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ECONOMIA
Las
grandes transformaciones chinas (I)
Oscar Espinosa Chepe
"No podemos cambiar el
pasado, pero podemos aprovechar las oportunidades
del futuro" - Lien Chan, presidente del Partido
Kuomintang.
LA HABANA, Cuba - Junio (www.cubanet.org) - Una
amplia delegación del Partido Kuomintang
(KMT) de Taiwan, encabezada por su presidente
Lien Chan, visitó la República Popular
China, donde fue recibida con honores por Hu Jintao,
presidente de esa nación y secretario general
del Partido Comunista de China. La delegación
regresó el 3 de mayo tras ocho días
de conversaciones.
Acontecimiento histórico que, además
de poseer un impacto positivo internacionalmente,
contiene valiosas enseñanzas para los cubanos
que vivimos en la Isla y los que residen en el
exterior.
Las relaciones entre nacionalistas y comunistas
chinos han estado signadas por un pasado de continuas
confrontaciones y un mar de sangre derramada durante
20 años de feroces y crueles guerras civiles
en el continente, sólo interrumpidas por
períodos de precaria cooperación
para enfrentar al invasor japonés.
La contienda civil terminó con la derrota
de los nacionalistas y la huída, en 1949,
esencialmente para la isla de Taiwan, a 160 kilómetros
del continente, donde Chiang Kai-shek, presidente
de China desde 1928 y líder histórico
del Partido Kuomintang, estableció, bajo
la protección de la Séptima Flota
de Estados Unidos, su poder, con una firme estructura
autocrática.
Taiwan siempre ha sido reclamada por la República
Popular China como parte integrante de su territorio,
y el Estrecho que las separa se ha convertido
en foco de tensiones, posibles causantes de una
guerra de magnitudes imprevisibles, dado que los
taiwaneses han sostenido durante años su
intención, últimamente más
matizada, de reclamar formalmente la independencia.
Esa opción es rechazada desde el continente
con amenazadoras declaraciones de llegar hasta
a un conflicto armado para impedir la concreción
de la iniciativa.
La Isla, con un área de 36,179 kilómetros
cuadrados (la tercera parte de la extensión
territorial de Cuba) y una población de
23 millones de habitantes, muestra desde hace
años logros políticos, económicos
y sociales relevantes.
En primer lugar, dejó atrás las
estructuras autoritarias, gradualmente y sin violencia,
y las sustituyó por una sociedad democrática
donde participan varios partidos políticos.
A partir de 2000 gobierna la Isla Rebelde el
Partido Democrático Progresista, cuyo líder
y presidente Chen Shui-bian triunfó en
las últimas elecciones por un estrecho
margen.
En el terreno económico, los avances han
sido extraordinarios. Taiwan, con Hong Kong, Corea
del Sur y Singapur, ha formado el famoso grupo
de los "Tigres Asiáticos", llamados
así por su vertiginoso crecimiento. En
los 25 años posteriores a 1960, estos países
aumentaron en su conjunto su Producto Nacional
Bruto (PNB) a un ritmo anual del 8 por ciento.
La Isla, entre 1962 y 1986, saltó del lugar
mundial 85 al 38, de acuerdo a su PNB per cápita.
El comportamiento económico se reforzó
más tarde a niveles cuantitativos y cualitativos
superiores, con un paulatino dominio de altas
tecnologías en la industria y otros sectores.
Esta situación ha permitido la elaboración
de productos y la prestación de servicios
adaptados a los requerimientos del mercado internacional
y con más altos coeficientes de valor agregado.
Así se logró un verdadero milagro
económico en una isla que hasta 1945 era
una subedesarrollada colonia bajo férreo
dominio japonés.
En 2002, la inversión extranjera directa
de Taiwan, especialmente la realizada en la China
continental, pero también presente en Viet
Nam y otros países, ascendió a casi
5 mil millones de dólares. Esta cifra es
muy superior a la inversión extranjera
directa de naciones como Rusia, Corea del Sur,
México, Brasil y la propia República
Popular China.
