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CORRUPCION
Un
mal de ayer, vigente hoy (III y final)
Javier Machado, Cubanacán Press
SANTA CLARA, Cuba - Junio (www.cubanet.org) -
Todas los tipos de corrupción son indeseables.
Hay corruptos que persiguen el enriquecimiento,
vivir del cuento y explotar a otros sin escrúpulos.
Otros caen en ella por necesidad, que tampoco
es justificable.
Digamos que en Cuba se obliga a corromperse
al cubano porque tiene que alimentar a su familia,
algo absolutamente necesario, por que su raíz
está en la injusticia de los mecanismos
económicos. Esta es la razón por
la que miles de cubanos languidecen sus vidas
en las cárceles, quienes movidos por la
subsistencia diaria roban, desvían recursos
de entidades estatales y de índole privada
o hurtan y sacrifican animales.
Todos sabemos de la existencia de la corrupción.
El gobierno también lo sabe. Cómo
no saberlo, si todos sabemos que existen los cuentapropistas
en diversas ramas económicas, pero el Estado
es incapaz de suministrar las materias primas
necesarias para el trabajo, o sea, no existen
los mecanismos de suministros legales, ni facilidades
de compra, ni de mercado seguro. Esa doctrina
estadual obliga al trasiego de mercancías
y productos por canales paralelos a la economía
oficial, a pesar de que los cuentapropistas no
están exentos de impuestos, multas, restricciones
y extorsiones para poder mantener los negocios.
"Si se cierran las puertas del mercado lícito
se están abriendo las puertas del ilícito",
afirma en su trabajo Valdés. Es lógico,
la gente tiene que vivir, por eso se desvían
infinidad de recursos. Eso es corrupción,
la que definitivamente no se resuelve con más
control, más cárcel, multas o más
operativos y decomisos, porque esas medidas no
curan la raíz del problema. Sólo
las libertades resuelven el problema, legalizar
lo honrado y el trabajo honesto.
Nadie quiere incurrir en ilegalidades, que es
el primer paso de la corrupción, pero sólo
se anuncian las medidas de coerción. Se
debe estimular la iniciativa personal, familiar
y empresarial para que tengan suministros directos
y mercados abiertos. Así se incrementa
la producción de bienes y servicios, como
única forma honesta de erradicar la pobreza,
consecuencia también de la corrupción.
Si no hay carne en las carnicerías, siempre
habrá personas decididas a hurtar y sacrificar
ganado porque necesitan ese alimento para satisfacer
las necesidades familiares o porque saben que
siempre tendrán mercado seguro para esa
mercancía. Por otro lado, es un acto corrupto
que se le niegue al pueblo la carne roja, mientras
que los jerarcas la consumen o la destinan al
turismo.
Sabemos que intentar arreglar el asunto sería
un rompecabezas porque la corrupción no
se resuelve solamente con medidas económicas
y administrativas. Siempre quedarán los
viciosos y depravados, pero lo importante es que
la gran mayoría regrese a la legalidad.
Una causa más profunda de la corrupción
está en la eticidad, lo humano, educacional,
porque la raíz se hace más profunda
con el deterioro moral de las personas confundidas
con los principios o paradigmas que se identificaron
con las costumbres burguesas o de otro tipo.
Es un daño antropológico manifiesto
en expresiones y diferentes grados de la doblez,
de la simulación y de la mentira. Estamos
acostumbrados a vivir en un clima de mentiras
por dentro y por fuera. Además algo falla
en la base de la familia y de la educación.
La prueba está en el aumento de la población
carcelaria, especialmente jóvenes y adolescentes.
Algo falla, no sólo en los métodos
y programas, sino en los paradigmas éticos
y antropológicos.
A menudo nos llegan noticias de que "tronaron"
al jefe tal o más cual. En el vecindario
todos sabían que esa persona vivía
a costa del desvío de recursos y de apropiaciones
indebidas. La prueba estaba ahí con su
nivel de vida y hábitos corruptos. Sucede
en la base pero también en la superestructura.
A nadie extraña que hayan "tronado"
a un jerarca de turismo hace algún tiempo,
y con él se fueron otros implicados. Más
recientemente, aunque no se dijo oficialmente,
un grupo de jóvenes que trabajaban en el
programa de La Batalla de Ideas, también
fueron "siquitrillados", por manejos
sucios de las finanzas.
Pero el problema de la corrupción en Cuba
va más allá de lo que alguien pueda
imaginarse. En las escuelas está presente
entre profesores y alumnos, en los centros laborales
ocurre entre los administradores y algunos trabajadores;
en los campos existe el trasiego de abonos, combustibles,
fertilizantes, herbicidas y otros productos debido,
a que el Estado no apoya adecuadamente al campesino.
La lista sería interminable.
El asunto es tan complejo que aunque se tomen
medidas siempre coexistirá la corrupción
con las penurias y necesidades; flagelo que en
las condiciones actuales no tiene solución,
porque sin familias unidas, sin niños,
adolescentes y jóvenes en su casa y no
todo el tiempo en la beca o en la calle, sin el
calor familiar y de los padres, sin educación
que comienza en el seno del hogar, no se erradica
la corrupción, y mucho menos con un proyecto
de arquitectura social que maniata las libertades,
ésas que generan riquezas en todos los
sentidos.
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