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OLA
REPRESIVA
"Yo
debí ser el último en salir de la cárcel": Margarito
Broche (I)
José Moreno Cruz, Cubanacán
Press
SANTA CLARA, Cuba - Mayo (www.cubanet.org) -
Margarito
Broche Espinosa es uno de esos hombres que
conjugan la risa y la palabra con extrema facilidad.
Indagar sobre algún aspecto de su vida
es sumergirse en un laberinto de oquedades y peripecias
propias de un hombre sencillo y sin pelos en la
lengua.
Casado con dos hijos, vive en el municipio costero
de Caibarién. Allí fundó,
el 25 de diciembre de 1997, la Asociación
de Balseros "Paz, Democracia y Libertad "
encaminada a velar por los derechos de los ciudadanos
repatriados e intentar persuadir a las personas
a que no realicen travesías marinas en
precarias embarcaciones.
Broche fue encarcelado en marzo de 2003 y en
juicio sumario, sentenciado a 25 años de
presidio político. Debido a sus delicadas
condiciones de salud, el 29 de noviembre pasado
le fue concedida la libertad extrapenal.
Aunque padece de varias dolencias no ha detenido
su activismo político y de lucha por la
libertad de sus hermanos de causa. Ha hecho un
llamado para que todas las organizaciones realicen
ayunos pidiendo no sólo la liberación
de los miembros del Grupo de los 75, sino también
la amnistía para todos los presos políticos.
"No podemos pedir muchas cosas más,
ya que el señor Fidel Castro, cede en muy
pocas cosas. Primero liberó a siete de
los 75 y después a siete más, medio
muertos entre los que me encuentro yo. En las
prisiones nos están asesinando lentamente,
se nos agolpan las enfermedades a pesar de que
muchos entramos sanos", señaló.
Margarito cree que es importante luchar por ellos
realizando actividades propias de la lucha cívica
no violenta y dando a conocer a la opinión
pública nacional e internacional los problemas
individuales de cada preso. Por eso propone hacer
ayunos o vigilias sin importar el día,
aunque es del criterio que simbólicamente
el 18 es el más importante. Asevera que
el opositor no puede practicar la doble moral
que usa la mayoría de la población
cubana porque por un lado hablan de su revolución,
firman Sí por el Socialismo, pero a escondidas
brindan informaciones o firman el Proyecto Varela.
"Nosotros tenemos que tener una sola cara",
enfatiza.
Al líder de la Asociación Nacional
de Balseros lo condenaron a 25 años de
presidio, pero tras las rejas en ningún
momento pensó en esa cantidad de años.
Allí se sentía contento como en
su propia casa a pesar de las enfermedades. Lamentablemente,
su salud se quebrantó, debido a la pésima
asistencia médica y alimenticia, así
como a las condiciones infrahumanas del presidio.
Se lamenta de haber salido en libertad extrapenal.
Dice que es importante hacerse eco de las palabras
del ex prisionero político Amado Ruiz Moreno
cuando afirmó en uno de sus versos; "Cuando
uno lucha por el bienestar de su pueblo, no importan
los sacrificios, lo importante es seguir luchando".
Por eso ha propuesto la iniciativa de trabajar
en unir a las esposas, madres y hermanas de los
75 para que se reúnan por provincias o
regiones todos los meses al menos el día
18, pidiendo por la libertad de sus seres queridos
y del resto de la causa, así como una amnistía
a favor de todos los presos políticos cubanos.
Cree que como se hace en Ciudad Habana también
deben realizarse actividades cívicas en
Villa Clara, Camagüey o en las provincias
orientales. "Ellas deben ser apoyadas por
todas las organizaciones de la oposición
pacífica, así como por los cubanos
dignos del exilio, los gobiernos democráticos
y por todos los amantes de la paz y la democracia".
Interrogado por la actividad que realizó
el 6 de enero en Caibarién en saludo al
Día de los Reyes Magos, conmemorando además
el aniversario de la organización que dirige
expresó: "Me sentí feliz a
pesar de mi precario estado de salud. Hubo un
gran número de personas, casi siete decenas,
entre ellas cuatro esposas de los miembros de
mi causa residentes en la región central,
periodistas independientes, bibliotecarios, niños
y otras personas del pueblo. "Los niños
en Cuba no pueden comprar juguetes porque sólo
los venden por divisa en las shooping y la gran
mayoría padecen de hambre y miseria".
A muchos de los presentes llamó la atención
que la Policía Política no organizara
algún operativo para impedir la conmemoración.
"No hubo represión, excepto un grupo
de hermanos que venían de Santa Clara quienes
fueron interceptados en la carretera, les quitaron
la circulación al carro imposibilitándolo
transitar, pero ellos llegaron finalmente en otro
transporte", dijo sonriente.
