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POLITICA
Visitar a Cuba
Tania Díaz Castro
LA HABANA, Cuba - Junio (www.cubanet.org) - Si
el novelista valenciano Vicente Blasco Ibáñez
visitara Cuba, no podría escribir lo mismo
que en 1923, cuando visitó La Habana y
elogió los parques recién trazados,
la magnífica higiene, las comodidades materiales
de la civilización, los nuevos y bellos
barrios que ensanchaban la ciudad, el movimiento
de los ciudadanos en las calles, la espléndida
jardinería del trópico en parques,
monumentos, aceras y construcciones, que recordaban
al escritor los patios de Sevilla.
La había imaginado el intelectual español
como en sus cuentos infantiles, "donde las
casas debían ser de caramelo y no había
más que agacharse para comer tierra cristalina
y dulce". Y vio a Cuba como una nación
próspera, una isla de riquezas mil, un
paraíso "por su fisonomía aseñorada
y tranquila". Se sorprendió con los
periódicos habaneros y visitó sus
grandes y modernísimos talleres, tal y
como existían en New York. Pero sobre todo,
ante un sinnúmero de publicaciones muy
variadas, en un país que apenas llegaba
a los tres millones de habitantes. Y describió
a La Habana como "una de las capitales más
higiénicas del mundo". Así
lo dejó escrito en su libro "La vuelta
al mundo de un novelista", donde dedicó
varias páginas a la mayor de las Antillas,
y describió con maestría países
como Estados Unidos, Japón, Corea, China,
India, Egipto y muchos otros que conoció
en su largo viaje.
Hoy son otros los intelectuales que nos visitan,
cómplices de un silencio que no descubren
en la población, encerrados en un majestuoso
palacio político como para que no puedan
descubrir el deterioro y la insalubridad de nuestras
ciudades en ruinas y sin luz eléctrica
la mayor parte del tiempo; y la miseria, el atraso
del país.
Guardan silencio también sobre la perversidad
de un régimen que encarcela a opositores
pacíficos, fieles a un socialismo de viejo
cuño y negado a compartir ni siquiera una
pequeña cuota de poder.
Al poeta brasileño Thiago de Mello, por
ejemplo, no le preocupa que los niños cubanos,
hasta los que son hijos de personas religiosas,
estén obligados a ser como Che, aunque
en sus casas le digan lo contrario. ¿No
es peor eso que el daño que se le pueda
causar al hombre en la Amazonia, donde según
él, reside hace 27 años?
El escritor cubano Osvaldo Martínez se
refirió a que hay más personas con
acceso a Internet en New York que en toda África.
Parece que ignora que en Cuba sólo tienen
acceso a Internet en sus propias casas los que
autoriza el régimen.
El jamaicano Keith Ellis describió las
consecuencias del llamado bloqueo norteamericano
contra Cuba, pero no pudo comprobar con sus propios
ojos la guerra que libra el pueblo contra el régimen,
empeñado el cubano en mantener un libre
comercio a pesar de la represión gubernamental.
Ni tampoco se refiere al lugar que ocupa la Isla
como socio comercial de Estados Unidos.
Ellos y muchos otros vinieron a compartir con
el gobierno y no con los pobres de esta Isla.
Formaron parte de un reducido contingente de intelectuales
socialistas de nuevo cuño al Congreso Internacional
Cultura y Desarrollo, precisamente en un país
de espaldas al desarrollo desde 1959, subsidiado
primeramente por la Unión Soviética,
y por último por los petrodólares
de Hugo Chávez, con vistas a prolongar
un poco más el totalitarismo terrorífico
que sufrimos los cubanos.
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