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Los trenes de Saramago
Luis Cino LA HABANA, marzo (www.cubanet.org) - Por estos días,
hace dos años, el famoso escritor portugués José Saramago,
en un rapto de honestidad y decoro, se apeó, en marcha, del tren de la
Revolución Cubana. Le anunció que no seguía más. Que
hasta allí llegaba. Su conciencia no pudo soportar impávida el fusilamiento,
para escarmentar a eventuales prófugos del paraíso revolucionario,
de tres jóvenes que pretendieron huir de Cuba en una embarcación
de pasajeros robada. La esencia del régimen cubano no cambió.
Las víctimas de sus razones de estado para matar no resucitaron. La inmensa
mayoría de los prisioneros de la Primavera Negra siguen en la cárcel.
Cuba no se democratizó un ápice. Lo único que cambió
fue el modo de pensar de Saramago. Consideró que sus viejos amigos
estalinistas de La Habana peligran y acudió a tenderles la mano, una vez
más. Con su firma para evitar la condena del gobierno cubano en la
Comisión de Derechos Humanos en Ginebra, el Premio Nobel de Literatura
portugués se vuelve a montar en el tren. Pretende recorrer otro largo tramo
de infamia. Varias estaciones más, hasta que su honra -o la vida- se lo
permita. En su viaje, lo acompañan a bordo centenares de personalidades
encabezadas por sus colegas ideológicos y también premiados por
la Academia de Estocolmo Adolfo Pérez Esquivel y Rigoberta Menchú. Los
secunda otro arrepentido de haberse mostrado digno alguna vez ante los cubanos,
el cantautor español Joaquín Sabina. Tal vez montó en el
tren trocado, persiguiendo al marido de su madre. Pensó ponerle cuernos
a su depresión u olvidar otro escurridizo amor. A él no le importa
que nos hayan robado el mes de abril o el calendario entero. Entre el alcohol
y las drogas ya no sabe ni lo que firma. También ameniza el show
ferroviario el aburrido Harry Belafonte. Matará el tedio de modo solidario
con calypsos, balbuceos y máscaras africanas. Dicen que no ve claro desde
que Matilda le robó el dinero y huyó a Venezuela en los tiempos
que Hugo Chávez era niño. Cegados por el antinorteamericanismo,
todos son defensores a ultranza del perpetuamiento del totalitarismo cubano. Lo
quieren tal y como es. Puro, duro y sin reformar. Con presos políticos
y sin derechos humanos. Que cambie su método, si alguna vez cambia, cuando
lo estime oportuno y conveniente, que sus amigos tienen paciencia. ¿No
excarcelaron a 14 presos? ¿Para qué más? Para ellos, es suficiente
muestra de generosidad y de vocación democrática. Las violaciones
de los derechos humanos en el sur en vías de desarrollo son bagatelas justificadas
y toleradas. Todo por la causa y contra el imperialismo. Admiro a Saramago
el escritor y no al animal político. Prefiero atribuir a su avanzada edad
su actitud. Los ancianos suelen confundir los trenes. Él no sabe
mucho de persecuciones políticas. Proclamarse comunista en el Occidente
capitalista no le ha acarreado muchas molestias. Le debe costar mucho entender
acerca de disidencias. Con su manía de abordar trenes en cualquier
dirección, no sé si montó los trenes de Italia en la era
de Mussolini. Hubiera valido la pena traicionar a los partisanos y a Karl Marx.
Dicen que con el Duce los trenes pasaban puntuales. ¡Es tal la pasión
de Saramago por los trenes tiránicos, que va y perdona al fascismo! Después
de todo, como en el chiste, los comunistas -Saramago se precia de serlo- no pueden
ser, al mismo tiempo, inteligentes y honestos. Algunos no son ninguna de las dos
cosas. Saramago, quién lo duda, es genial. Al menos como escritor.
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