PRENSA INDEPENDIENTE
Junio 28, 2005
 

RELIGION
Celebra Monseñor Meurice 50 años de sacerdocio

SANTIAGO DE CUBA, Cuba - 27 de junio (Jorge Ramón Castillo, ICDPRESS / www.cubanet.org) - El Arzobispo de Santiago de Cuba, Monseñor Pedro Meurice Estío, celebró este sábado sus 50 años de sacerdocio y ofreció declaraciones exclusivas a este buró de prensa independiente.

El prelado confesó sentirse a cincuenta años de su ordenación "un siervo inútil".

"Sé que yo he sido un siervo inútil, pero sólo he tratado de servir a Dios, a mi Iglesia y a mi Patria".

Expresó también su agradecimiento a todas las personas que durante estos años le han ayudado a salir adelante y reveló que su única gran verdad es tratar de seguir siendo fiel a Dios, a su Iglesia y a su pueblo, pase lo que pase.

El Cardenal de Cuba, Jaime Ortega Alamino, viajó desde La Habana especialmente para participar en la celebración.

El resto de los obispos católicos cubanos, que suman 10, acompañados por 32 sacerdotes, cinco diáconos y 12 acólitos, junto a más de dos mil fieles, hicieron estremecer la catedral santiaguera durante 10 minutos con sus aplausos mientras Monseñor P. Meurice caminaba hacia la butaca principal al fondo del templo.

Una representación el gobierno cubano encabezada por la Directora de la Oficina de Asuntos Religiosos en la provincia, Grisel Ochoa, también asistió al acontecimiento.

La misa transcurrió en un ambiente donde se combinaban el respeto y la alegría de todos los allí presentes por las bodas de oro de este sacerdote tan querido por el pueblo cubano.

Aunque la mayoría deseaba escuchar a Monseñor Meurice, las palabras del Padre Rafael Ángel López-Silverio arrancaron otro descomunal aplauso. El párroco hizo alusión al enorme trabajo pastoral del arzobispo, pese a los momentos tan difíciles que le tocó vivir.

"Sólo se llega a 50 años de sacerdocio cuando la propia vida del sacerdote es una constante acción de gracias a Dios ... Pedro Meurice ha vivido aquí (en Cuba) con nosotros, por nosotros y para nosotros", señaló el orador.

Apuntó, además, que Monseñor es parte ya de la historia de Cuba y que los pueblos no pueden darse el lujo de perder su memoria histórica, pues con ello pierden también su libertad.

La figura del extinto Arzobispo Enrique Pérez Serantes saltó de inmediato al comenzar a hablarse de memoria histórica. El Padre expresó la profunda influencia que ejerció este pastor en la vida de Monseñor Meurice, a quien él mismo el 26 de junio de 1955 ordenó como sacerdote, y el 30 de agosto de 1967 como obispo.

La intimidad entre Meurice y su predecesor llegó a catalogarse como una relación entre un padre y un hijo muy querido. Al morir Pérez Serantes, y con sólo 38 años de edad, Pedro Meurice asumió el gobierno de la arquidiócesis por designio del Papa Pablo VI en 1970, para asombro de muchos.

Ya avanzada la celebración se dio lectura a una carta enviada por el Papa Benedicto XVI al Arzobispo Primado de Cuba.

"No queremos que falte nuestra voz este día tan especial de su jubileo por los 50 años de vida sacerdotal. Estamos seguros de que miles de sus fieles estarán con usted en esos momentos. Llegue a usted nuestra bendición y nuestras felicitaciones", expresa en una de sus partes la misiva del Santo Padre, de fecha 26 de mayo de 2005.

Una profesora jubilada, Olga López, manifestó que los centenares de personas que acudieron a la catedral lo hicieron por el amor que sienten al pastor y no porque fueran obligados de ningún modo a participar, como sucede con las concentraciones que organiza el gobierno.

El pueblo cantó el tema Virgencita del Cobre a petición de Monseñor. Una canción al parecer muy especial para él donde se venera la imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre, Patrona de Cuba.

Al finalizar la misa las calles fueron tomadas por la muchedumbre que se trasladó a la iglesia San Francisco de Asís, ubicada a unos 500 metros de la catedral, donde se realizó un brindis gigantesco a más de dos mil invitados.

El Cardenal Ortega y Monseñor Meurice se reunieron con la curia cubana en el salón principal de la casa-vivienda, donde compartieron durante 30 minutos.

Más tarde el arzobispo, vestido completamente de negro, despidió al Cardenal y aprovechó el marco para intercambiar con algunos fieles en el amplio patio franciscano.

A las 2 y 20 de la tarde Monseñor Meurice abandonó el recinto, reflejando en su rostro la alegría de un pastor que saborea el placer de compartir íntimamente con su rebaño.

El cielo, que había amenazado con oscuros nubarrones y chubascos durante los días anteriores, concedió una jornada soleada como regalo a los 50 años de entrega de este hombre de Dios.


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