PRENSA INDEPENDIENTE
Marzo 30, 2005
 

DEPORTES
Industriales, mucho más que un equipo

Miguel Saludes

LA HABANA, marzo (www.cubanet.org) - ¿Quién puede olvidar aquella noche de 1986? Agustín Marquetti comparece a la caja de bateo. Más de cincuenta mil aficionados repletan el gigante del Cerro. Se juega un clásico, Industriales contra Vegueros (Pinar del Río) y la decisión del campeonato. Algunos critican la decisión de Chávez de traer al viejo número cuarenta cuando en el banco hay otros más jóvenes. La carrera del empate en tercera y la de la victoria en primera. El conteo se pone difícil para el veterano. Dos strikes y dos bolas. Rogelio lanza su recta de humo, que se estrella con un sonido seco y compacto. El hechizo del silencio se rompe en una cascada de gritos. La bola se fue de línea: Industriales campeón.

Este año las cosas han sido totalmente diferentes. La Serie Nacional de la pelota cubana está llegando a su final en la actual temporada. La capital del país permanece silenciosa al respecto, aunque no así los miles de aficionados de otras provincias que viven en ella y cuyos equipos estarán disputando el campeonato. El equipo insignia de La Habana no estará revalidando el título logrado por dos años consecutivos. Por ello, la banderola colocada en un edificio de la calle Cuba, frente a la entrada del túnel, ha cambiado su aspecto, indicando que el panorama no ha sido favorable para el conjunto capitalino. Al inicio de la serie todos pueden leer el optimismo del fanático que mantiene esta iniciativa desde hace un buen tiempo. En la tela de azul intenso se puede leer la inscripción que proclama campeón a Industriales. Ahora un paño del mismo color, aunque muy descolorido, sólo tiene escrito el nombre del equipo.

Más allá de las razones que algunos han argumentado para justificar la derrota industrialista, hay que reconocer que al principio no eran muchos los que daban buenos pronósticos para el grupo comandado por Rey Anglada. Antes de comenzar el torneo, se habían marchado del país varios de sus jugadores estelares, entre ellos tres de los principales punteros del staff de lanzadores: Francisley Bueno, Obel Castillo y Yaniel Guevara. También el jugador Kendry Morales, inspiración de la tanda de bateo, había resuelto la incógnita planteada en Panamá, cuando fue retirado sorpresivamente y enviado de regreso a Cuba. Desde hace meses Morales se encuentra jugando en las ligas profesionales de Estados Unidos donde ha sido firmado por una astronómica cifra. Sin embargo, Anglada y sus muchachos lograron sortear los escollos al clasificar primeros en su grupo, siendo los que más juegos ganaron en la etapa.

Hace unos días pude ver el documental Fuera de Liga, realizado por Ian Padrón en 2003 y que durante 70 minutos nos da una visión muy novedosa de los llamados leones de la capital. Anglada, el hombre que fue injustamente sancionado -aquí somos culpables hasta tanto se pruebe lo contrario- reaparece dirigiendo el team donde él brilló como estelar. También en la cinta están, entre los rostros nuevos, las caras olvidadas de los que un día vistieron la franela azul. Están incluidos además los que según la opinión de la censura nunca más debieran contar. El filme recoge las más variadas opiniones en una amplia extensión geográfica y humana, que va desde los predios de un estadio, las bullangueras peñas deportivas del parque Central, o a la intimidad del hogar.

La cámara no se queda en el arco de la isla sino que rebasa los límites insulares, para viajar a Miami y Nueva York. Los entrevistados se encuentran unidos de manera sentimental por estos peloteros que juegan en lo que el escritor y periodista Eduardo Padura -también industrialista- denomina el equipo maldito.