Las reservas monetarias extranjeras de Taiwan
llegaban a 246,6 mil millones de dólares
al cierre de febrero de 2005, según información
de la prestigiosa revista inglesa The Economist.
Por tanto, es uno de los países con mayores
reservas monetarias extranjeras del mundo. En
volumen, la República Popular China la
supera, con un monto de 609,9 mil millones de
dólares a fines de 2004, de acuerdo a igual
fuente, pero con sus 1,300 millones de habitantes
esto se traduce en un per cápita de 469
dólares estadounidenses, bien alejado del
de la Isla Rebelde.
El éxito de Taiwan se ha logrado mediante
una eficiente economía, proyecta concientemente
hacia el mercado, con niveles de competencia asombrosos,
lo cual ha arrojado constantes superávits
en la cuenta corriente de la balanza de pagos.
A finales de 2004 el superávit ascendió
a 19 mil millones de dólares, gracias en
parte a importantes entradas por concepto de las
inversiones extranjeras.
En cuanto a la República Popular China,
a partir de 1978 inició una importante
reestructuración de su economía
y su sociedad, con una apreciable liberalización
de las fuerzas productivas mediante la combinación
de la iniciativa privada con la pública,
la orientación de la producción
y los servicios hacia el mercado nacional y el
externo, y la apertura controlada a la inversión
extranjera directa, como elementos fundamentales
de las transformaciones.
Estos cambios radicales patrocinados por los
sectores reformistas y más sensatos del
Partido Comunista Chino, encabezados inicialmente
por Deng Ziao Ping, ya fallecido, resultaron en
altos y continuados índices de crecimiento
económico, mantenidos hasta el presente
(alrededor de 9 por ciento en 2004), que han coadyuvado
a convertir al coloso asiático en la sexta
potencia económica del planeta y el quinto
exportador después de Estados Unidos, Alemania,
Japón y Francia.
En el aspecto social ha habido avances, pero
menos notables. Aunque se han reducido significativamente,
todavía se aprecian grandes porcentajes
de pobreza y desempleo, fundamentalmente en el
interior del país. Las autoridades afirman
que el número de pobres en las zonas rurales
ha caído de 85 millones en 1990 a 29 millones
actualmente. Los organismos internacionales, entre
ellos el Banco Mundial, reconocen una reducción,
pero afirman que las cifras oficiales no se corresponden
con la realidad.
Por otra parte, junto a mejoras apreciables en
el nivel de vida de los chinos, existen nuevos
problemas, como el deterioro del medio ambiente
y la profundización de la brecha económica:
las estadísticas indican que mientras el
20 por ciento de la población más
rica es responsable del 50 por ciento del consumo,
el 20 por ciento más pobre no alcanza el
5 por ciento.
En el plano político es donde menos pueden
hallarse progresos. Aunque quedaron atrás
los extremismos de la Revolución Cultural,
así como otros episodios desastrosos, y
los hombres de negocio privados son admitidos
en el Partido Comunista, según el último
congreso, las estructuras de poder se mantienen
bastante rígidas, basadas en el monopolio
del único partido.
Resulta real la existencia de más civilidad
en el área informativa, a grados impensables
en la época de Mao Zedong. Millones de
chinos navegan por Internet con relativa facilidad
(algo imposible para los cubanos) y existe una
apreciable diversidad de publicaciones.
Sin embargo, la presión contra los disidentes
pacíficos y periodistas "audaces"
se mantiene. En las cárceles chinas hay
cientos de prisioneros de conciencia, condenados
a largas penas por sólo reclamar su derecho
a expresar libremente sus ideas. No por gusto
la comunidad internacional sigue juzgando al gobierno
chino como violador de los derechos humanos, principalmente
los políticos y civiles.
Tampoco puede olvidarse la prevalencia de viejos
problemas y complicaciones en el trato a minorías
nacionales. Los casos de los tibetanos y los figures
-habitantes musulmanes de la provincia de Xinjiang
en el occidente chino- son bien conocidos.
