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SOCIEDAD
Innecesarios
los desaparecidos en Cuba
José Antonio Fornaris, Cuba Verdad
LA HABANA, Cuba - Mayo (www.cubanet.org) - El
régimen de La Habana asegura permanentemente
que en Cuba no hay desaparecidos. Sin embargo,
en Aguada de Pasajeros (centro-sur de la isla),
Ángel Nicolás Gonzalo García
afirma que en 1963, su padre de 71 años
salió una mañana de la casa a cumplir
con sus obligaciones de labor en el campo, montado
en una mula. Lo único que encontraron fue
la cabalgadura en un charco de sangre, con 63
impactos de bala. La casa de los Gonzalo estaba
dentro de uno de los cercos que las tropas gubernamentales
habían tendido en su denominada "lucha
contra bandidos" (ciudadanos alzados en armas
contra el sistema comunista).
Gonzalo García también manifestó
que por esa fecha dos hermanos suyos, Félix
Berto y Dionisio, que participaban en las guerrillas
armadas contrarias a Castro, fueron muertos en
combate, según afirmaron las autoridades
gubernamentales. Pero ni el cadáver de
su padre, ni los de sus hermanos les fueron entregados
a la familia. Y tampoco nunca le han dicho dónde
fueron sepultados.
Si en una sola familia hay tres desaparecidos,
es lógico y lícito pensar que en
Cuba los desaparecidos deber de ser unos cuantos.
No obstante, los desaparecidos han existido, por
regla general, donde los poderes son independientes
y las fuerzas armadas o represivas, ante una situación
de violencia extrema, han acudido a la ejecución
extra judicial y a la desaparición -quizás
para no dejar huellas- de los enemigos políticos.
Pero en Cuba no ha hecho falta eso para nada
durante la época de Fidel Castro, porque
no existe la separación de poderes. El
poder judicial responde totalmente al poder ejecutivo;
por lo tanto, esa situación en Cuba es
mucho más grave, porque ha durado mucho
más tiempo que en cualquier otro país,
y porque los ajusticiamientos son judiciales,
es decir, están avalados por la legalidad
y la justicia del régimen.
La Comisión Cubana de Reconciliación
Nacional y Derechos Humanos, una ONG no reconocida
oficialmente, afirma en un informe que dio a conocer
en noviembre de 2004, que en algo más de
cuatro decenios en Cuba han sido fusilados entre
cinco mil y seis mil personas, "en su mayoría
por delitos contra el Estado u otros de connotación
política".
El actual código penal establece 41 distintas
causas de características políticas
por las cuales alguien puede ser condenado en
la Isla a la pena de muerte.
El 10 de abril de 2003, hasta donde se conoce,
se efectuaron los últimos tres fusilamientos
por delitos de índole política.
En esa fecha, tres hombres que habían secuestrado
una pequeña embarcación de pasajeros
ocho días antes con la intención
de arribar a costas estadounidenses fueron fusilados.
Para la detención, el proceso legal y la
muerte de esos individuos, que no habían
dañado físicamente a nadie durante
su acto delictivo, sólo fueron necesarios
ocho días.
Natacha Esquijarosa, quien actualmente reside
en Estados Unidos, afirma que su padre fue condenado
a muerte en un juicio efectuado en la fortaleza
de la Cabaña una mañana de la década
de los años sesenta, y en horas de la tarde
de ese mismo día fue fusilado.
De niño, junto con tres o cuatro pequeños
como yo, acudí una mañana de 1959
a los alrededores del cementerio de mi ciudad
natal, Manzanillo, a ver el fusilamiento de siete
"esbirros" del recién derrocado
gobierno de Fulgencio Batista. En la primera etapa
de la revolución triunfante los fusilamientos
eran públicos. Llegué a tiempo para
ver cómo se le daba el tiro de gracia al
último de los fusilados. La imagen nunca
se me ha borrado de la mente.
En esa etapa los fusilados eran tirados, como
cerdos muertos, a las camas de los camiones con
el fin de trasladarlos a los cementerios. Hay
fotos en publicaciones de la época que
así lo demuestran.
En Cuba no han hecho falta para nada los desaparecidos.
Cuando la "justicia" está absolutamente
al servicio de un régimen político
se convierte en un arma mucho más limpia
para suprimir para siempre a enemigos políticos.
De todas formas, tanto los desaparecidos como
los fusilados no podrán causar ya jamás,
por sí mismos, ningún contratiempo.
La diferencia está en que unos fueron sacados
de este mundo de forma extra judicial y los otros
de forma judicial.
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