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POLITICA
Diez reglas para formar un dictador
Alejandro Tur Valladares, Cubanacán
Press
CIENFUEGOS, marzo (www.cubanet.org) - Si usted
está aprendiendo para ser dictador, y desea
en poco tiempo desarrollar todas sus potencialidades
dormidas, deberá seguir las siguientes
recomendaciones.
Primera regla: No puede mostrar su verdadero
rostro. Recuerde que el totalitarismos tiene la
cara fea. Póngase una careta de demócrata
y diga, para confundir, frases como éstas:
"Yo no soy comunista; mi gobierno es tan
verde como las palmas", o "Armas para
qué".
Segunda regla: Controle los medios de difusión
masiva, especialmente la radio y la televisión.
Gracias a ello podrá dar discursos maratónicos
que se trasmiten en cadena por todas las frecuencias,
y llevar a los receptores pasivos la promesa mesiánica
del fascismo. Perdón, quise decir del comunismo.
Eso sí, las promesas siempre tienen que
proyectarlas hacia el futuro y jamás enmarcarlas
dentro de una fecha para su cumplimiento.
Tercera regla: Divida. Esta regla consiste en
dividirlo todo: el planeta, la nación,
el pueblo, la familia y hasta el propio individuo.
Estimule en él la doble moral. De esta
manera nadie logrará ponerse de acuerdo
para combatirlo, ni siquiera el individuo que
está en conflicto consigo mismo.
Cuarta regla: Sea como el camaleón. No
importa que usted ayer haya dicho que la hierba
es verde. Si hoy esto le perjudica, déjelo.
La memoria de los pueblos es bien corta y difícilmente
encuentre quien le señale su falta de principios.
Además, recuerde que usted tiene la facultad
de reinterpretar la historia cada vez que se le
antoje. Si por una casualidad alguien con memoria
de elefante le reclama, ¿para qué
están las porras y los calabozos?
Quinta regla: Rompa con las desigualdades. Esta
regla es muy importante. En su gobierno no puede
haber ricos y pobres. ¿Qué es eso?
Hay que ser justos y convertir a todos en pobres.
Usted deberá sacrificarse y quedarse con
las riquezas de los acaudalados. Con ellas podrá
comprar el favor de los súbditos, malgastar
en utopías y complacer los caprichos.
Sexta regla: Reprima. En este punto tiene que
poner mucho cuidado. Más de un dictador
desaprobó esta materia. No puede actuar
como un vulgar rufián. Su represión
tiene que poseer un estilo refinado, una tecnología
de punta. Atrás quedaron los días
en que se sacaban las uñas y los ojos.
Eso sí, la técnica que aplique tiene
que impactar. Por ejemplo, puede hundir un remolcador
y decir que fue un accidente; puede mandar a derribar
unas avionetas civiles y decir que eran terroristas,
o puede meter en la cárcel a un poeta y
plantear que como recibía premios y reconocimientos
era mercenario de otro estado.
Séptima regla: Búsquese alguien
que lo mantenga. Un buen totalitario es como un
proxeneta político, utiliza sus encantos
para que otro lo mantenga. Eso sí, no se
case con uno solo, pues una vez que éste
se percate de que le sale más caro que
un hijo bobo lo abandonará a su suerte.
No intente nunca autofinanciarse. Está
demostrado históricamente que los regímenes
totalitarios no son rentables ni eficientes.
Octava regla: Dé instrucción, pero
no enseñe a pensar. Mientras más
capacidades técnicas posean los súbditos,
mejores esclavos. Prográmelos como a un
ordenador, enséñeles que son máquinas
y que las máquinas no se salen de programa.
A los estudiantes deberá convencerlos de
que en sus materias está contenida toda
la verdad, por lo que no es necesario que se cuestionen
o indaguen. Además, prohíba pensar.
Novena regla: Desarrolle poderes hipnóticos.
Deberá capacitarse en la ciencia del ilusionismo.
Así lo que es una derrota lo hará
ver como una victoria; donde hay hambre verán
abundancia; lo que es amoral lo aceptarán
como correcto; al amigo lo verán como enemigo
y al enemigo como aliado. Si no puede convencer,
al menos confunde.
Décima regla: Búsquese un enemigo,
y si no lo tiene invéntelo. Esta es la
regla de oro. Tener un enemigo es tan conveniente,
que no se concibe un gobierno totalitario que
no lo posea. Cada vez que la situación
dentro del país se ponga tensa por sus
errores e incapacidades, mencione que hay amenaza
de invasión, saque los tanques a la calle.
Si la cosecha prometida no se cumplió
siquiera a la mitad, no se preocupe, dirá
que el enemigo no le quiso vender el abono, que
creó una plaga para destruir la cosecha,
o que ejerció fuertes chantajes a la naturaleza,
de modo que ésta no favoreciera el cultivo.
Finalmente háblele a su pueblo de lo catastrófico
e infernal que es el sistema enemigo, así
podrán comprender lo dichosos que son al
tener un país como éste y un líder
como usted.
Estas reglas han probado su eficiencia durante
décadas. Sígalas al pie de la letra,
y no invente, que a los dictadores no les es dado
crear.
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