PRENSA INDEPENDIENTE
Marzo 29, 2005
 

RELIGION
Bravo por la Pasión de San Juan

Miguel Saludes

LA HABANA, marzo (www.cubanet.org) - "Al principio ya existía la Palabra. La Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. Ya al principio ella estaba junto a Dios. Todo fue hecho por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto llegó a existir". Con este hermoso himno cristiano entonado por las primeras comunidades de la iglesia fundada por Jesús, comienza la narración del Evangelio de San Juan. En su introducción, el evangelista resalta que todo lo creado en el Universo es obra divina. La música estaba contenida en la Palabra.

Por su parte, el libro del Génesis cuenta que los hombres quisieron hacer una enorme torre para tener acceso al Cielo, pero Dios puso en ellos la confusión de las lenguas para que no se entendieran. Ante la confusión de lenguas, la Torre de Babel no pudo ser concluida, ante la falta de entendimiento entre los humanos. Pero la criatura humana estaba dotada de un instrumento mucho más eficaz que cualquier escala o atalaya para alcanzar alturas de dimensión universal. La música, lenguaje universal creado por Dios, no necesita de la articulación de un solo vocablo para que pueda ser entendida. Más que del oído ella necesita de sensibilidad en el corazón y el espíritu.

Con estos sentidos bien dispuestos a la escucha, cualquiera será capaz de saber cuándo el mensaje que tiene ante sí está cargado de falsedad o vacío de belleza, y sin saber la razón, lo que es excelso le hará vibrar de gozo. Todos los hombres llevan en su impronta la capacidad de descubrir en el sonido de la música toda la belleza del mundo, aunque en principio no la entiendan o sus oídos no hayan sido educados para escucharla. A diferencia del idioma, que si no se conoce difícilmente servirá para establecer una comunicación efectiva y fluida, la música tiene la virtud de tender puente entre los corazones.

Coincidiendo con el inicio de la Semana Santa, el programa Bravo, espacio dominical de la televisión cubana dedicado al buen arte, pasó la grabación del estreno absoluto de la primera parte de La Pasión según San Juan, de Johann Sebastián Bach, una de las grandes obras vocales e instrumentales religiosas de todos los tiempos. La composición, que data del año 1724, antecedió en tres años a la de San Mateo. En ella el célebre compositor alemán combina el drama y la meditación con una riqueza expresiva nunca antes imaginada, respetando la tradición y la fidelidad a los textos evangélicos. El carácter grandioso de las versiones de Bach paralizó en cierta medida muchos de los intentos posteriores de composición de Pasiones. Se destacan entre las obras más recientes sobre este tema La Pasión Según San Lucas, compuesta por Krzysztof Penderecki entre 1963 y 1966, y La Pasión Según San Juan de Arvo Pärt, en 1981. Es notorio que esta composición de Bach, ni alguna de iguales características, haya llegado al auditorio de la Isla hasta fecha tan reciente, algo que Monseñor Carlos Manuel de Céspedes explica por el interés que han cobrado en estos últimos tiempos los grandes maestros de la música clásica.

La pieza fue ejecutada íntegramente, y por primera vez en Cuba, el pasado agosto en la Basílica Mayor del Convento de San Francisco en la Habana Vieja. La puesta, idea materializada por María Felicia Pérez, directora del coro Exaudis y Teresita Paz, del grupo de música antigua Arts Longa, fue dirigida por el director israelí Shaled Ad El, quien además tocó el clavicémbalo. Contó con la actuación de Andrés J. Dahlin (el narrador o evangelista), el tenor Karin Díaz, los bajos Yoshilaka Ogasawara (Pilato), Elier Muñoz (Jesús) y Yonel Garzón. A las voces de soprano de las directoras antes mencionadas se unió la de Gisel Lince y la contralto Adaly Santiesteban.

A diferencia de lo ocurrido con la película de Mel Gibson, esta versión musical sobre la Pasión sí pudo ser vista en la pequeña pantalla nacional coincidiendo con la celebración pascual. La cinta dirigida por el director de origen australiano es todavía desconocida en Cuba por una mayoría de personas que no tienen acceso a un equipo de video. Los bancos ilícitos y las gestiones hechas por numerosas iglesias de la isla, que se las ingeniaron para poner las copias en sus locales, posibilitaron que el filme se pudiera ver el pasado año.

No obstante, la puesta de la obra de Bach no causará el mismo impacto que provocó aquel filme. Aquí la crudeza del sufrimiento de Jesús es suavizada por la belleza polifónica de las arias, las corales y la instrumentación, contrastando con el realismo -excesivo para algunos- mostrado en la realización cinematográfica de Gibson. Y es que la música tiene la magia de hacer que lo más terrible pueda ser presentado sin herir nuestros mejores sentimientos. Puede despertar la tristeza, el desgarramiento cuando más, pero nunca el espanto ante imágenes llenas de dolor y brutalidad. Tal vez ésa sea la desventaja de este medio frente a la recreación vívida de las cámaras, en la que el hecho está expuesto en toda su horrenda dimensión, mientras las notas musicales nos llevan a un misterio que no puede ser visto, sino sentido. El público que asiste a la exhibición de una película no necesita de mayores requerimientos que la vista, en tanto que la música reclama de cierta educación. Ello puede haber incidido negativamente sobre un suceso inédito mostrado por nuestra televisión, y que tal vez fuera pasado de manera inadvertida por muchos televidentes.

Pero lo que no puede pasar por alto es el esfuerzo válido de los que producen y conducen este programa, el único que durante las fechas navideñas ha incluido un concierto de villancicos. Ahora, con el paréntesis abierto en pleno Domingo de Ramos y cerrado posteriormente en el de Resurrección, nos presentó esta Pasión compuesta por Bach, un regalo para los cubanos, cristianos o no, llenos de buena voluntad. Es justo reconocerlo cuando otros se afanan buscando todo lo que se factura en nuestros días con el fin de echar tierra y lodo sobre la Iglesia de Cristo, que como institución humana que es tiene muchos defectos, pero que también está plena de bondad y de gente maravillosa que siguen los pasos del Señor tan bien como se los permite su imperfecta existencia.


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