PRENSA INDEPENDIENTE
Junio 20, 2005
 

ECONOMIA
Las grandes transformaciones chinas (I)

Oscar Espinosa Chepe

"No podemos cambiar el pasado, pero podemos aprovechar las oportunidades del futuro" - Lien Chan, presidente del Partido Kuomintang.

LA HABANA, Cuba - Junio (www.cubanet.org) - Una amplia delegación del Partido Kuomintang (KMT) de Taiwan, encabezada por su presidente Lien Chan, visitó la República Popular China, donde fue recibida con honores por Hu Jintao, presidente de esa nación y secretario general del Partido Comunista de China. La delegación regresó el 3 de mayo tras ocho días de conversaciones.

Acontecimiento histórico que, además de poseer un impacto positivo internacionalmente, contiene valiosas enseñanzas para los cubanos que vivimos en la Isla y los que residen en el exterior.

Las relaciones entre nacionalistas y comunistas chinos han estado signadas por un pasado de continuas confrontaciones y un mar de sangre derramada durante 20 años de feroces y crueles guerras civiles en el continente, sólo interrumpidas por períodos de precaria cooperación para enfrentar al invasor japonés.

La contienda civil terminó con la derrota de los nacionalistas y la huída, en 1949, esencialmente para la isla de Taiwan, a 160 kilómetros del continente, donde Chiang Kai-shek, presidente de China desde 1928 y líder histórico del Partido Kuomintang, estableció, bajo la protección de la Séptima Flota de Estados Unidos, su poder, con una firme estructura autocrática.

Taiwan siempre ha sido reclamada por la República Popular China como parte integrante de su territorio, y el Estrecho que las separa se ha convertido en foco de tensiones, posibles causantes de una guerra de magnitudes imprevisibles, dado que los taiwaneses han sostenido durante años su intención, últimamente más matizada, de reclamar formalmente la independencia. Esa opción es rechazada desde el continente con amenazadoras declaraciones de llegar hasta a un conflicto armado para impedir la concreción de la iniciativa.

La Isla, con un área de 36,179 kilómetros cuadrados (la tercera parte de la extensión territorial de Cuba) y una población de 23 millones de habitantes, muestra desde hace años logros políticos, económicos y sociales relevantes.

En primer lugar, dejó atrás las estructuras autoritarias, gradualmente y sin violencia, y las sustituyó por una sociedad democrática donde participan varios partidos políticos.

A partir de 2000 gobierna la Isla Rebelde el Partido Democrático Progresista, cuyo líder y presidente Chen Shui-bian triunfó en las últimas elecciones por un estrecho margen.

En el terreno económico, los avances han sido extraordinarios. Taiwan, con Hong Kong, Corea del Sur y Singapur, ha formado el famoso grupo de los "Tigres Asiáticos", llamados así por su vertiginoso crecimiento. En los 25 años posteriores a 1960, estos países aumentaron en su conjunto su Producto Nacional Bruto (PNB) a un ritmo anual del 8 por ciento. La Isla, entre 1962 y 1986, saltó del lugar mundial 85 al 38, de acuerdo a su PNB per cápita.

El comportamiento económico se reforzó más tarde a niveles cuantitativos y cualitativos superiores, con un paulatino dominio de altas tecnologías en la industria y otros sectores. Esta situación ha permitido la elaboración de productos y la prestación de servicios adaptados a los requerimientos del mercado internacional y con más altos coeficientes de valor agregado. Así se logró un verdadero milagro económico en una isla que hasta 1945 era una subedesarrollada colonia bajo férreo dominio japonés.

En 2002, la inversión extranjera directa de Taiwan, especialmente la realizada en la China continental, pero también presente en Viet Nam y otros países, ascendió a casi 5 mil millones de dólares. Esta cifra es muy superior a la inversión extranjera directa de naciones como Rusia, Corea del Sur, México, Brasil y la propia República Popular China.

Las reservas monetarias extranjeras de Taiwan llegaban a 246,6 mil millones de dólares al cierre de febrero de 2005, según información de la prestigiosa revista inglesa The Economist. Por tanto, es uno de los países con mayores reservas monetarias extranjeras del mundo. En volumen, la República Popular China la supera, con un monto de 609,9 mil millones de dólares a fines de 2004, de acuerdo a igual fuente, pero con sus 1,300 millones de habitantes esto se traduce en un per cápita de 469 dólares estadounidenses, bien alejado del de la Isla Rebelde.

El éxito de Taiwan se ha logrado mediante una eficiente economía, proyecta concientemente hacia el mercado, con niveles de competencia asombrosos, lo cual ha arrojado constantes superávits en la cuenta corriente de la balanza de pagos. A finales de 2004 el superávit ascendió a 19 mil millones de dólares, gracias en parte a importantes entradas por concepto de las inversiones extranjeras.

En cuanto a la República Popular China, a partir de 1978 inició una importante reestructuración de su economía y su sociedad, con una apreciable liberalización de las fuerzas productivas mediante la combinación de la iniciativa privada con la pública, la orientación de la producción y los servicios hacia el mercado nacional y el externo, y la apertura controlada a la inversión extranjera directa, como elementos fundamentales de las transformaciones.

Estos cambios radicales patrocinados por los sectores reformistas y más sensatos del Partido Comunista Chino, encabezados inicialmente por Deng Ziao Ping, ya fallecido, resultaron en altos y continuados índices de crecimiento económico, mantenidos hasta el presente (alrededor de 9 por ciento en 2004), que han coadyuvado a convertir al coloso asiático en la sexta potencia económica del planeta y el quinto exportador después de Estados Unidos, Alemania, Japón y Francia.

