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CRIMEN
Rashomon de Lawton: garrote, usura y venganza
Juan González Febles
LA HABANA, marzo (www.cubanet.org) - Su prometida
lo encontró amarrado a su butaca favorita.
Llevaba más de un día muerto. Estaba
cianótico, con la lengua mordida y morada.
Con los ojos abiertos. Según los forenses
la agonía fue larga. Lo agarrotaron al
estilo colonial español. Lo hicieron con
estudiada lentitud. El verdugo o los verdugos
usaron cadenas y una palanca presumiblemente de
metal que no ha sido hallada.
Los forenses determinaron que murió por
compresión y rotura de las vértebras
cervicales. Como estaba casi asfixiado, dedujeron
una sesión de tortura larga y elaborada.
La mujer avisó a la policía. Cuando
llegaron, cercaron el lugar y le pidieron que
se mantuviera cerca. La retuvieron por espacio
de unas horas. Ella quiso irse lejos inmediatamente.
La policía no se lo permitió por
no violar sus procedimientos.
La mujer declaró que pensaban casarse
en breve. No fue capaz de detectar robo de dinero
o de cualquier otra cosa. Le dieron tranquilizantes.
Su cooperación no fue de mucho valor. Se
mantuvo sollozando e hipando espasmódicamente
todo el tiempo. Era una cristiana devota y practicante.
El occiso tenía 62 años al morir.
Se llamó Manuel Alberto González
Cáceres. Tenía tres hijos mayores.
Una hembra y dos varones. Se dedicaba con éxito
sobresaliente a la electrónica. Era técnico
en reparación de televisores y equipos
de audio y video. Vivía solo.
El crimen fue en Lawton, La Habana. La casa está
en la calle San Franciso # 260, entre Lawton y
Armas. Casi equidista de los emblemáticos
parques Buttari y Dolores. Una zona poblada de
personas modestas y altamente politizadas.
El Departamento Técnico de Investigaciones
(DTI) de la Policía Nacional Revolucionaria
estableció un puesto de mando provisional.
Este se situó en las cercanías de
la escena del crimen. Todo parece indicar que
la fuerza pública no dispone de todas las
pistas que quisiera. El DTI trabajó desde
su oficina provisional en un local propiedad del
sectorial de Educación, a pocos metros
de la escena original.
Aunque éste sea uno más entre una
triste y reciente sucesión de hechos de
violencia, les interesó en particular.
Esto es así en parte por la filosofía
gubernamental, resumida en la frase "Sólo
el estado puede matar". Influye mucho, además,
el entorno socio-político-económico
donde ocurren los hechos.
Las opiniones sobre este individuo -el asesinado-
son contradictorias y encontradas. Nadie se pone
de acuerdo sobre quién era en realidad.
Para muchos de sus humildes vecinos, no era más
que un abusivo estafador de pésima conducta.
Según la opinión de estas personas,
el occiso se aprovechaba de los vecinos de bajos
ingresos. No importa que éstos fueran de
buena, regular o mala conducta social. Les "canibaleaba"
sus equipos y se los quedaba cuando no podían
pagarle en el plazo acordado. No temía
consecuencias con la policía. Muchos o
algunos de esos equipos carecían de papeles
que acreditaran su origen.
Otro grupo dice que el difunto Manuel Alberto
era una buena persona. Los que sostienen esta
afirmación, mayoritariamente son el grupo
acomodado que administra. Los que por alguna razón
legal tienen acceso franco a la moneda dura. Son
los del contacto directo o indirecto con algún
nivel del poder del estado. Presumiblemente ex
militares.
El otro círculo en que se movió
el finado es el entorno cristiano de la mujer
con la que iba a casarse. Este mundo es, sin dudas,
el más virtuoso del mosaico urbano habanero.
Su opinión sobre Manuel Alberto está
condicionada por el prisma amoroso que proyecta
a sus semejantes.
Los asesinos o el asesino alteraron poco o nada
la escena del crimen., Según fuentes consultadas,
se comenta la sutileza de que hicieron gala. Uno
de los investigadores policiales achacó
el oficio de los delincuentes a la influencia
de los medios. Se refirió a seriales televisivos
del corte de "CSI la escena del crimen",
ya sea en la versión de Las Vegas o la
de Miami.
Este último punto es discutible. Aunque
pudiera existir la influencia de esta excelente
serie norteamericana de Jerry Bruckheimer, también
pueden existir otras igualmente válidas,
o puede descontarse que los asesinos hayan tomado
elementos del trabajo de los órganos policiales.
O que se hayan remitido a una crueldad inspirada
en el trato y la filosofía gubernamentales
hacia el adversario político.
Para concluir, puede afirmarse que existen muchas
interpretaciones contradictorias sobre este episodio
de violencia urbana.
Como aquel famoso filme japonés de Akira
Kurosawa, Rashomon, cada quien tiene su propia
versión de los hechos. Mientras, la ciudad
se siente conmovida por un nuevo suceso violento.
La fórmula del odio fracasó en la
creación del hombre nuevo del comunismo,
al que nadie conoce. Nos queda esta combinación
de usura, crueldad y venganza. Pidamos a Dios
que todo termine, y que sea pronto.
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