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La esquina de Toyo (II y final)
Oscar Mario González, Grupo Decoro
LA HABANA, marzo (www.cubanet.org) - Otro comercio
famoso fue el "Bodegón de Toyo",
situado al lado de la panadería, cruzando
la calle San Leonardo. Siempre siguió el
camino de la gastronomía, dedicándose
a la venta de comidas y bebidas dentro de las
pocas ofertas y variedades propias del castrismo.
En su tiempo fue uno de los comercios más
prósperos de la capital, famoso por la
calidad de sus comidas.
El lugar y sus inmediaciones siempre han sido
un hervidero humano, caracterizado por un incesante
movimiento de vehículos. El tráfico
humano y vehicular se justificaba por la alta
densidad demográfica, y una red de comercios
que incluía todas las actividades mercantiles
imaginables.
Fondas de chinos donde sólo se requería
llegar con algo de dinero, porque el asiático
te ofrecía un plato de arroz y frijoles
por cinco centavos. Y por quince, te aseguraba
una completa con postre y ensalada.
También se localizaban sastrerías,
sombrererías, tiendas de ropa, ferreterías,
farmacias y bodegas famosas como "El fuerte
de Toyo", aún dedicada a la venta
de víveres por la libreta, con su estantería
vacía y el dependiente ocioso la mayor
parte del tiempo.
La tienda de ropa "Bazar Boston" es
uno de los pocos comercios que aún subsisten.
El local conserva algo de la elegancia que tuvo
en otros tiempos, a pesar de ser un comercio pequeño.
En los portales, y mirando al piso o a la fachada
de algunos locales, se pueden leer algunos anuncios
que hablan del otrora esplendor del lugar: "La
montañesa", "La casa Carlos",
"La rosa cubana". Algunos de ellos convertidos
en dependencias, oficinas o simplemente ociosos
durante años, en cuyo interior se alojan
escombros y abunda la humedad, los salideros o
filtraciones, y pulula todo tipo de insectos.
Como cualquier esquina céntrica de la
capital, Toyo tenía su sala de cine, "El
Moderno". Típico cine de barrio que
sufrió un derrumbe del techo en la pasada
década, tras lo cual fue clausurado, siguiendo
la suerte de muchos otros. Estos cines hacían
de La Habana de la década de 1950 la tercera
ciudad del continente en cuanto al número
de cines, y la primera en relación al número
de salas por habitante.
Y como nada suele ser perfecto, la esquina se
apenaba con la presencia de la oncena estación
de policía, que como todas las de su tipo
practicaba el terrorismo oficial durante la dictadura
de Batista, para combatir el terrorismo insurgente
de la muchachada del Movimiento 26 de Julio y
del Directorio Estudiantil, en enconada lucha
fraticida.
Por último, no podemos ignorar el significado
histórico del lugar, pues desde aquí
partió el entonces sargento taquígrafo-mecanógrafo
Fulgencio Batista para liderar el movimiento de
clases y soldados que daría al traste con
el gobierno provisional de Carlos Manuel de Céspedes
y Quesada, hijo del padre de la Patria, aquel
4 de septiembre de 1933, días después
de la caída de Gerardo Machado.
Batista no era aquel insignificante soldado apodado
"mulato lindo", ni Elisa lavaba para
la calle. Ambos formaban una pareja amable, donde
el esposo (y esto es inobjetable) se había
ganado un lugar respetable a base de esfuerzo
y afán de superación personal.
Hoy, tres puntos de la esquina se disputan el
honor de haberla hecho famosa: El cuchillo, la
panadería y el bodegón. De ellos
es difícil precisar el de mayor representatividad.
Algunos se inclinan por la panadería y
su fama añeja en el tiempo. Otros favorecen
al otrora soberbio edificio del cuchillo, mientras
que no pocos optan por aquel bodegón existente
desde los tiempos coloniales, distinguido por
la calidad de los servicios y su ambiente familiar.
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esquina de Toyo (I) |