PRENSA INDEPENDIENTE
Junio 22, 2005
 

SOCIEDAD
Buena memoria para un día de los padres

Jorge Olivera

LA HABANA, Cuba - Junio (www.cubanet.org) - Me dejó con el adiós a flor de labios. Se fue a otra galaxia con sus tenues defectos y las virtudes que supe disfrutar como un discípulo siempre atento. Nunca imaginé su silencio, hecho de abismos y catástrofes. El viaje era definitivo. Había muerto un día de enero de 2003 por un decreto celestial. A sus 76 años terminaba su trayectoria -para mí- breve y única.

Era mi padre, físicamente pisoteado por el tiempo, con sus arrugas y sus canas exteriorizando su sabiduría y el conocimiento que los años se encargaron de imprimirle, un sello particular de belleza.

Hay padres que se enquistan en la memoria. Están presentes cada día, por el recuerdo de un consejo oportuno, el despliegue ético a prueba de tropiezos y el inspirador sentido del deber. Se les extraña en el fragor de un regaño y también en un abrazo que se siente como un premio. Un padre no es ser que trasciende sólo por su masculinidad. Aparte de constituir éste un elemento complementario para la procreación, es importante su institución como factor unificador de la familia. Ambas características conformaban la personalidad de mi progenitor. De él conservo la voz grabada en mi mente; las respuestas a cada interrogante con el tono diligente de la fraternidad.

Muchos han hecho de la paternidad una tarea universal. Su amor ha roto fronteras para imponer la justicia y reparar las imperfecciones humanas proclives a convertirse en engendros. La Humanidad no ha carecido de hombres talentosos que tuvieron como premisa hacer del bien- algunas veces contra toda esperanza- una práctica incondicional y cotidiana, viendo a su prójimo como a hijos por encaminar y auxiliar. Cuando se diga padre, es justo evocar nombres como los de Abraham Lincoln, Martín Luther King, Mahatma Gandhi, José Martí. Ellos tuvieron esa mirada con la que un progenitor cubre a los hijos que merecen ser atendidos sin dilaciones. Hombres de su naturaleza no vieron al planeta Tierra como un simple interés geográfico, sino como si éste fuese la casa que eligieron para hospedar su amor y virtud junto a sus honorables descendencias.

Hoy pienso en los padres que nos salvan de la mediocridad. En el mío balanceándose en el viejo sillón de madera y en los otros, los de todos, que me dejaron ilustres vivencias e imágenes en cada una de sus biografías. No me faltan atenciones levitando sobre mi conciencia.

Para los que están presos o luchan con ahínco por romper esquemas represivos en cualquier parte, llegue mi recuerdo como un haz de luz en medio de sus tinieblas. Definitivamente son padres dispuestos a insertar su legado en este mundo de tensiones. Es muy posible que ellos a su vez sean hijos que traducen en sus acciones las enseñanzas tomadas de la fuente paterna.

Creo que contar con un buen padre es una suerte sin paralelos. Es tener un profeta, un mentor un amigo fiel, conviviendo con uno. Alguien mitad humano y mitad Dios. Dar gracias por ello en un día como éste es la mejor oración que puedo dedicarle a la memoria del que partió hace dos… o tantos años ya.


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