|
RELIGION
Bravo por la Pasión de San Juan
Miguel Saludes
LA HABANA, marzo (www.cubanet.org) - "Al
principio ya existía la Palabra. La Palabra
estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. Ya
al principio ella estaba junto a Dios. Todo fue
hecho por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto
llegó a existir". Con este hermoso
himno cristiano entonado por las primeras comunidades
de la iglesia fundada por Jesús, comienza
la narración del Evangelio de San Juan.
En su introducción, el evangelista resalta
que todo lo creado en el Universo es obra divina.
La música estaba contenida en la Palabra.
Por su parte, el libro del Génesis cuenta
que los hombres quisieron hacer una enorme torre
para tener acceso al Cielo, pero Dios puso en
ellos la confusión de las lenguas para
que no se entendieran. Ante la confusión
de lenguas, la Torre de Babel no pudo ser concluida,
ante la falta de entendimiento entre los humanos.
Pero la criatura humana estaba dotada de un instrumento
mucho más eficaz que cualquier escala o
atalaya para alcanzar alturas de dimensión
universal. La música, lenguaje universal
creado por Dios, no necesita de la articulación
de un solo vocablo para que pueda ser entendida.
Más que del oído ella necesita de
sensibilidad en el corazón y el espíritu.
Con estos sentidos bien dispuestos a la escucha,
cualquiera será capaz de saber cuándo
el mensaje que tiene ante sí está
cargado de falsedad o vacío de belleza,
y sin saber la razón, lo que es excelso
le hará vibrar de gozo. Todos los hombres
llevan en su impronta la capacidad de descubrir
en el sonido de la música toda la belleza
del mundo, aunque en principio no la entiendan
o sus oídos no hayan sido educados para
escucharla. A diferencia del idioma, que si no
se conoce difícilmente servirá para
establecer una comunicación efectiva y
fluida, la música tiene la virtud de tender
puente entre los corazones.
Coincidiendo con el inicio de la Semana Santa,
el programa Bravo, espacio dominical de la televisión
cubana dedicado al buen arte, pasó la grabación
del estreno absoluto de la primera parte de La
Pasión según San Juan, de Johann
Sebastián Bach, una de las grandes obras
vocales e instrumentales religiosas de todos los
tiempos. La composición, que data del año
1724, antecedió en tres años a la
de San Mateo. En ella el célebre compositor
alemán combina el drama y la meditación
con una riqueza expresiva nunca antes imaginada,
respetando la tradición y la fidelidad
a los textos evangélicos. El carácter
grandioso de las versiones de Bach paralizó
en cierta medida muchos de los intentos posteriores
de composición de Pasiones. Se destacan
entre las obras más recientes sobre este
tema La Pasión Según San Lucas,
compuesta por Krzysztof Penderecki entre 1963
y 1966, y La Pasión Según San Juan
de Arvo Pärt, en 1981. Es notorio que esta
composición de Bach, ni alguna de iguales
características, haya llegado al auditorio
de la Isla hasta fecha tan reciente, algo que
Monseñor Carlos Manuel de Céspedes
explica por el interés que han cobrado
en estos últimos tiempos los grandes maestros
de la música clásica.
La pieza fue ejecutada íntegramente, y
por primera vez en Cuba, el pasado agosto en la
Basílica Mayor del Convento de San Francisco
en la Habana Vieja. La puesta, idea materializada
por María Felicia Pérez, directora
del coro Exaudis y Teresita Paz, del grupo de
música antigua Arts Longa, fue dirigida
por el director israelí Shaled Ad El, quien
además tocó el clavicémbalo.
Contó con la actuación de Andrés
J. Dahlin (el narrador o evangelista), el tenor
Karin Díaz, los bajos Yoshilaka Ogasawara
(Pilato), Elier Muñoz (Jesús) y
Yonel Garzón. A las voces de soprano de
las directoras antes mencionadas se unió
la de Gisel Lince y la contralto Adaly Santiesteban.
A diferencia de lo ocurrido con la película
de Mel Gibson, esta versión musical sobre
la Pasión sí pudo ser vista en la
pequeña pantalla nacional coincidiendo
con la celebración pascual. La cinta dirigida
por el director de origen australiano es todavía
desconocida en Cuba por una mayoría de
personas que no tienen acceso a un equipo de video.
Los bancos ilícitos y las gestiones hechas
por numerosas iglesias de la isla, que se las
ingeniaron para poner las copias en sus locales,
posibilitaron que el filme se pudiera ver el pasado
año.
No obstante, la puesta de la obra de Bach no
causará el mismo impacto que provocó
aquel filme. Aquí la crudeza del sufrimiento
de Jesús es suavizada por la belleza polifónica
de las arias, las corales y la instrumentación,
contrastando con el realismo -excesivo para algunos-
mostrado en la realización cinematográfica
de Gibson. Y es que la música tiene la
magia de hacer que lo más terrible pueda
ser presentado sin herir nuestros mejores sentimientos.
Puede despertar la tristeza, el desgarramiento
cuando más, pero nunca el espanto ante
imágenes llenas de dolor y brutalidad.
Tal vez ésa sea la desventaja de este medio
frente a la recreación vívida de
las cámaras, en la que el hecho está
expuesto en toda su horrenda dimensión,
mientras las notas musicales nos llevan a un misterio
que no puede ser visto, sino sentido. El público
que asiste a la exhibición de una película
no necesita de mayores requerimientos que la vista,
en tanto que la música reclama de cierta
educación. Ello puede haber incidido negativamente
sobre un suceso inédito mostrado por nuestra
televisión, y que tal vez fuera pasado
de manera inadvertida por muchos televidentes.
Pero lo que no puede pasar por alto es el esfuerzo
válido de los que producen y conducen este
programa, el único que durante las fechas
navideñas ha incluido un concierto de villancicos.
Ahora, con el paréntesis abierto en pleno
Domingo de Ramos y cerrado posteriormente en el
de Resurrección, nos presentó esta
Pasión compuesta por Bach, un regalo para
los cubanos, cristianos o no, llenos de buena
voluntad. Es justo reconocerlo cuando otros se
afanan buscando todo lo que se factura en nuestros
días con el fin de echar tierra y lodo
sobre la Iglesia de Cristo, que como institución
humana que es tiene muchos defectos, pero que
también está plena de bondad y de
gente maravillosa que siguen los pasos del Señor
tan bien como se los permite su imperfecta existencia.
|