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SOCIEDAD
Racionamiento
irracional
Juan Carlos Linares Balmaseda
LA HABANA, Cuba - Junio (www.cubanet.org) - En
Cuba comer es un lujo. La mayoría de los
artículos alimenticios que se venden en
la red estatal de comercio interior, con excepción
de los racionados, tienen precios de obra de arte.
En las denominadas "shopins", un kilogramo
de jamón de pierna cuesta 13.30 pesos convertibles;
un kilogramo de leche en polvo marca "La
Paulina" 6.30; una lata de galletas "Saltines"
8.40. El peso convertible se cotiza oficialmente
a uno por veinticuatro pesos, que es la moneda
con que el estado paga a los trabajadores de cualquier
rama.
En los mercados estatales de precios liberados,
un mango puede costar entre 4 y 6 pesos; una libra
de carne de cerdo 35 pesos, y una libra de pan
10 pesos.
La libreta de racionamiento para la venta de
comida y artículos de uso doméstico
se instauró en marzo de 1962. En los primeros
años se vendían cárnicos,
frijoles, lácteos, pastas y dulces. Hasta
se podían elegir cantidades relativamente
suficientes y a precios módicos, unas libras
de carne de res y aves. Además de queso,
mantequilla, leche, conservas, sofritos, turrones
españoles, manzanas, refrescos y otros
productos.
Pero pasaron muchos marzos, y la libreta fue
derivando su función reguladora de la comida
para quedar sólo como un símbolo
del hambre nacional. En la actualidad la cuota
o "canastilla básica" racionada
es la expresión ínfima del simbolismo
estomacal.
Hoy, la cuota distribuida, por lo regular a comienzos
de cada mes en la red de bodegas, carnicerías,
mercaditos, puestos de viandas y de leche, se
vende de la siguiente manera: 6 libras de arroz,
20 onzas de frijoles (negros, bayos, colorados
o chícharos), media libra de aceite, 11
onzas de pescado, ocho huevos. Indistintamente
media libra o una libra de pollo. A veces picadillo
de no se sabe de qué, dos onzas de café
molido cada quince días, un panecillo de
80 gramos diariamente, media libra de pasta (espagueti,
coditos o galletas saladas), 4 u 8 libras de papas
cada tres meses.
Este racionamiento corresponde a la capital del
país. En zonas del interior el mismo se
restringe aún más.
A los menores de siete años se les vende
un kilogramo de leche en polvo cada diez días,
13 compotas al mes (a los niños comprendidos
entre un mes de nacidos y tres años), una
bolsa de yogur de soya, que contiene menos de
un litro, ya que casi siempre llegan rotas o mal
envasadas. Y una o dos veces por semana se vende
la bolsa de yogur a los niños entre 7 y
13 años.
Por dieta médica, a los menores de siete
años a quienes no les asienta la leche
en polvo se les vende 10 latas de leche evaporada.
Los productos de aseo personal y limpieza se
distribuyen así: un jabón de baño
y un jabón de lavar cada dos meses y de
forma intercalada. Es decir, un mes nos bañamos
y al siguiente lavamos la ropa sucia; un litro
de detergente líquido cada tres meses,
por núcleo familiar, no importa que el
núcleo esté compuesto por una o
veinte personas; un tubo de pasta dental para
cuatro personas. Si el núcleo tiene entre
5 y 8 miembros, se le vende dos tubos. A partir
de seis, corresponden tres tubos de pasta dental.
Esos son los productos, en lo fundamental, que
componen la cuota básica racionada, sin
descontar lo que le roban a los consumidores los
bodegueros en el momento de pesar. Lo mismo sucede
con los carniceros, los puesteros, los almaceneros
y otros que componen esta "larga cadena alimenticia".
El posible que a un chino acostumbrado a digerir
arroz por sacos le parezcan insuficientes seis
libras mensuales; o un tejano degustador de carne
por quintales piense que vivir con menos de dos
libras mensuales de proteína animal es
asunto de ciencia ficción. Pero la cruda
realidad reafirma que sí hay millones de
cubanos ajustados a esta cuota, porque no cuentan
con dinero suficiente para mejorar la dieta. Sobre
todo los pensionados, que reciben un retiro de
150 pesos, con lo que tienen que pagar la renta,
la electricidad, el agua, el gas y los medicamentos.
Una manera de enfrentar la cruda realidad es
la fórmula CVC (cómo vivir de la
cuota) que, aunque funciona en teoría,
en la práctica no da garantía alguna
de subsistencia. Se trata de subdividir los productos
racionados en 31 microcuotas, y como existen meses
de 28, 30 y 31 días, el sobrante alimenticio
que se va acumulando se puede dejar para ingerirlo
en Nochebuena, fin de año, aniversarios
de bodas, cumpleaños, o cualquier otra
fecha festiva que se escoja.
Y no es que la cuota sea coja, sino que la fórmula
CVC propone una sola comida al día para
evitar despilfarros de migajas.
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