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CULTURA
Un
triste amanecer en el trópico
Luis Cino
LA HABANA, marzo (www.cubanet.org) - En el trópico
el amanecer es azul. Incluso cuando llueve, como
hoy. A través del muro de la lluvia se
ve el azul intranquilo del mar. Tal vez una mañana
así sugirió a Guillermo Cabrera
Infante el título del libro.
La imagen se la llevó grabada con celo
en su retina cinematográfica, a salvo de
olvidos y desamores, desde Gibara, El Vedado o
Santos Suárez a su exilio en el Londres
sicodélico y neblinoso de Carnaby y Baker
Street.
"Vista del amanecer en el trópico"
es el texto sobre la historia de Cuba más
provocador, imprescindible, vivo y desconcertante
que se haya escrito jamás. No es usual
tratar los temas de nuestra historia con tan descarnada
franqueza. Por eso, vivimos envueltos en mitos,
entre estatuas, mentiras e himnos. Afortunadamente,
hemos tenido escritores como él.
La fuerza de las viñetas de "Vista
del amanecer en el trópico" sólo
se compara a aquella antológica de Hemingway
en que narra el fusilamiento de los ministros
contra la pared del hospital.
Alguien dijo que escribir bien proviene de leer
a buenos autores. Ojalá sea cierto. Por
si acaso, he devorado los libros de Cabrera Infante.
Durante años atesoré "Así
en la paz como en la guerra", de Ediciones
R que, junto a "Un oficio del siglo veinte"
(recopilación de críticas de cine),
son los únicos libros de Cabrera Infante
publicados en Cuba, para vergüenza de los
deshacedores de aberrantes "políticas
culturales". Lo presté a alguien y
nunca me lo devolvió. Privó a mi
pequeña biblioteca del único libro
que poseía de mi autor cubano preferido.
Aquellas primeras narraciones de Cabrera Infante
como "Abril es el mes más cruel"
y "El gran Ebbó", me marcaron.
Silvestre me parecía un viejo conocido.
Perseguía las crónicas de cine firmadas
por G. Caín. Confieso que envidaba su oficio
de escritor grande.
Leí "Rayuela", de Cortázar
y "Tres tristes tigres" más o
menos por la misma época, y con el mismo
gusto. Pero prefiero la segunda. Su nostalgia
me descubrió un mundo que apenas entreví
con ojos de niño. "Tres tristes tigres"
revivía las noches habaneras que mató
el desastre que usaba el futuro como pretexto
de utopías erráticas. Al respecto,
en "Mea Cuba", de la tiranía
dijo todo y dijo más Caín.
Ahora resulta que se nos ha muerto Cabrera Infante.
Siempre me resisto a creer que es cierta la muerte
de los que amo. Sigue doliendo, aunque uno casi
se esté acostumbrando a que muera la gente
buena, la que uno admira y quiere. Duele más
aún porque no pudo regresar y sus sueños
quedaron truncos. Me hubiera gustado que se enterara
de que yo era su amigo.
Los sicarios de la cultura cubana no hablaron
de su muerte. Ni siquiera para repetir los habituales
insultos. Como si le temieran y no le perdonaran
por rebasar sus cánones orwellianos. A
pesar del miedo y el odio de los comisarios, Cabrera
Infante siempre estará en nuestras letras.
Anoche, los lumínicos de antaño
de los cabarets habaneros se volvieron a esconder
por él, para decirle que ésta siempre
será su ciudad.
Freddy, la Estrella y la Lupe se unieron para
cantar la más triste de las pavanas por
Cabrera Infante. Las armonías eran del
jazz, pero se oía la clave cubana. Febrero
también puede ser un mes cruel.
Esta mañana, en el trópico, la
lluvia cae triste, y es azul.
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