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SOCIEDAD
También
son nuestros
José Antonio Fornaris, Cuba Verdad
LA HABANA, Cuba - Junio (www.cubanet.org) - Lienzos
colocados en el piso, en áreas exteriores
del Capitolio Nacional, sede del Ministerio de
Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, exhibían
el pasado viernes nombres y objetos personales
de personas muertas por el SIDA en Cuba.
Como parte de la muestra, un joven leía,
a través de un altavoz, un documento que
alertaba sobre los peligros que entrañan
las relaciones sexuales irresponsables, y otro
repartía plegables con información
general referente a las infecciones de transmisión
sexual, y condones.
La muestra estaba auspiciada por el Proyecto
Café Salud, una organización que
cuenta con el apoyo del Ministerio de Salud Pública
y, al parecer, de Médicos del Mundo, de
Francia.
Hace más de veinte años se reconoció
oficialmente la existencia del SIDA en Cuba. La
primera muerte que se produjo por esa enfermedad,
aceptada por el gobierno, fue la de un joven nombrado
Carlos López, residente en el reparto Bahía,
en el municipio Guanabacoa.
Carlos era homosexual, escenógrafo del
grupo de teatro Cubana de Acero, y había
estado de visita en New York. La prensa oficial
publicó una nota sobre el deceso y su féretro
fue recubierto con plomo.
En esos momentos había decenas de miles
de tropas cubanas en África, continente
donde, se asegura, surgió la letal enfermedad.
Ningún soldado cubano se contagió
con el VIH. Al menos nunca se informó de
algún caso en los medios de comunicación.
Después del reconocimiento de la enfermedad
en la isla, los contagiados eran internados con
carácter permanente en el sanatorio "Los
Cocos", situado en Santiago de las Vegas,
municipio Rancho Boyeros.
El médico Omar del Pozo Marrero, en ese
entonces integrante del Comité Cubano Pro
Derechos Humanos, presentó ante el Ministerio
de Salud Pública su protesta por el encierro
de los enfermos de SIDA. La respuesta a la humana
preocupación del médico fue la "visita"
a su domicilio de oficiales de la Seguridad del
Estado. Al parecer, del Pozo se estaba metiendo
en algo que no le importaba.
Ahora se pueden hacer hasta exposiciones como
la del pasado viernes, denominada "Por la
vida", con nombres y objetos personales de
algunos de los que han muerto debido a la hasta
hora incurable enfermedad. Eso está bien,
porque son nuestros muertos, y porque alerta a
la protección y al cuidado de uno mismo.
Pero en algún momento también debemos
presentar lienzos, o dar información abierta
y desprejuiciada de los miles que han muerto -mucho
más que por el VIH- en los mares que circundan
la isla, tratando de abandonar el país.
Esos también son nuestros muertos.
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