PRENSA INDEPENDIENTE
Junio 27, 2005
 

SOCIEDAD
Figuras en jefe

Juan González Febles

LA HABANA, Cuba - Junio (www.cubanet.org) - Una de las sociedades más fragmentadas del mundo es la sociedad cubana. El triunfo de la revolución de 1959 inauguró la etapa de mayor división ciudadana que ha conocido Cuba a lo largo de su historia republicana. Nuevos y más complejos conflictos se sumaron a los ya existentes. Las tensiones no resueltas del racismo y las contradicciones capital-trabajo dejaron de ser únicas. Se abrieron paso nuevas problemáticas emergentes.

Entre las nuevas discriminaciones inauguradas por el régimen de Fidel Castro están las confesionales. Estas se cuentan por motivos políticos, religiosos y sociales. Las dictadas por prejuicios, como las impuestas a homosexuales de ambos sexos. Las llevadas a cabo contra los cultores de la música y el modo de vida norteamericanos.

Junto a toda esta situación floreció un nepotismo inspirado en razones de corte ideológico. Esta práctica conserva su vigencia y permanencia con algunas variantes.

El culto a la personalidad de la primera figura originó réplicas en todas las actividades, a todos los niveles. Aparecieron feudos personales con sus pequeñas "figuras en jefe". Estos replicantes del poder omnímodo del Comandante practican, a su vez, el autoritarismo personal. Lo hacen a escala, siguen el modelo vertical que les sirve de guía e inspiración.

Hace años fue necesario convencer a la señora Alicia Alonso para que permitiera la presencia de negros en el Ballet Nacional de Cuba. La dama no los permitía, alegando razones estéticas. Disponía de toda la autoridad para imponer su voluntad. A fin de cuentas, ella era la figura en jefe a cargo de esa actividad. Contaba con la bendición y confianza del Comandante.

Pues bien, una orden autoritaria, seca y precisa, autorizó -mejor dicho, impuso- la presencia de negros en el Ballet Nacional. Lo singular del incidente es que bastó para borrar completamente todos los prejuicios raciales de la señora Alonso. Tuvo el mismo efecto balsámico de una conversión religiosa. Fue instantánea, profunda y espectacular.

Estos reflejos del efecto de la autoridad central se hacen sentir en todas las manifestaciones del quehacer humano en Cuba. Pero debe señalarse que al menos en las esferas del arte, la cultura y la ciencia, cada figura en jefe ostenta logros mínimos sobre los que fundamentan su ascenso.

Ahí están los feudos científicos. Pasemos revista a los clanes de los Marinello en la oncología; Álvarez Cambra en ortopedia, y el Dr. Peláez en oftalmología.

Volviendo a los artistas, el cantautor oficial y diputado Silvio Rodríguez, creó -con la bendición oficial- su clan de Producciones Abdala. Allí es figura en jefe. Sin embargo, al también cantautor Pablo Milanés no le fue posible consolidar su PM Records.
Los hechos que derivaron en el naufragio del proyecto de Milanés tuvieron lugar bajo el mandato del Sr. Armando Hart, cuando era ministro de Cultura.

En aquel momento se rumoró mucho sobre un turbio episodio de racismo. Aunque no es posible aportar en este trabajo un dictamen definitivo, lo cierto es que ningún negro o mestizo es figura en jefe de algo en Cuba. A lo más que se llega es a la precariedad de un cargo de ministro o de secretario de algo. Esa es la norma.

Donde la situación es más penosa es en los campos político, económico y militar. Aquí falta talento y brillo autóctono. En casi todos los casos son figurillas grises con un mayor o menos olfato cortesano.

Cuando pierden el favor del Comandante desaparecen y nadie oye hablar de ellos. Lo más patético es que nadie desea saber cuál fue la suerte corrida por éstos.

La aparición de feudos personales de poder en la sociedad cubana, y su permanencia, es la causa principal (o una de las principales) para el estancamiento. También su práctica y recurrencia son abono para el caudillismo.

Quizás por esto el cine cubano es historia. Sólo lo salva la obra y el recuerdo de Tomás Gutiérrez Alea. El cine es también feudo personal. Allí comparten prerrogativas los señores Alfredo Guevara y Julio García Espinosa.

Los feudos personales dependen totalmente del brillo, el esplendor y la vitalidad de los señores. El envejecimiento y embotamiento de los señores Guevara y Espinosa mataron al cine. Así de sencillo.

Los formados y deformados por estas prácticas están marcados. Donde quiera que van llevan en el alma el estigma de esta formación. Quizás la apertura democrática les abra nuevas perspectivas. Es posible que aprendan a vivir dentro de las reglas de una sociedad libre y abierta. Quizás hasta lleguen a aceptar la competencia en términos justos y equitativos. Crucemos los dedos para que así sea.

 


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