PRENSA INDEPENDIENTE
Junio 22, 2005
 

ECONOMIA
Las grandes transformaciones chinas. Los cubanos y la experiencia china (II)

Oscar Espinosa Chepe

LA HABANA, Cuba - Junio (www.cubanet.org) - Los cubanos no somos chinos. Así declaran enfáticamente los "cabezas calientes" del patio cuando algunos, aunque sea tímidamente, expresan la conveniencia de examinar con seriedad la experiencia china (y de Viet Nam) de los últimos decenios, y eventualmente adaptar a nuestra realidad los mecanismos económicos y sociales que tan excelentes resultados han dado en Asia, con el propósito de utilizarlos como herramientas que nos ayuden a salir de la interminable crisis que azota al país.

Realmente somos bastante diferentes a los habitantes de la remota China. Nuestra manera de ser y comportarnos ante la vida nos hace distintos. Las tradiciones, historia y cultura cubanas, sólidamente influidas por Occidente, nos tornan ajenos a la milenaria y rica cultura china.

No somos tan disciplinados y pacientes. Físicamente no nos parecemos, aunque algunas de nuestras mujeres tienen bellos ojos oblicuos, que tanto gustan, y hemos acuñado la palabra "China" para expresar cariño a nuestras parejas. Ese término cambia de género cuando la expresa una cubana. Nuestros lenguajes son tan diferentes que al no entender a alguien decimos: "Estás hablando en chino".

Todas estas disparidades podrían llevar a pensar que nuestras "cabezas calientes" maximalistas tienen la razón. No obstante, un análisis más profundo refleja que, aún cuando son reales las diferencias apuntadas, y posiblemente otras más, existen muchas coincidencias en los problemas afrontados por cubanos y chinos en los últimos decenios, por lo que sería de gran utilidad acercarnos al escenario asiático.

Somos seres humanos que sentimos y padecemos en un mismo y complicado planeta. Nuestras historias recientes guardan muchas similitudes dado que hemos padecido, y aún padecemos -sobre todo los cubanos- sociedades estatistas y centralizadoras.

Ciertamente, las experiencias chinas anteriores a 1978 fueron más traumáticas que las sufridas por los cubanos. Nuestra Revolución Cultural Tropicalizada de los años 60 no llegó a los extremos chinos, por suerte. Sin embargo, tuvimos nuestra variante de Guardias Rojos y extremistas, que se han ido adaptando a las nuevas circunstancias, con rebrotes frecuentes.

Nuestra sociedad también está fragmentada, aunque en nuestras condiciones la Isla juega el papel de la China continental, y nuestro Taiwan se encuentra en la Florida, con diversos islotes diseminados por el mundo.

"Nuestra diáspora taiwanesa" también es un ejemplo de éxito económico, político y social. Ha demostrado la capacidad de los cubanos, cuando tienen posibilidades de desplegar el intelecto y las iniciativas, de triunfar en una sociedad tan competitiva como la norteamericana. Hecho reconocido internacionalmente y que constituye también un verdadero milagro, el cual debe llenar de orgullo a todos los cubanos.

Una comunidad relativamente pequeña, de aproximadamente 1,5 millones de personas, está representada en el legislativo estadounidense por cuatro representantes y un senador, y en el ejecutivo por un secretario. Muestra fehaciente de lo que son capaces los cubanos.

Lo anteriormente señalado nos lleva a pensar que los últimos contactos entre personalidades de China y Taiwan podrían de alguna forma servir como ejemplo a los cubanos para salir de la terrible crisis en que nos encontramos. Más aún si tenemos en cuenta que los antagonismos chinos tienen antecedentes mucho más largos, crueles y terribles que los presentes en nuestro drama nacional.

Hoy, tanto en Cuba como en nuestra comunidad exterior, se observan claros indicios de una tendencia hacia la reconciliación nacional. En la Isla, la inmensa mayoría de los ciudadanos apoya ese derrotero, con justicia social y oportunidad para todos. Está dispuesta a olvidar el odio y la revancha para construir una unidad nacional que en ningún momento significaría la pérdida de identidades políticas propias.

Por el contrario, cada día es más evidente que la policromía ideológica desplegada en un marco civilizado y responsable, más que un obstáculo constituye una gran riqueza.

Esa misma tendencia hacia la reconciliación poco a poco se está imponiendo entre nuestra comunidad en el exterior. Estas no son meras palabras. Lo confirma el documento recientemente publicado "Pilares para un consenso" o las importantes propuestas realizadas por el Grupo de Trabajo Memoria, Verdad y Justicia, entre otros esfuerzos que se aprecian al otro lado del Estrecho de la Florida y diversos lugares del mundo donde residen compatriotas.

Desde el punto de vista económico, la reconciliación y la unidad podrían traer indudables ventajas para la reconstrucción de nuestro hogar nacional. Cuba cuenta con el recurso más importante para el desarrollo: una población activa, capaz de muchas iniciativas y con niveles de preparación técnico-cultura relativamente elevados para el Tercer Mundo. Estas características no son ninguna ficción pues, como señaláramos anteriormente, han sido demostradas en competitivas sociedades.

A la reconstrucción nacional, como ha pasado en China, se incorporarían nuestros exitosos hermanos del exterior; con valiosos recursos materiales y financieros, y con elementos todavía más indispensables actualmente para el desarrollo: tecnología, capacidad de gestión, conocimientos y acceso al mercado internacional, entre otros activos intangibles.

La cercanía de Cuba a Estados Unidos, el mercado más rico y de mayor desarrollo científico-técnico del mundo, con una de las más grandes y dinámicas poblaciones hispanoparlantes en el planeta, representa una de las mayores ventajas comparativas de la Isla. Es de esperar que la exitosa comunidad cubana de Estados Unidos constituya un vehículo eficaz para propiciar un óptimo entendimiento entre ambas riberas del Estrecho de la Florida y, como consecuencia, una fructífera cooperación, sobre la base del respeto y beneficio mutuos.

La opción está clara: la reconciliación es el único camino posible. Sabemos que el camino está lleno de obstáculos; conocemos que las "cabezas calientes", apostados a ambos lados del mar, pondrán todas las dificultades para demorar el abrazo nacional, pero no podrán evitar que en nuestra querida patria se imponga la comprensión.

En La Habana también oiremos palabras similares a las pronunciadas por Lien Chan, presidente del Kuomintang, en su reciente visita a China: "No podemos cambiar el pasado, pero podemos aprovechar las oportunidades del futuro".

Fuentes

- El Mercado Dirigido. La teoría económica y la función del gobierno en la industrialización del Este de Asia. Robert Wade, Fondo de Cultura Económica, 1999.
- Revista The Economist, Economic and Financial Indicators.
- Crónicas de un desastre. Apuntes sobre la economía cubana, Oscar Espinosa Chepe, Editorial Hispanocubana. Madrid, 2004.
- El ascenso de China. Revista Foreign Policy. Febrero/Marzo 2005.
- Las empresas chinas saltan la muralla. Revista Foreign Policy, Diciembre/Enero 2005.
- BBC Mundo.
- El inestable occidente chino. Joshua Kurlantzick. Revista Foreign Affaire No. 4/2004.
- Cables EFE, AP, AFP, Reuters.
- Semanario Orbe, periódicos Granma y Juventud Rebelde.


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