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CORRUPCION
Batalla
de ideales
Rafael Ferro Salas, Abdala Press
PINAR DEL RÍO, Cuba - Mayo (www.cubanet.org)
- Alcancé a escuchar la frase del viejo
que leía el periódico: "Hoy
le han robado a todo el mundo en ese mercado.
Cada vez que alguien ha comprado algo va a la
bodega de al lado para comprobar lo que le han
vendido".
Me di cuenta de lo dicho por el viejo del periódico.
Esto sucedió en un mercado de productos
liberados del distrito Hermanos Cruz, a dos kilómetros
de la ciudad de Pinar del Río, lugar donde
resido.
Estos mercados pertenecen a una cadena nacional
llamada "IDEAL". Este cronista considera
que no hay nada de ideal en estos lugares de ventas,
a juzgar por las opiniones populares.
Mi escepticismo se afianzó esa mañana.
Una joven salió de la bodega después
de comprobar el peso de lo que en el mercado le
habían vendido. La vi dirigirse a la mujer
que efectuaba las ventas de productos en el mercado:
"A esto le falta una libra de peso, compañera.
Todo el mundo se ha quejado hoy por la falta de
peso en las ventas. Ustedes deben tener más
cuidado con eso. Están afectando el dinero
de las personas que trabajamos".
La dependienta se encogió de hombros.
Al parecer todo acabaría en eso. De repente
apareció la administradora del mercado.
"Los que tienen que tener cuidado son ustedes
los clientes. Apréndanse las medidas en
la pesa y verán que nadie les roba".
Hubo una exclamación general de asombro
en el lugar. Comentarios de inconformidad que
fueron subiendo de tono. Un mulato alzó
la voz y gritó para que todo el mundo lo
oyera: "En estos mercados están robando
todos. Desde los administradores hasta los dependientes.
Esto es una falta de respeto al pueblo".
La administradora se retiró con total
indiferencia hacia las oficinas. La muchacha que
reclamaba se fue indefensa y humillada. Yo me
di cuenta de que podía averiguar más
y fui hasta donde el viejo del periódico.
- ¿Vio eso, viejo?
- Claro que lo vi. No soy ciego. Eso pasa aquí
todos los días. Y no has visto nada todavía.
- ¿Hay más?
- Quédate y verás llegar un camión
grande. Tiene un letrero a cada lado que dice:
BATALLA DE IDEAS. MERIENDA ESCOLAR. De merienda
escolar nada. Los tipos que andan en los camiones
desvían parte de esa merienda y en arreglo
con los administradores de los mercados se la
venden a la población a sobreprecio ¿Qué
te parece?
El viejo sonrió con ironía.
- Batalla de ideas un tarro. Lo que hay es una
batalla entre administradores de mercados IDEALES
para ver quien le roba más al pueblo.
- Yo vi cómo la gorda administradora le
respondió a la muchacha que reclamaba lo
robado en la pesa. No le dio una explicación
adecuada a la cliente, ¿verdad? - le dije
al viejo.
- Esa gorda no le da explicaciones a nadie, m'ijo.
La hermana de esa gorda es la jefa nacional de
los mercados IDEALES. El marido de esa gorda es
chofer de camión y contacta a los otros
camioneros para que entren a este mercado a dejar
lo que se roban de los niños en las escuelas.
Hablaba con el viejo cuando vi llegar el camión
grande con los letreros alegóricos a la
BATALLA DE IDEAS. Es un modelo ZIL V-8 fabricado
en la antigua Unión Soviética. El
chofer abrazó contento a la administradora
y entraron en las oficinas.
Miré al viejo. Fue una mirada para que
siguiera hablando. Dio resultado.
- Ahora cuadran allá dentro en la oficina
los precios de venta y se dividen las ganancias.
El pueblo es quien paga para que estos tipos vivan
mejor. Ni aumentándole el salario cien
veces a la gente que trabaja se resuelve esto,
m'ijo.
Me habló como habla alguien que se siente
vencido, derrotado. Sentí pena por el viejo,
también por la muchacha que hacia un rato
se había marchado humillada; sentí
pena por todos y por mí, porque al fin
y al cabo soy parte de ellos también.
Empezaron a bajar la mercancía del camión.
Eran bolsas de galletas dulces, de yogur y otros
productos. En el mismo instante que bajaban la
mercancía pasaron unos niños por
el lugar. Regresaban de la escuela. Miraron los
paquetes de galletas con entusiasmo. El viejo
y yo nos miramos sin hablar.
Lo vi alejarse con paso cansado. Me quedé
sentado allí un rato largo. Miraba el ir
y venir de la gente; entradas y salidas al mercado.
Me sentí mal por las cosas que supe y vi
ese día.
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