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ECONOMIA
La peor de todas (I)
Ariel Delgado Covarrubias, UPECI
LA HABANA, marzo (www.cubanet.org) - En el discurso
que ya se reconoce como "el de las ollas
arroceras" el máximo dirigente cubano
anunció algo que los especialistas y economistas
dedicados al tema azucarero ya sabían:
los ya conservadores pronósticos de la
actual zafra no se cumplirán.
La colosal sequía que asola la isla con
énfasis en la porción oriental es
señalada como la máxima responsable
de ese descalabro económico. Pero eso sólo
es parte de la verdad.
Cuando en abril de 2002 se anunció la
llamada "política de reestructuración
azucarera" y se daba a conocer la Tarea Alvaro
Reynoso parecía que el raciocinio económico
llegaba, aunque sea en parte, a la que hasta entonces
ocupaba el primer lugar en la industria cubana
por su potencialidad, fuerza laboral, equipamientos
y recursos y calidad de tierras disponibles en
el país.
De 156 centrales sólo quedaron en función
71 para azúcar y 18 dedicados a producir
mieles, 85 en total. Con sólo el 38 % de
las tierras hasta entonces disponibles se debería
producir un promedio de 4 millones de toneladas
del dulce, sobre la base de un rendimiento agrícola
de la caña de 85 toneladas por hectárea,
y con un rendimiento industrial por encima del
12 % y un costo que no superara los 300 pesos
la tonelada.
Tal plan estratégico no resultaba ambicioso
si se tiene en cuenta que esa política
concentraba las mejores fábricas, las mejores
tierras (en fertilidad, cercanía a los
centrales y con regadío) y los mejores
especialistas, además de que el ministerio
podría realizar un mejor trabajo directo
sobre la base productiva.
Pero la realidad ha sido otra. Dos zafras han
transcurrido y los resultados distan mucho de
lo esperado, al punto que el azúcar ha
llegado a ser para algunos estrategas de la Nomenclatura
económica un producto no estratégico
para el supuesto desarrollo del país.
Una década de intensa sequía ha
provocado la depauperación de los campos
cañeros. En la contienda anterior gracias
a ella fue que se pudo superar la producción
que se esperaba al extenderse el calendario de
zafra a los meses que debió haber llovido.
Pero lo que fue bueno para la anterior ha resultado
catastrófico para la presente.
De inicio no hubo la llamada "zafra chica"
(la que se realiza entre noviembre y diciembre)
donde mejores son los rendimientos y más
favorecido es el mercado ante la ausencia de los
azúcares brasileños. Treinta ingenios
quedaron fuera de la nómina de los llamados
a producir y hasta febrero algunos no habían
iniciado su molienda.
Los estrategas del MINAZ calcularon que este
año se dejarían de producir entre
800 y 900 mil toneladas en comparación
con la anterior. Eso arrojaba un plan de entre
un millón 600 mil y un millón 700
mil toneladas de azúcar. Pero otros especialistas
con mirada más crítica -o mejor
conocimiento de la realidad de los campos- vaticinaron
un millón 500 mil, y que de ser así
sería un éxito.
Para las finanzas del país, la pérdida
productiva no era significativa, dado que los
altos precios en el mercado internacional (se
calcula que llegue hasta 10 centavos de dólar
la libra) compensarían las pérdidas
y los aportes de este sector al Tesoro Nacional
serían equivalentes a los del pasado año.
La realidad ha demostrado lo contrario. Es casi
seguro que no se llegará ni al millón
y medio de los cálculos más conservadores.
Y la afectación al presupuesto será
una realidad, ya que parte importante de esa producción
ya está convenida a precios establecidos
de antemano, menores a los del mercado internacional,
e inclusive para el consumo nacional ya se está
importando azúcar refino, debido a que
resulta más barato comprarla en el extranjero
que producirlas en nuestras refinerías.
La sequía ha jugado una malísima
jugada, es cierto. El rendimiento agrícola
se ha ido por el piso, falta caña en los
centrales y hasta agua. No son pocos los centrales
que hay que abastecer con pipas, pues sus reservas
naturales se han agotado y por lo menos uno en
Guantánamo tuvo que suspender sus actividades
por falta del preciado líquido.
El desastre azucarero cubano no tiene parangón.
Si la zafra de 1997-1998, con una producción
de 3,200,000 fue la peor en los últimos
54 años, y la del 2002-2003, con un resultado
de 2,200,000 toneladas fue la peor en los últimos
70 años, la presente será la peor
por lo menos en casi un siglo, tomando como referencia
que en la de 1905 se obtuvieron 1,314,071 toneladas.
La sequía es el elemento de énfasis
en los resultados. Pero otros factores venían
gravitando enormemente para esta situación.
Y vale la pena analizarlos, ya que se trata de
la que fue la primera industria del país
y continúa siendo una fuente importante
de recursos, alimentos y empleo para cientos de
miles de cubanos.
La
peor de todas (II)
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