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ECONOMIA
INFORMAL
¡Y
dale con el pan!
Enrique Carrillo, Cubanacán Press
PLACETAS, marzo (www.cubanet.org) - Desde antes
de Cristo, cuando el hombre descubrió que
el trigo se podía triturar, macerar y cocer,
existe el pan.
El pan ha sido y es un alimento indispensable
en todas las mesas del universo. De bajo costo,
está al alcance de todos los bolsillos,
menos en Cuba, donde nos subsidian uno por la
eterna Libreta de Racionamiento, que es barato
pero de pésima calidad.
El otro, elaborado por La Cadena del Pan, aparecida
hace un par de años como empresa, es el
que comúnmente llaman "Pan de Rico
o de la Cadena" porque sólo lo pueden
adquirir las personas de buenos ingresos. El cubano
de a pie, sólo esporádicamente se
puede comer alguno, porque poner en el desayuno
uno de estos panes equivale al salario de un día
de un obrero de la construcción, de comunales,
agrícola o jubilado.
En enero escribí un trabajo donde exponía
las vicisitudes que pasamos las personas que comercializamos
el pan, "ilícitamente" según
las autoridades, en la búsqueda del sustento
diario.
Hoy ya el problema parece estar resuelto porque
dejó de ser un problema ilegal para convertirse
en otro negocio del estado. Las autoridades del
gobierno de Placetas legalizaron sólo 10
contratos para que dediquen a vender el pan por
todos los barrios de la ciudad, pero como era
de esperar yo quedé excluido, porque según
la administradora, no cumplo los requisitos para
el contrato.
No sé cuáles son esos requisitos,
pero lo que sí conozco es que el contrato
consiste en que la persona tiene que ir a una
de esas panaderías con su medio de transporte,
-entiéndase una bicicleta- con el dinero
en la mano contante y sonante, o sea, cuatro pesos
la unidad, para después venderlos a los
clientes a 4.20 centavos, es decir, con un 5 %
de ganancia para el trabajador.
Todos los que nos dedicamos a la labor de "saquero"
creemos que es irrisorio el contrato, porque para
la empresa, según la versión de
los propios panaderos, el pan tiene un costo entre
35 a 45 centavos. Es así que la empresa,
entiéndase el estado, obtiene el 350% de
las ganancias y el obrero sólo el 5 %.
"Nada", comentó uno de los nuevos
contratados, "como siempre, todo para un
solo bolsillo"
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