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CORRUPCION
Historia de una cama
Tania Díaz Castro
LA HABANA, marzo (www.cubanet) - Todo ocurrió
hace tres años. En el primer piso de la
tienda Almacenes Ultra, situada en Reina y Galiano,
en La Habana, me encontraba con Mariela, una amiga
de mi juventud. Ella quería comprar una
cama personal con colchón, y yo una lamparita
de escritorio.
En el primer piso estaban las muebles en exhibición.
Mariela vio una cama de hierro pintada de negro
con su colchón de muelles. Nos acercamos
a un empleado que estaba sentado ante una pequeña
mesa y le pedimos que nos informara sobre el precio.
Pero el empleado no hacía ningún
gesto para ponerse de pie y acompañarnos
hasta donde estaba la cama. Transcurrieron unos
instantes. El empleado continuaba sentado, y nosotros
de pie, esperando.
Entonces escuchamos una voz a nuestras espaldas.
Alguien nos preguntaba en qué podía
servirnos. Se trataba de un joven que no parecía
un empleado. Pero aún así lo seguimos.
Cuando estábamos los tres ante la cama,
nos dijo en voz baja, como para que solamente
nosotras dos lo escucháramos, que en dos
horas nos ponía en casa la misma cama,
con el mismo color, el mismo colchón, por
cien dólares menos. La cama y el colchón
tenían un costo de 300 dólares.
Mi amiga aceptó. El negocio era redondo.
Se ahorraba una buena suma y no tenía que
buscar transporte para trasladar la cama.
Cuando nos marchamos de allí, el empleado,
el verdadero, el que no se había movido
del asiento nos miró con el rabillo del
ojo.
En efecto, al cabo de dos horas el joven estaba
subiendo por las escaleras de la casa de Mariela
la misma cama, del mismo color y con el mismo
colchón de muelles. El joven no tenía
aspecto de delincuente. Bien lo recuerdo.
En aquellos momentos pensé escribir una
crónica sobre lo sucedido. Pero, ¿quién
iba a creerme? ¿No les parece todo muy
extraño?
Hoy puedo escribirla. Sobre todo porque acabo
de leer en la prensa de Fidel Castro la explicación
a todo lo que ocurrió aquel día.
Si lo dudan, remítanse al periódico
Trabajadores del 14 de marzo del año en
curso. En la página 14, un artículo
firmado por el colega Gabino Manguela nos aclara
que para clientes y trabajadores de Ultra ya era
insoportable el asedio de revendedores y estafadores,
y que con la mayor premura algo había que
hacer. ¡Pero lo ocurrido a mi amiga Mariela
fue en el año 2002! Además, lo mismo
ocurría en todas las tiendas por departamentos.
Incluso hasta en las pequeñas cuya venta
se realiza en pesos convertibles.
Según los dirigentes de Ultra, "no
es que estuvieran cruzados de brazos. Esos elementos
se creían amos y señores, y operaban
con mucha persistencia".
Más adelante señalan que "cada
vez la situación se ponía más
tensa dentro de la tienda, hasta que decidimos
sacar de la unidad a los delincuentes".
Para lograr limpiar la tienda de revendedores,
los empleados que realizan la guardia de vigilancia
visten pulóver rojo, para que puedan destacarse.
"Son los primeros -aclara la prensa- que
se enfrentan a los maleantes".
Pero en toda la información, bastante
extensa por cierto, no se aclara que los revendedores
mostraban los muebles y tomaban acuerdos con los
clientes, hasta que por último llevaban
el producto hasta las mismas casas donde recibían
el dinero de la venta. Sin embargo, explican que
el problema no se ha resuelto aún, pese
a que tanto los dirigentes de la tienda como sus
trabajadores conocen a los delincuentes.
El último párrafo del artículo
me da mucho que pensar. Dice así: "Luego
de varios meses de intenso batallar (¿no
son años?), los trabajadores de Ultra lograron
reducir el problema a la mínima expresión
(¿qué quiere decir mínima
expresión?). Pero el esfuerzo de este colectivo
debe ser respaldado por toda la comunidad".
¿Qué hubiera hecho usted si hubiese
estado en el lugar de Mariela aquel día,
hace tres años? Seguramente hubiera hecho
lo mismo que hizo ella: aceptar una compra que
iba a su favor.
¿Cuál será el aire que se
respira ahora en los Almacenes Ultra, después
que la prensa ha afirmado que "el delito
está perdiendo el combate a través
de su arma ultra secreta", según afirma
su administrador general?
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