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SOCIEDAD
La
telefonía en Cuba: una línea ocupada
Jorge Ramón Castillo, ICD Press
SANTIAGO DE CUBA (www.cubanet.org) - El servicio
de telefonía cubano es limitado y sólo
pueden acceder a él en estos momentos personas
abiertamente comprometidas con el régimen.
Las autoridades gubernamentales y la Empresa de
Telecomunicaciones imponen una serie de requisitos
y una metodología que ha provocado más
de una querella en las reuniones de los Comités
de Defensa de la Revolución (CDR), espacios
oficialistas donde las personas se disputan, a
través de méritos políticos
acumulados y hasta con trompones, el 70 % de las
capacidades telefónicas asignado al sector
residencial. Otro 25 % de las cuotas es destinado
a organismos estatales y el 5 % restante es considerado
"Reserva Estatal".
Más de dos tercios de población
en Santiago de Cuba no puede disponer del sistema,
si tenemos en cuenta que más de 600.000
personas habitan hoy el municipio cabecera, según
cifras extraoficiales del último Censo
de Población, y se estima que los abonados
superan la cifra de 170.000.
Estas limitaciones son caldo de cultivo a la
corrupción que afecta a casi la totalidad
de la sociedad cubana. Una línea telefónica
privada puede llegar a costar hasta 700 dólares
o su equivalente en Pesos Cubanos Convertibles
(CUC). Los Centro Agente son una nueva modalidad
para disfrutar del servicio en casa, aunque se
comparta con la vecindad; para ello es necesario
poseer "buenas relaciones" en el seno
de ETECSA o ganarse la anuencia de los dirigentes
políticos del barrio.
Entre tanto, miles de personas se aglomeran los
dos últimos días de cada mes ante
las cuatro oficinas comerciales de las que dispone
la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba (ETECSA)
en Santiago de Cuba para liquidar sus cuentas,
hecho que provoca un desorden de tal magnitud
que tienen que intervenir las fuerzas de orden
público, como ocurrió a finales
de febrero frente a la oficina comercial del distrito
26 de Julio en plena calle Enramada, principal
arteria comercial de la ciudad, donde el transito
de vehículos se vio interrumpido varias
veces.
ETECSA ha dispuesto varios lugares de cobro,
como el Banco Popular de Ahorro, las sucursales
de Correos de Cuba y las propias oficinas de la
empresa. Sin embargo, las medidas parecen no responder
a la demanda.
Los abonados pueden pagar desde el día
diez las cuentas en las propias oficinas comerciales,
pero prefieren disponer de antemano de la factura
que ETECSA les envía a vuelta de correo
con nueve días de antelación al
limite de pago; en primer lugar para asegurarse
de que las cifras correspondan con el uso real
que han dado a su teléfono, y a la espera
de compartir los gastos con amigos y familiares
que también se benefician del servicio.
Por otro lado, el servicio telefónico
en Cuba se ha estratificado al coexistir junto
a ETECSA la compañía de capital
mixto CUBACEL, que se encarga de la telefonía
celular en el país; así como también
por la reciente medida que ETECSA implementó
denominada Tarifa Mixta, que establece dos formas
diferentes de pago: una en moneda nacional y otra
en divisa. La moneda nacional admite sólo
llamadas locales y nacionales, mientras que la
moneda dura ofrece salida internacional a cualquier
parte de mundo. La imposibilidad para la mayoría
de cubrir gastos en CUC se ha tornado algo incómodo
y fuertemente criticado por los usuarios. A su
vez, los que han asumido la tarifa mixta se quejan
de los precios. Por ejemplo, el minuto a los Estados
Unidos cuesta 2.24 CUC.
Por su parte, CUBACEL opera sólo en moneda
convertible en divisa y excluye a los cubanos
residentes en la isla de su lista de clientes.
No obstante, más de una cintura criolla
exhibe uno que otro móvil, gracias al favor
de algún turista, residente extranjero
o familiar que viva fuera del verde caimán,
quienes definitivamente son las personas autorizadas
a comprar el servicio.
Así las cosas, ambas presumen de su gestión
e intentan vender una imagen de empresa moderna,
actualizada con la tecnología de punta,
eficiente y sobre todo garante de la privacidad
de sus clientes, a pesar del contexto totalitario
en que habita. Sin embargo, el contubernio mantenido
por años con el aparato de inteligencia
cubano mantiene los pelos de punta a los consumidores.
Un concepto generalizado es que la Seguridad del
Estado graba todas las conversaciones y luego
toma medidas contra quienes sobrepasan la membrana
de la censura oficial.
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