Mayo 4, 2005
 

CORRUPCION
Batalla de ideales

Rafael Ferro Salas, Abdala Press

PINAR DEL RÍO, Cuba - Mayo (www.cubanet.org) - Alcancé a escuchar la frase del viejo que leía el periódico: "Hoy le han robado a todo el mundo en ese mercado. Cada vez que alguien ha comprado algo va a la bodega de al lado para comprobar lo que le han vendido".

Me di cuenta de lo dicho por el viejo del periódico. Esto sucedió en un mercado de productos liberados del distrito Hermanos Cruz, a dos kilómetros de la ciudad de Pinar del Río, lugar donde resido.

Estos mercados pertenecen a una cadena nacional llamada "IDEAL". Este cronista considera que no hay nada de ideal en estos lugares de ventas, a juzgar por las opiniones populares.

Mi escepticismo se afianzó esa mañana. Una joven salió de la bodega después de comprobar el peso de lo que en el mercado le habían vendido. La vi dirigirse a la mujer que efectuaba las ventas de productos en el mercado: "A esto le falta una libra de peso, compañera. Todo el mundo se ha quejado hoy por la falta de peso en las ventas. Ustedes deben tener más cuidado con eso. Están afectando el dinero de las personas que trabajamos".

La dependienta se encogió de hombros. Al parecer todo acabaría en eso. De repente apareció la administradora del mercado. "Los que tienen que tener cuidado son ustedes los clientes. Apréndanse las medidas en la pesa y verán que nadie les roba".

Hubo una exclamación general de asombro en el lugar. Comentarios de inconformidad que fueron subiendo de tono. Un mulato alzó la voz y gritó para que todo el mundo lo oyera: "En estos mercados están robando todos. Desde los administradores hasta los dependientes. Esto es una falta de respeto al pueblo".

La administradora se retiró con total indiferencia hacia las oficinas. La muchacha que reclamaba se fue indefensa y humillada. Yo me di cuenta de que podía averiguar más y fui hasta donde el viejo del periódico.

- ¿Vio eso, viejo?

- Claro que lo vi. No soy ciego. Eso pasa aquí todos los días. Y no has visto nada todavía.

- ¿Hay más?

- Quédate y verás llegar un camión grande. Tiene un letrero a cada lado que dice: BATALLA DE IDEAS. MERIENDA ESCOLAR. De merienda escolar nada. Los tipos que andan en los camiones desvían parte de esa merienda y en arreglo con los administradores de los mercados se la venden a la población a sobreprecio ¿Qué te parece?

El viejo sonrió con ironía.

- Batalla de ideas un tarro. Lo que hay es una batalla entre administradores de mercados IDEALES para ver quien le roba más al pueblo.

- Yo vi cómo la gorda administradora le respondió a la muchacha que reclamaba lo robado en la pesa. No le dio una explicación adecuada a la cliente, ¿verdad? - le dije al viejo.

- Esa gorda no le da explicaciones a nadie, m'ijo. La hermana de esa gorda es la jefa nacional de los mercados IDEALES. El marido de esa gorda es chofer de camión y contacta a los otros camioneros para que entren a este mercado a dejar lo que se roban de los niños en las escuelas.

Hablaba con el viejo cuando vi llegar el camión grande con los letreros alegóricos a la BATALLA DE IDEAS. Es un modelo ZIL V-8 fabricado en la antigua Unión Soviética. El chofer abrazó contento a la administradora y entraron en las oficinas.

Miré al viejo. Fue una mirada para que siguiera hablando. Dio resultado.

- Ahora cuadran allá dentro en la oficina los precios de venta y se dividen las ganancias. El pueblo es quien paga para que estos tipos vivan mejor. Ni aumentándole el salario cien veces a la gente que trabaja se resuelve esto, m'ijo.

Me habló como habla alguien que se siente vencido, derrotado. Sentí pena por el viejo, también por la muchacha que hacia un rato se había marchado humillada; sentí pena por todos y por mí, porque al fin y al cabo soy parte de ellos también.

Empezaron a bajar la mercancía del camión. Eran bolsas de galletas dulces, de yogur y otros productos. En el mismo instante que bajaban la mercancía pasaron unos niños por el lugar. Regresaban de la escuela. Miraron los paquetes de galletas con entusiasmo. El viejo y yo nos miramos sin hablar.

Lo vi alejarse con paso cansado. Me quedé sentado allí un rato largo. Miraba el ir y venir de la gente; entradas y salidas al mercado. Me sentí mal por las cosas que supe y vi ese día.


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