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SOCIEDAD
Stalin en La Habana
Juan González Febles
LA HABANA, Cuba - Junio (www.cubanet.org) - Fui
hasta San Agustín porque me avisaron que
había por allá una buena película.
Los clandestinos tenían en existencia "El
Círculo íntimo", de Andrei
Konchalovski. La película cuenta, además
de la dirección de Konchalovski, con las
actuaciones de Tom Hulce (Amadeus) y Lolita Dadidovich.
Es una coproducción de Mosfilm y de una
productora norteamericana de California, lugar
en que reside en la actualidad el laureado director
ruso.
Los bancos clandestinos de video deparan muy
buenas sorpresas de vez en cuando. Pero en el
caso del Círculo la connotación
era demasiado directa. Acudí a casa de
un amigo para disfrutar del filme. Lo hice en
compañía de un grupo bastante heterogéneo:
Dos muchachas estudiantes de estomatología,
un joven botero clandestino que usa el "almendrón"
materno, mi amigo y su esposa, y los padres del
botero y propietarios del "almendrón",
del televisor, del video y de todo lo demás.
No quiero hacer la reseña de un filme
visto en su momento por los cinéfilos con
posibilidades en el mundo libre. Voy a referirme
al impacto de la figura de Stalin y de los personajes
interpretados por Hulce y Dadidovich en La Habana.
Iván Shanin y su esposa Nastasia tienen
un origen campesino. En el Moscú de la
era de Stalin podrían ser cualquier pareja
de inmigrantes del interior del país.
Konchalovski le apretó el pecho a todo
el mundo en esa sala. Pero no es lo mismo Moscú
que La Habana. Cuestión de idiosincrasia.
Las opiniones que recogí en la pequeña
encuesta que hice al terminar la película,
fueron las siguientes:
Estudiante de estomatología1: "No
parece real (Stalin), demasiado malo. Se parece
al de aquí. Las cosas de allá se
parecen mucho a las cosas de aquí. La gente
nuestra es distinta. Esos pobres rusos se lo creían
todo. Aquí la gente es más inteligente.
Fingen para no buscarse problemas. El sistema
es malísimo. Vamos a tener que esperar
a que se muera como pasó en Rusia".
Estudiante de estomatología 2: "Igualito
que el de aquí. Un sabelotodo rodeado de
guatacas. Pero muy peligroso. Claro, aquí
hay cosas que no se pueden hacer. Nosotros somos
cubanos; somos diferentes. Esa pobre gente sufrió
mucho. La Plaza, las marchas, todo se parece mucho
a "esto". Este también ha matado.
En aquella época no había gente
de los derechos humanos. Aquel tipo se podía
mover mejor. De todos modos habrá que esperar
a que se muera".
Joven botero clandestino: "¡Del carajo!
Esos rusos estaban mareados con ese tipo. Aquí
hay mareo, pero no es igual. La chivatería
es la misma. También el abuso con el pueblo.
Pero nosotros somos distintos. Aunque el de allá
sea gemelo del de aquí. El problema está
en que los cubanos no nos parecemos a nadie. Si
nos obstinamos buscamos una balsa, una llanta,
cualquier cosa para irnos".
Padre de joven botero clandestino y dueño
de la casa: "¡Del carajo! Parece mentira
que haya comunistas todavía. En Cuba nadie
podía creer que eso fuera así. Lo
que nos salva es que todo lo tiramos a relajo.
Por eso éste no puede hacer las cosas así.
Pero eso sí, la intención era mala
y era así mismo. Mira los retratos, las
marchas, las plazas y todo lo demás. Vamos
a tener que esperar a que se muera".
La dueña de la casa no terminó
de ver el filme. Se sintió muy deprimida
y se marchó de la sala. Dijo que todo eso
era demasiado para ella.
Bueno es señalar -además de las
opiniones de los asistentes a la función-
el servicio que prestan los bancos de video clandestino,
y cualquier otra forma de romper la censura impuesta
por el régimen. La película de Konchalovski
es una prueba palpable de ello.
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