Estos problemas políticos y de respeto
a los derechos humanos en la China continental
constituyen importantes obstáculos para
que haya la suficiente confianza por parte de
Taiwan, y prevalezca el concepto de "Una
sola China y dos sistemas", que tanto defiende
Beijing.
De todas formas, debe reconocerse que el escenario
económico, político y social de
la República Popular China en sentido general
arroja un balance positivo, con evidentes perspectivas
de continuar mejorando paulatinamente. En esto
ha jugado un papel importante la comunidad internacional,
en particular los Estados Unidos, con políticas
realistas y sabias, promotoras de la cooperación
y el diálogo, para evitar en lo posible
la confrontación, como instrumentos que
contribuyen al progreso de la sociedad china.
Ha sido un proceso de mucha paciencia, sin olvidar
que esta nación, al mismo tiempo que atesora
una cultura milenaria, también ha padecido
milenios de despotismo, imposibles de borrar en
un breve período.
Las conversaciones ahora sostenidas entre los
altos dirigentes del Partido Comunista Chino y
el Partido Kuomintang, a la vez que promueven
la paz en el complicado Estrecho de Taiwan, podrían
tener una incidencia positiva en el proceso democratizador
de la sociedad china.
De hecho, el presidente taiwanés, Chen
Shui-bian, menos moderado, en un giro inesperado
invitó a su homólogo de la República
Popular China a visitar la Isla. Este gesto ha
sido recibido fríamente por Beijing, que
exige como prerrequisito un compromiso de no declaración
formal de independencia.
Sin embargo, recientemente James Soong, líder
del Partido Primero el Pueblo, con estrechos vínculos
con el presidente Chen, visitó la República
Popular China y sostuvo amistosas conversaciones
con el "enemigo histórico":
Las negociaciones futuras, por supuesto, no serán
fáciles. Remover el pasado y procurar la
reconciliación resultan tareas arduas y
complicadas. Habrá que luchar contra las
"cabezas calientes y extremistas", que
apostadas en ambas márgenes del Estrecho
de Taiwan tratarán de poner todos los obstáculos
posibles.
De todos modos, resulta obvio, como resaltó
el presidente Hu Jintao, que "la capacidad
y la sabiduría a la hora de tratar las
disputas y malentendidos" poco a poco se
está imponiendo. Los sorprendentes progresos
económicos, sociales y políticos
de Taiwan desde hace mucho tiempo han ayudado
al progreso de las reformas. El ejemplo de este
país y los otros Tigres seguramente en
alguna medida debió apoyar la decisión
de Deng y sus colaboradores para acometer la histórica
y gigantesca tarea de transformar a China en una
nación próspera y moderna.
Resulta evidente que en los cambios radicales
de las estructuras y el alto y sostenido crecimiento
de la economía china no sólo está
presente la contemplación de éxitos
ajenos, sino multimillonarias inversiones directas
taiwanesas, de Hong Kong y otras procedencias,
que además de aportar inmensos recursos
materiales y financieros, indispensables para
el crecimiento, proveyeron activos intangibles
invalorables: tecnología, capacidad de
gestión, cultura empresarial, canales de
distribución e imagen de marca, entre otros.
Además, habría que añadir
un sostenido flujo de suministros de sofisticada
tecnología y alto valor agregado, entre
los que cabe citar partes y componentes que han
ayudado a fomentar en el área continental
competitivas industrias en la electrónica,
el transporte automotor y otras.
Está claro que en modo alguno la filantropía
ha guiado a los hombres de negocio extranjeros
a arriesgar su dinero con profusión en
el gigante asiático. El inmenso mercado
de 1,300 millones de potenciales consumidores,
con una mano de obra calificada, diligente y "disciplinada"
y, sobre todo, de muy bajo costo, han representado
imanes excepcionales para los inversionistas.
Así, con la alta tecnología acompañante
se ha alcanzado una combinación imbatible
en los mercados internacionales.
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