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SOCIEDAD
En
la granja del Señor
Tania Díaz Castro
LA HABANA, marzo (www.cubanet.org) - En la viña
del Señor hay de todo. Por eso, para referirme
a mi país prefiero llamarlo granja. Nuestra
granja empobrecida y destinada al rebaño
es rústica, cerrada. Aunque no se declare
en quiebra total, lo está desde que se
convirtió en propiedad individual. En estos
predios he vivido desde que nací, hace
66 años. He conocido la felicidad, la frustración
y la derrota.
En la granja donde vivo y muero un poco cada
día he sido cachorro de león, conejo,
insecto, ave sin alas, cualquier cosa menos un
ser humano con opiniones propias ante los ojos
del dueño de la granja; esta granja donde
casi todos trabajan como esclavos por sólo
media ración de comida diaria.
Pero no debe sorprendernos que en la granja existan
ciertos honorables especímenes que se tapen
ojos y oídos para ganarse el pan de cada
día escribiendo. Periodistas de la oficialidad
que, al parecer, sólo reconocen a la disidencia
extranjera y nunca a la nacional, la propia.
Hoy voy a hacer un poco de historia. Recordar,
por ejemplo, al periodista oficialista Félix
Pita Astudillo. Sí, el hijo del poeta,
aquel muchacho que en 1962 se presentó
en el aeropuerto de Río de Janeiro con
un gran ramo de rosas importadas para darme la
bienvenida, porque el que fuera mi esposo no llegó
a tiempo.
Felito, así lo llamábamos, escribió
un extenso artículo el 1 de enero de 1989
en el periódico Juventud Rebelde, titulado
"Una babel de infames y de incautos",
donde calificó de "derelicto"
humano a Ricardo Bofill, de policía batistiano
a Armando Valladares, de terrorista al servicio
de la CIA a Eloy Gutiérrez Menoyo, y de
aventurero a Carlos Franqui.
Todo porque habían firmado el apoyo a
un plesbiscito para Cuba, "a un pueblo -dijo
el colega- que desde hace tres décadas
realiza un referéndum y se pronuncia día
a día con su trabajo a favor del socialismo".
A estos opositores en el exilio los llama también
"hijos biológicos de Joseph Goebbels
y narcómanos alucinados desde los cuarteles
de Langley". Termina, para no variar, con
el estribillo de que "en Cuba no hay espacio
para la contrarrevolución".
Pero ocurrió que un poco después
de escribir esas líneas, Felito murió,
no sin antes acusar a su anciano padre ante los
tribunales por un problema de vivienda.
El otro colega que arremetió contra la
disidencia en Cuba es (vaya casualidad, que en
gloria esté) otro difunto. Se trata de
Manuel González Bello. Bellito, como lo
llamaban sus íntimos, escribió una
crónica el 3 de febrero de 2001 que tituló
"Disidentes".
Comienza diciendo que el disidente es una versión
más del pícaro cubano. ¡Qué
falta de respeto a esa grandísima parte
de un pueblo que disiente! "Un oficio -escribió-
como podría ser inflador de globos o reparador
de huecos de coladores". No le salió
el chiste.
Más adelante, clasifica a los disidentes
como "brutus disidentis que escriben UZA
y umanos; cultus disidentis o Pepe MENTIRA, el
que pertenece a una pequeña organización".
Por cierto, también reprimida y perseguida
por la policía política.
A estos dos colegas, fieles alumnos de Sainz
de Robles, le siguen otros de cierta mesa cuadrada
de la televisión castrista, buscadores
también de sinónimos, porque el
de "fullero", ése, está
vedado. Dio mala suerte al régimen. ¡Quién
olvida cómo cientos de personas se presentaron
en el reparto Mañana, de Guanabacoa, en
busca de aquel "fullero" llamado Ricardo
Bofill para llevarle sus denuncias de violaciones
de sus derechos!
Es por eso que todos, sin excepción, deben
andar con cuidado, porque la muerte, con la guadaña
a cuestas, siempre anda pisándonos los
talones. Además, quién sabe si en
el "más allá" los disidentes
no son tan pacíficos.
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