|
ECONOMIA
La
causa principal
Ariel Delgado Covarrubias
LA HABANA, Cuba - Junio (www.cubanet.org) - En
los distintos análisis sobre la fracasada
zafra recién concluida, todos los especialistas
y analistas coinciden en el determinante papel
desempeñado por la sequía para el
triste logro de la peor contienda en todo un siglo.
No falta razón, pues la adversa jugada
meteorológica deterioró mucho más
los ya diezmados campos de la verde gramínea,
y con ello impidió el necesario abastecimiento
de la materia prima a los ingenios.
Pero en un análisis integral ese causal
no es el determinante, si se tiene en cuenta que
esa afectación no es exclusiva de la agridulce
isla. Estadísticamente se aprecia que la
curva descendiente de ese rubro productivo se
venía incrementando con el paso de los
años.
Es criterio de este periodista que la causa principal
de tan progresivo y lamentable deterioro tiene
que ver más con razones políticas
que ambientales, organizativas, productivas y
de mercado.
Cuba llegó a ser durante el pasado siglo
la mayor exportadora de azúcar de caña
del mundo, al punto que en el análisis
de los precios en el mercado internacional se
tomaba como base el llamado "FOB Havana".
Una cultura de producción eficiente, desde
los campos hasta los centrales, se fue forjando
con el paso de los decenios, al punto que la zafra
definía la vida económica y política
del país.
Con el triunfo del castrismo, la política
pasó a regir todas las actividades, y en
el ámbito económico existía
la tendencia de tratar de salir del monocultivo
azucarero y diversificar la economía con
otras producciones, recurso loable y recomendado
desde siempre por muchos economistas que veían
la dependencia del país con el dulce como
uno de sus talones de Aquiles.
Pero la política implantada por el nuevo
gobierno tomó rumbos equivocados. La expropiación
de los centrales y las tierras, y la centralización
de su producción barrieron de lleno con
el conocimiento acumulado de muchos especialistas
que emigraron o fueron trasladados o "promovidos"
a otras actividades "más importantes".
Se trazó una estrategia única con
un presupuesto centralizado sin atender a las
peculiaridades propias de cada provincia, zona
o central que permitían un mejor aprovechamiento
de los recursos naturales y humanos. Y en los
años iniciales se descapitalizó
la actividad en beneficio de otras donde la falta
de un estudio serio dirigido al mercado y la carencia
de experiencia productiva dieron al traste con
esos loables empeños.
Con la entrada de Cuba al llamado Sistema Socialista
Mundial la actividad azucarera se reevaluó
dado la necesidad que tenían los países
de ese bloque de un dulce más barato que
el obtenido con la remolacha. Y para garantizar
las producciones solicitadas se realizaron multimillonarias
inversiones en tecnología e insumos, con
la visión de aplicar los recursos de la
ciencia y la técnica a esa actividad y
"humanizar ese trabajo". Se rompía
así la tradición de nuestra producción
azucarera, donde con pocos recursos se alcanzaban
altos volúmenes de producción, con
una alta eficiencia y con costos que en general
hacían la zafra rentable.
Las altas cifras alcanzadas durante los años
60, 70 y 80 se lograron con un intenso uso de
fertilizantes, herbicidas y maquinaria que trajeron
como consecuencia el agotamiento de la fertilidad
de los suelos y su compactación, incrementada
a su vez por la no rotación de cultivos
y la desestimulación del productor agrícola,
cuya actividad fue considerada la "oveja
negra" del Ministerio de la Industria Azucarera
(MINAZ).
La producción azucarera se convirtió
en el elemento clave de la economía cubana,
regresando al monocultivo y la monoproducción
en lo referente a los valores exportables del
país. Los precios preferenciales pagados
por el mercado socialista compensaban con creces
la creciente ineficiencia y con ello se deformaba
el sistema productivo.
Tal situación entró en crisis con
la caída del Muro de Berlín y el
fin del Socialismo Real como sistema mundial.
Se perdieron los mercados con precios preferenciales,
y el flujo constante de recursos tecnológicos
y combustible cesó. Ahora la isla tenía
que salvar su industria con sus propios medios
y recursos en medio de precios nada alentadores
en el mercado azucarero internacional.
La estrategia gubernamental decidió entonces
apostar a la carta del turismo y la biotecnología
como elementos salvadores, y a ellos dedicó
la mayor parte de sus inversiones, provenientes
precisamente del azúcar vendido. Y lejos
de reforzar esa producción con las inversiones
necesarias, éstas comenzaron a disminuir
abruptamente.
Basta como referencia, saber que de acuerdo con
los indicadores de la agricultura cañera,
base de la producción, comparados entre
los años 1993, en pleno Período
Especial y 1989, el último de los de la
anterior etapa, la siembra de caña disminuyó
en el 55 %, el cultivo total el 62 %, la limpia
manual en el 40 %, la limpia con herbicidas el
20 %, la fertilización nitrogenada el 25
% y la fertilización con fósforo
y potasio el 100 % (desaparición total
de esta actividad). Con tales resultados constituye
una quimera el sueño de alcanzar grandes
producciones azucareras con el actual sistema.
La descapitalización de ese sector es
la causa principal, aunque no la única,
del ocaso de la industria y agricultura azucarera.
En el período comprendido entre 1996 y
2001, las inversiones en la industria azucarera
(no se contempla la agricultura) sólo alcanzaron
el 6,6 % de todas las inversiones realizadas por
el país. Por lo tanto, no es de extrañar
sus resultados.
Podremos retornar a un régimen adecuado
de lluvias y se podrán tomar todas las
medidas organizativas necesarias (que son muchísimas),
pero si no se capitaliza con inversiones fuertes
a este sector, la producción seguirá
decreciendo, y la tradición azucarera cubana
se perderá como se perdió la de
la producción ganadera y la de construcción
de buques con las excelentes maderas cubanas que
existían. Un cambio de política
se hace necesario, imprescindible, si se quiere
salvar esa tradición productiva cubana.
|