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RELIGION
¿Por qué la Cruz?
Miguel Saludes
LA HABANA, marzo (www.cubanet.org) - Yoandry
acaba de cumplir 9 años. Hace unos días
me sorprendió con una pregunta que no esperaba
en él. ¿Por qué mataron a
Jesús? No existía una lógica
aparente en esta inquietud de un niño,
que a pesar de estar bautizado, no asiste a las
catequesis de la Iglesia.
Después de buscar una respuesta apropiada
para satisfacer la inquietud infantil con la suficiente
seriedad y profundidad, le dije que la muerte
de Jesús se debía a una gran injusticia,
pues él era inocente. Lo mataron porque
era el Hijo de Dios que vino a los hombres a hablarles
de amor, paz y justicia. Sus palabras no convenían
a muchos, que o bien concebían esta actitud
del Nazareno como una grave ofensa, o veían
peligrar su autoridad entre el pueblo. Ambas posiciones
convergieron en la decisión que llevó
al sacrificio de Jesucristo. Para ilustrar al
pequeño de lo que aconteció con
Cristo, le puse un ejemplo bien conocido por él
recordándole el proceso en el que su padre,
Omar Rodríguez Saludes, y su padrino, Regis
Iglesias Ramírez, fueran condenados a 27
y 18 años de cárcel, respectivamente.
El primero por ejercer el periodismo independiente
y Regis Iglesias por su activismo en el Movimiento
Cristiano Liberación y como promotor del
Proyecto Varela.
¡Pero a ellos no los mataron! Fue la rápida
respuesta de Yoandri, evidentemente preocupado
con la desmesurada comparación a la que
acudí, quizás pensando en este tiempo
de Cuaresma, ya próximo a concluir en la
Semana Santa, y que también sirvió
de marco a los eventos que tuvieron lugar hace
dos años. Ciertamente las razones pueden
parecer diferentes, máxime cuando en este
caso no existe un trasfondo puramente religioso.
Pero para provocar la condena fatal contra Jesús
se acudió a motivos que ocultaban la razón
fundamental de esta acción. Instrumentos
políticos y religiosos se conjuraron para
llevarle al suplicio, el escarnio y la humillación
de la muerte a quien había osado proclamarse
Mesías verdadero, Dios hecho hombre, capaz
de abajarse a una condición inaudita hasta
ese momento y que aún en nuestros días
no acabamos de interiorizar completamente. Para
esta persona tan peligrosa, que decía palabras
contundentes que encerraban una enseñanza
que cambiaba por completo los conceptos divinos
y humanos, no quedaba otro camino que la condena
reservada a la gente de peor calaña y a
los rebeldes que se levantaban contra el poder
terrenal del emperador.
A lo largo de la historia muchos hombres han
tenido que enfrentar distintas cruces. A ellas
han sido clavados por alguna de estas circunstancias
o por ambas a la vez. La proyección de
una fe profunda, encarnada y comprometida, es
una de las causas de esas crucifixiones ocurridas.
Vivir de acuerdo con la enseñanza del Evangelio
ha atraído la furia de los poderes establecidos
contra quienes pretenden levantar la frente, alzar
la palabra dignificante o acompañar al
que sufre. Las páginas del martirologio
están plenas de los horrores a que estos
testigos de la fe eran sometidos para doblegarles
y castigarles cuando era evidente que su posición
era inquebrantable.
No siempre la muerte resume en sí el significado
del tormento de la Cruz. Hay cruces que se viven
desde la enfermedad, las vicisitudes de la pobreza
económica o de espíritu. Otras,
terribles por injustas, se padecen en una celda,
en el sometimiento al silencio, la separación
forzada de los seres queridos y desde muchas formas
de opresión. Desde esa cruz, en la que
no se mata al cuerpo, permanecen unidos junto
al Señor de la Historia en estos días
santos aquéllos que han llegado a su segundo
aniversario en prisión después de
la sombría primavera cubana del 2003.
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