En el aspecto social ha habido avances, pero menos notables. Aunque se han reducido significativamente, todavía se aprecian grandes porcentajes de pobreza y desempleo, fundamentalmente en el interior del país. Las autoridades afirman que el número de pobres en las zonas rurales ha caído de 85 millones en 1990 a 29 millones actualmente. Los organismos internacionales, entre ellos el Banco Mundial, reconocen una reducción, pero afirman que las cifras oficiales no se corresponden con la realidad.

Por otra parte, junto a mejoras apreciables en el nivel de vida de los chinos, existen nuevos problemas, como el deterioro del medio ambiente y la profundización de la brecha económica: las estadísticas indican que mientras el 20 por ciento de la población más rica es responsable del 50 por ciento del consumo, el 20 por ciento más pobre no alcanza el 5 por ciento.

En el plano político es donde menos pueden hallarse progresos. Aunque quedaron atrás los extremismos de la Revolución Cultural, así como otros episodios desastrosos, y los hombres de negocio privados son admitidos en el Partido Comunista, según el último congreso, las estructuras de poder se mantienen bastante rígidas, basadas en el monopolio del único partido.

Resulta real la existencia de más civilidad en el área informativa, a grados impensables en la época de Mao Zedong. Millones de chinos navegan por Internet con relativa facilidad (algo imposible para los cubanos) y existe una apreciable diversidad de publicaciones.

Sin embargo, la presión contra los disidentes pacíficos y periodistas "audaces" se mantiene. En las cárceles chinas hay cientos de prisioneros de conciencia, condenados a largas penas por sólo reclamar su derecho a expresar libremente sus ideas. No por gusto la comunidad internacional sigue juzgando al gobierno chino como violador de los derechos humanos, principalmente los políticos y civiles.

Tampoco puede olvidarse la prevalencia de viejos problemas y complicaciones en el trato a minorías nacionales. Los casos de los tibetanos y los figures -habitantes musulmanes de la provincia de Xinjiang en el occidente chino- son bien conocidos.

Estos problemas políticos y de respeto a los derechos humanos en la China continental constituyen importantes obstáculos para que haya la suficiente confianza por parte de Taiwan, y prevalezca el concepto de "Una sola China y dos sistemas", que tanto defiende Beijing.

De todas formas, debe reconocerse que el escenario económico, político y social de la República Popular China en sentido general arroja un balance positivo, con evidentes perspectivas de continuar mejorando paulatinamente. En esto ha jugado un papel importante la comunidad internacional, en particular los Estados Unidos, con políticas realistas y sabias, promotoras de la cooperación y el diálogo, para evitar en lo posible la confrontación, como instrumentos que contribuyen al progreso de la sociedad china.


Ha sido un proceso de mucha paciencia, sin olvidar que esta nación, al mismo tiempo que atesora una cultura milenaria, también ha padecido milenios de despotismo, imposibles de borrar en un breve período.

Las conversaciones ahora sostenidas entre los altos dirigentes del Partido Comunista Chino y el Partido Kuomintang, a la vez que promueven la paz en el complicado Estrecho de Taiwan, podrían tener una incidencia positiva en el proceso democratizador de la sociedad china.

De hecho, el presidente taiwanés, Chen Shui-bian, menos moderado, en un giro inesperado invitó a su homólogo de la República Popular China a visitar la Isla. Este gesto ha sido recibido fríamente por Beijing, que exige como prerrequisito un compromiso de no declaración formal de independencia.

Sin embargo, recientemente James Soong, líder del Partido Primero el Pueblo, con estrechos vínculos con el presidente Chen, visitó la República Popular China y sostuvo amistosas conversaciones con el "enemigo histórico":

Las negociaciones futuras, por supuesto, no serán fáciles. Remover el pasado y procurar la reconciliación resultan tareas arduas y complicadas. Habrá que luchar contra las "cabezas calientes y extremistas", que apostadas en ambas márgenes del Estrecho de Taiwan tratarán de poner todos los obstáculos posibles.

De todos modos, resulta obvio, como resaltó el presidente Hu Jintao, que "la capacidad y la sabiduría a la hora de tratar las disputas y malentendidos" poco a poco se está imponiendo. Los sorprendentes progresos económicos, sociales y políticos de Taiwan desde hace mucho tiempo han ayudado al progreso de las reformas. El ejemplo de este país y los otros Tigres seguramente en alguna medida debió apoyar la decisión de Deng y sus colaboradores para acometer la histórica y gigantesca tarea de transformar a China en una nación próspera y moderna.

Resulta evidente que en los cambios radicales de las estructuras y el alto y sostenido crecimiento de la economía china no sólo está presente la contemplación de éxitos ajenos, sino multimillonarias inversiones directas taiwanesas, de Hong Kong y otras procedencias, que además de aportar inmensos recursos materiales y financieros, indispensables para el crecimiento, proveyeron activos intangibles invalorables: tecnología, capacidad de gestión, cultura empresarial, canales de distribución e imagen de marca, entre otros.

Además, habría que añadir un sostenido flujo de suministros de sofisticada tecnología y alto valor agregado, entre los que cabe citar partes y componentes que han ayudado a fomentar en el área continental competitivas industrias en la electrónica, el transporte automotor y otras.

Está claro que en modo alguno la filantropía ha guiado a los hombres de negocio extranjeros a arriesgar su dinero con profusión en el gigante asiático. El inmenso mercado de 1,300 millones de potenciales consumidores, con una mano de obra calificada, diligente y "disciplinada" y, sobre todo, de muy bajo costo, han representado imanes excepcionales para los inversionistas. Así, con la alta tecnología acompañante se ha alcanzado una combinación imbatible en los mercados internacionales.


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