Sobre la organización de la actividad
aseveró que lo hicieron de forma discreta
con la solidaridad de muchas personas y que él
había sufragado los gastos con los ahorritos
de la ayuda del último trimestre que le
había enviado Plantados.
Al preguntarle si se siente realmente en libertad,
dijo que el 70% del tiempo de su estadía
en la prisión, se sentía más
contento que ahora, porque sabía lo que
ocurría afuera. Siempre recordó
las lecciones de Ghandi sobre la lucha cívica.
"Estoy fuera de las celdas desde el 29 de
noviembre, aunque debo aclarar que no estoy en
libertad, sino con el status de libertad extrapenal
por un año. Creo que de los 14 liberados,
mi caso es especial, pero desconozco la razón
de esas limitaciones conmigo porque al resto no
les dijeron que era sólo por un año".
De una forma u otra, enfermo y todo, el reo de
conciencia no ha detenido su actividad civilista
e incluso dentro de la prisión jamás
bajó su activismo. Cree que ahora debe
luchar por los hermanos que dejó tras las
rejas porque está empeñado en conseguir
a toda costa la liberación de estos hombres,
así como por el respeto de los derechos
humanos en Cuba. El médico le indicó
reposo absoluto, pero él dice que tiene
mucho por hacer. "Tenemos contradicción
el médico y yo, también con la Seguridad.
No puedo hacerle caso ni al médico ni a
la Seguridad. Yo tengo mucha fe y esperanza; creo
en Dios. Sólo él sabe hasta cuándo
pueda estar respirando".
Broche trabaja sobre la base de los 30 artículos
de la Declaración Universal de los Derechos
Humanos porque se siente defensor de ellos por
encima de todo. Tampoco cree ser machista, pero
María Caridad, a quien todos conocen por
Cachita, vicepresidenta de la Asociación
y su esposa, desde la cárcel recibía
todas las instrucciones durante las visitas y
hasta por teléfono, para que supiera qué
era lo que tenía que hacer al frente de
la Asociación de Balseros.
Sobre el operativo en que quedó detenido
cuenta que aunque tenían poco que buscar
estuvieron hasta las 7 de la noche más
de 20 efectivos registrándolo todo. "No
cabían en mi ranchito. Había dirigentes,
una pila de carros y traían cámaras
de video. Todo lo que encontraron es responsabilidad
mía, aunque no vieron una bala, un casquillo
y mucho menos bombas, porque no somos terroristas".
La detención ocurrió a las 3 y
15 de la tarde del 18 de marzo de 2003. Antes
de que comenzara el registro se lo llevaron detenido
para el Departamento de Seguridad del Estado.
Allí pensó que estaba solo, pero
después supo que Librado, Léster
y Pernet también estaban en los calabozos.
Cuando en la primera visita Cachita le dijo que
eran casi 80, se dijo: "Esta gente está
loca, se arrebataron", y lo gritó
desde la celda.
"Cuando nos trasladaron para La Habana nos
llevaron directo a Villa Marista. Después
mandaron a Librado para el Combinado del Este,
a Arturo Pérez de Alejo para Pinar del
Río y a Omar Pernet y a mí para
la cárcel de Guanajay". Dijo que en
el ómnibus conoció a otros que venían
desde las provincias orientales aunque no podía
hablar con ellos. Delante de su asiento llevaban
a Pulido, el dentista de Camagüey y logró
a saludar a Mustafá. "Librado iba
tres asientos delante del mío. Los guardias
casi todos eran de color y tenían las espaldas
enormes, una camisa con chaleco que decía
G2. Nosotros estábamos esposados y antes
de montar ya teníamos los asientos asignados.
El guardia que me custodiaba no cabía en
su asiento y me robaba parte del mío. Presumiblemente
eran de La Habana".
Los ómnibus en que fueron trasladados
tenían todas las condiciones; baño,
videos y aire acondicionado. Fueron custodiados
hasta para ir al baño. Les dieron merienda
consistente en pan con chorizo, que a Margarito
le provocó cuatro días de malestares
estomacales, como si le hubieran echado algo a
esos alimentos.
Reconoce que estaba preparado para ir a la prisión
desde hacía mucho tiempo: "Yo traté
de adaptarme y pensar que aquello, a pesar del
rigor, no era una prisión. Yo debí
ser el último en salir de las cárcel
de todos los condenados, pero con la licencia
extrapenal todo se derrumbó. Antes con
frecuencia me metía en mi casita y no salía
en 15 días, porque tenía el presentimiento
de que tarde o temprano eso sucedería".
Las condiciones en las cárceles son muy
duras. Se adquieren enfermedades muy fácilmente
y a veces el preso llega hasta el borde de la
muerte. "Por eso han liberado ya a catorce
de nosotros. Si no hubiese sido así, quizás
alguno no estaría a esta hora en el mundo
de los vivos".
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