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RELIGION
Celebra
Monseñor Meurice 50 años de sacerdocio
SANTIAGO DE CUBA, Cuba - 27 de junio (Jorge Ramón
Castillo, ICDPRESS / www.cubanet.org) - El Arzobispo
de Santiago de Cuba, Monseñor Pedro Meurice
Estío, celebró este sábado
sus 50 años de sacerdocio y ofreció
declaraciones exclusivas a este buró de
prensa independiente.
El prelado confesó sentirse a cincuenta
años de su ordenación "un siervo
inútil".
"Sé que yo he sido un siervo inútil,
pero sólo he tratado de servir a Dios,
a mi Iglesia y a mi Patria".
Expresó también su agradecimiento
a todas las personas que durante estos años
le han ayudado a salir adelante y reveló
que su única gran verdad es tratar de seguir
siendo fiel a Dios, a su Iglesia y a su pueblo,
pase lo que pase.
El Cardenal de Cuba, Jaime Ortega Alamino, viajó
desde La Habana especialmente para participar
en la celebración.
El resto de los obispos católicos cubanos,
que suman 10, acompañados por 32 sacerdotes,
cinco diáconos y 12 acólitos, junto
a más de dos mil fieles, hicieron estremecer
la catedral santiaguera durante 10 minutos con
sus aplausos mientras Monseñor P. Meurice
caminaba hacia la butaca principal al fondo del
templo.
Una representación el gobierno cubano
encabezada por la Directora de la Oficina de Asuntos
Religiosos en la provincia, Grisel Ochoa, también
asistió al acontecimiento.
La misa transcurrió en un ambiente donde
se combinaban el respeto y la alegría de
todos los allí presentes por las bodas
de oro de este sacerdote tan querido por el pueblo
cubano.
Aunque la mayoría deseaba escuchar a Monseñor
Meurice, las palabras del Padre Rafael Ángel
López-Silverio arrancaron otro descomunal
aplauso. El párroco hizo alusión
al enorme trabajo pastoral del arzobispo, pese
a los momentos tan difíciles que le tocó
vivir.
"Sólo se llega a 50 años de
sacerdocio cuando la propia vida del sacerdote
es una constante acción de gracias a Dios
... Pedro Meurice ha vivido aquí (en Cuba)
con nosotros, por nosotros y para nosotros",
señaló el orador.
Apuntó, además, que Monseñor
es parte ya de la historia de Cuba y que los pueblos
no pueden darse el lujo de perder su memoria histórica,
pues con ello pierden también su libertad.
La figura del extinto Arzobispo Enrique Pérez
Serantes saltó de inmediato al comenzar
a hablarse de memoria histórica. El Padre
expresó la profunda influencia que ejerció
este pastor en la vida de Monseñor Meurice,
a quien él mismo el 26 de junio de 1955
ordenó como sacerdote, y el 30 de agosto
de 1967 como obispo.
La intimidad entre Meurice y su predecesor llegó
a catalogarse como una relación entre un
padre y un hijo muy querido. Al morir Pérez
Serantes, y con sólo 38 años de
edad, Pedro Meurice asumió el gobierno
de la arquidiócesis por designio del Papa
Pablo VI en 1970, para asombro de muchos.
Ya avanzada la celebración se dio lectura
a una carta enviada por el Papa Benedicto XVI
al Arzobispo Primado de Cuba.
"No queremos que falte nuestra voz este
día tan especial de su jubileo por los
50 años de vida sacerdotal. Estamos seguros
de que miles de sus fieles estarán con
usted en esos momentos. Llegue a usted nuestra
bendición y nuestras felicitaciones",
expresa en una de sus partes la misiva del Santo
Padre, de fecha 26 de mayo de 2005.
Una profesora jubilada, Olga López, manifestó
que los centenares de personas que acudieron a
la catedral lo hicieron por el amor que sienten
al pastor y no porque fueran obligados de ningún
modo a participar, como sucede con las concentraciones
que organiza el gobierno.
El pueblo cantó el tema Virgencita del
Cobre a petición de Monseñor. Una
canción al parecer muy especial para él
donde se venera la imagen de la Virgen de la Caridad
del Cobre, Patrona de Cuba.
Al finalizar la misa las calles fueron tomadas
por la muchedumbre que se trasladó a la
iglesia San Francisco de Asís, ubicada
a unos 500 metros de la catedral, donde se realizó
un brindis gigantesco a más de dos mil
invitados.
El Cardenal Ortega y Monseñor Meurice
se reunieron con la curia cubana en el salón
principal de la casa-vivienda, donde compartieron
durante 30 minutos.
Más tarde el arzobispo, vestido completamente
de negro, despidió al Cardenal y aprovechó
el marco para intercambiar con algunos fieles
en el amplio patio franciscano.
A las 2 y 20 de la tarde Monseñor Meurice
abandonó el recinto, reflejando en su rostro
la alegría de un pastor que saborea el
placer de compartir íntimamente con su
rebaño.
El cielo, que había amenazado con oscuros
nubarrones y chubascos durante los días
anteriores, concedió una jornada soleada
como regalo a los 50 años de entrega de
este hombre de Dios.
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