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POLITICA
Arcoiris
de penumbras
Juan González Febles
LA HABANA, marzo (www.cubanet.org) - Los materiales
que descorren velos sobre las herramientas represivas
castristas se venden. Es un tema que apasiona.
El siglo XX presenció el nacimiento, desarrollo
y muerte de los peores sistemas totalitarios.
Desde Stalin hasta Hitler, pasando por Pol Pot,
Franco, Mao y el señor Castro. Lo relacionado
con sus eficientes policías secretas, encuentra
ávidos lectores. Gestapo, KGB, Stassi y
la sobreviviente DGCI. Se busca a todas para escrutinio
público.
Por esto me afané en leer "Al final
del arcoiris", de José Ramón
Ponce-Solozábal. El libro circula entre
periodistas, opositores e interesados que pujan
por leerlo. Ajado, manoseado y maltratado, cumple
su función.
La edición es decorosa. Faltan láminas,
gráficos y fotografías. Para los
lectores cubanos no son tan necesarios. Todo lo
llevamos dolorosamente impreso en la retina emocional.
"Al final del arcoiris" es un libro
que parece escrito con miedo. Como si su autor
no se hubiera sacado aún al policía
del alma.
La prosa es árida y el lenguaje lineal.
En aras de una discutible objetividad, el autor
purgó su obra del necesario aliento humano.
Como si temiera que las emociones y su expresión
invalidaran la exposición del testimonio.
El autor estuvo en contacto con José Abrahantes
de forma inmediata a su caída en desgracia.
Su nivel de confiabilidad y acceso parecen haber
sido óptimos. No obstante, la obra quedó
manca. El testimonio es lacónico e insuficiente.
Faltan anécdotas ilustrativas sobre este
singular grupo humano. Faltan los elementos demostrativos
de su desprecio y divorcio del elemento civil
de la sociedad en que viven.
El sentimiento de "grupo elite" y sus
conductas antisociales, desconsideradas y abusivas
contra el elemento civil, están ausentes.
Aspectos que podrían definir quién
fue verdaderamente el Sr. Abrahantes no fueron
reflejados. No se ilustra sobre los que formaron
su séquito y su mundo afectivo. No se dice
hasta dónde esta "leyenda" del
Ministerio del Interior depredó por cuenta
propia o por interés del estado a sus conciudadanos.
El señor Ponce dice en su libro no poseer
información sobre la muerte de Abrahantes.
Es una lástima en alguien tan bien situado
en el aparato represivo. Como dirían los
japoneses, "todo un desperdicio".
Muchos hablan del miedo, pero pocos o ninguno
del peligro real. Falta en el libro el elemento
o los elementos que destaquen los aportes hechos
por los hombres del aparato represivo para aterrar
y encanallar a sus compatriotas. ¿Cómo
construyeron una "mística" y
a costa de quiénes?
El autor guarda silencio en lo que respecta a
los mecanismos de selección de los futuros
oficiales de la inteligencia y la contrainteligencia
castrista. No se exponen los mecanismos establecidos
para reforzar la incondicionalidad de los mismos.
No nos habla de su extracción social y
familiar. No se habla del nepotismo como sustento
de una política de captación.
El autor escamotea los más valiosos elementos
para la comprensión de fenómeno
tan exótico. Porque exótica es la
presencia de un aparato represivo como el castrista
entre cubanos.
En mi opinión, el libro está escrito
con mucha consideración por sus antiguos
colegas, o quizás con mucho miedo. No hace
falta aclarar que en Cuba tener miedo está
plenamente justificado. Esperemos que en otra
eventual entrega, el Sr. Ponce-Solozábal
satisfaga algo más la curiosidad de los
lectores de Cuba y del resto del mundo. Forma
parte de una deuda que debe saldar con sus compatriotas
y consigo mismo.
Por supuesto, habrá que esperar. El Sr.
Ponce debe interiorizar que hoy, al menos, él
ya es un hombre libre.
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