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SOCIEDAD
Más
huevos con menos gallinas
Oscar Mario González, Grupo Decoro
LA HABANA, marzo (www.cubanet.org) - En una comunicación
aparecida en el periódico Granma el 23
de febrero en curso, se consigna que los avicultores
cubanos trabajarán en todo el país
para incrementar este año, en más
de un 20 por ciento, la producción de huevos.
El anuncio parece insertarse en una serie de
pronósticos halagüeños donde
se habla de aumentar petróleo, níquel,
comida, viviendas y otros en el presente año
2005.
La cuestión no tiene nada de novedosa.
En este casi medio siglo de revolución,
tres generaciones han vivido oyendo promesas que
no se cumplen, de modo que los cubanos, mientras
más viejos menos creen en ellas. Los jóvenes,
por su lado, encuentran sobrados motivos de desconfianza
al observar la actual depauperación de
la ancianidad. En fin, estamos en presencia de
un pueblo muy desconfiado, cuya incredulidad nació,
precisamente, de su enorme capacidad de entrega
y de fe.
Más aún tratándose del huevo,
con sucesivos récords productivos desde
los primeros años del trajín revolucionario,
a pesar de lo cual sólo estuvo por la libre
durante un breve período en la década
de 1980.
En este caso, la promesa parte del señor
Lázaro Quiroz, director de la Unión
de Empresas del Combinado Avícola Nacional
durante un intercambio mensual con representantes
de entidades y granjas agrícolas del occidente
del país. En la reunión se afirmó
que el plan del pasado mes de enero de la zona
occidental se sobrecumplió en 7 millones
de unidades. Todo ello en franco contraste con
la realidad, pues los 8 huevos mensuales per cápita
del mes de enero llegaron a mediados del mismo.
Queda latente la duda y la interrogante: "Adónde
se habrán metido o adónde habrán
ido a parar los siete millones de huevos".
De la mesa del cubano han estado ausentes.
Pero lo que más llama la atención
es conocer que el paso del ciclón Charley
afectó una considerable cantidad de granjas
avícolas, según mostraron las cámaras
de televisión durante todo el tiempo post
ciclónico. El propio director anunció
la pérdida de más de 800 mil aves
debido al fenómeno atmosférico.
Aún así, afirma que este año
se logrará la meta de 280 unidades por
ponedora, por lo cual se viene luchando desde
el año 2002.
Claro que a través del prisma castro-guevarista
y de las consignas de "siempre se puede más",
y "hacer más con menos", nada
parece imposible; al menos en palabras. Así
y todo, eso de aumentar la cantidad de huevos
con menos gallinas contradice la lógica
y la experiencia del guajiro, acostumbrado a la
realidad y enemigo de la cháchara y la
"paluchería".
Más aún cuando se palpa la intención
del gobierno de levantar los ánimos e insuflarle
algo de aliento a una población que, de
tanto haber confiado, ahora no cree ni en la madre
de los tomates, ni hay muerto que haga derramar
una lágrima. Ni siquiera de cocodrilo.
Pero sería bueno que en la mesa del cubano
aparecieran algunos huevos adicionales a los 8
que mensualmente pasan por la sartén del
privilegiado capitalino, y que unidos al muslito
de pollo y a la cosita de soya, conforman su existencia;
entre ferias del libro y encuentros pedagógicos;
al influjo exhortador de matricular en el club
de los 120 años para acompañar al
Comandante en el viaje sin regreso.
El cubano, hospitalario, familiar y espléndido,
añora aquellos días, aún
dentro del castrismo, que podía brindarle
un pan con tortilla y una taza de café
al pariente del interior del país cuando
venía a visitarlo. Hoy, ante la presencia
del visitante, el citadino se eriza y sus primeras
palabras son para preguntarle si vino con pasaje
de regreso.
El huevo es la fuente de proteínas más
completa y barata que ha estado al alcance del
criollo durante 46 años. El pan con tortilla
ha sido el compañero del cederista durante
las guardias para cuidar la propiedad de todo
el pueblo; y del balsero, que por no tener propiedad,
ni siquiera sobre sí mismo, se ha fugado
para auto pertenecerse, pues nunca quiso ser del
Comandante.
Bienvenida, pues, la promesa oficialista. Pero
tomémosla con reserva y escepticismo, para
que luego no se nos rompa el huesito de la alegría.
Han sido muchos los engaños, y tanto amaga
el gato al ratón que éste deja de
temerle o, "de tanto cantar, al sinsonte
se le seca el pico".
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