El Industriales que ganó la primera serie celebrada bajo la concepción revolucionaria del deporte aficionado, ha mantenido desde hace años un juego característico y dinámico. Muchos de sus integrantes han estado signados por el estrellato. Saber que visten el uniforme de la representación capitalina ha sido acicate para ello. Esta identidad está muy arraigada al nombre sostenido a pesar de los numerosos cambios hechos en nuestra pelota, primero para borrar el recuerdo del profesionalismo y después para incentivar a los aficionados cuando éstos han mostrado una notable pérdida de interés hacia el desarrollo de nuestro deporte nacional.

En el documental pueden ser vistos los terrenos en mal estado donde ellos practican en sus giras al interior de la Isla. Los jugadores describen ante la cámara indiscreta algunas de las incomodidades e insatisfacciones de su vida. Pero hay mucho más. En la cinta se reúnen las glorias de antaño y las actuales. Unos, como René Arocha, Alexis Cabrejas, Euclides Rojas y el Duque Hernández, lo hacen desde el exilio. Otros como Kendry o el pinareño Contreras aún no han partido.

Los peloteros, los verdaderos protagonistas de este cortometraje, aparecen en el terreno, discutiendo una jugada, preparándose para el próximo choque, recordando el momento imborrable del cuadrangular decisivo. Nos hablan de sus sacrificios, de las carencias y necesidades, de la añoranza por su tierra, familiares y amigos. Es hermoso constatar que ningún jugador habla mal del que se fue. Todos son cubanos y si siguen sintiéndose parte del equipo donde una vez jugaron, entonces siguen estando. Como afirma el reglano Arocha, los que viven en la otra orilla no han dejado de ser cubanos.

Por su parte los aficionados, quienes tienen un papel importante en la trama, reafirman su amor por el baseball. En sus voces humildes aparece la queja ante la imposibilidad de manifestar su incondicionalidad de fanáticos. En los palcos se comprueba esta situación cuando los asistentes exhiben gorras y camisetas de los Marling o los Gigantes. Sin embargo, ellos crean sus propios símbolos a través de una pancarta o de un perrito que viste el uniforme celeste. Vemos a la gente que llena de colorido el ambiente, organizando a la fanaticada en coros tronantes a la manera del difunto Armandito, o ese Escipión antillano, pero sí verdaderamente negro, con más entusiasmo que locura en su proceder, que exhibe su ropaje azul por las calles de La Habana, no importa hora y día, portando unas veces en sus manos una enorme espada y el escudo con la Giraldilla, y otras un enorme bate de goma donde ha puesto el nombre del equipo. Todos ellos conforman la expresión genuina de lo espontáneo, tan indispensable para el desarrollo vital de cualquier sociedad.

Algunos, atados a la vieja mentalidad, siguen enarbolando un lenguaje lleno de dureza y rencor. Por suerte, son mayoría los que envían saludos al Duque, le desean éxitos y dicen sentirse orgullosos con cada nuevo triunfo de los peloteros cubanos en las Ligas del Norte. También encontramos de manera subrepticia la figura del apostador, omnipresente en todo lugar donde la fortuna pueda hacer su aparición, confesando con todo descaro la cantidad jugada.

Pero el documental Fuera de Liga ha quedado sin recibir las palmas del triunfo. En su caso no ha sido porque hayan jugado mal. Declarado como un material no grato por el ICAIC, fue sacado del concurso donde se presentaba y por ello no obtuvo los premios que merecía. Entre los posibles galardones estaban el de Signis, el de la agrupación Hermanos Saíz y el Caracol, certamen donde concursaba. La excusa presentada para el retiro, efectuado a última hora, era que el material no había tenido distribución comercial. Con este absurdo argumento no sólo se vetó la premiación, sino también la posterior exhibición al público. Cuentan que el equipo de realización se presentó ante una conferencia de prensa vistiendo el traje de los azules, algo que al parecer no fue bien acogido por la burocracia del arte nacional.

Queda suspendida en el aire la pregunta que el lanzador René Arocha dirigiera al lente cuando terminó su entrevista en el documental: "Y esto... ¿lo van a pasar en la televisión?" Esperemos que algún día no lejano eso sea posible.


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