PRENSA INDEPENDIENTE
Junio 16, 2005
 

ECONOMIA
El ocaso de una agroindustria (II y final)

Oscar Espinosa Chepe

LA HABANA, Cuba - Junio (www.cubanet.org) - Nuevas informaciones confirman el desastre existente en la zafra azucarera recién finalizada. A la noticia del monto de la producción lograda de 1,3 millón de toneladas de azúcar, por debajo del nivel alcanzado en 1907, se agrega que el rendimiento agrícola de la caña fue inferior a las 30 toneladas por hectárea cosechada, y un rendimiento industrial de 10,70, según estimados de un conocido especialista cubano, aunque la cifra real podría ser peor.

Para brindar una idea del significado del rendimiento agrícola por debajo de las 30 toneladas, debe señalarse que el promedio mundial rebasa las 63 toneladas, de acuerdo con la FAO. Este promedio es superado ampliamente por los principales países cultivadores de la caña de azúcar. Por tanto, puede concluirse que en esta contienda el rendimiento agrícola resultó, en el mejor de los casos, un 53 por ciento inferior a la media mundial.

En cuanto al rendimiento industrial (RI) de la caña, sólo cabe señalar que el promedio de los diez años anteriores a 1959 fue de 12,83, con años que superaron el 13,0 (13,20 en 1950 y 1955), con lo cual el RI de esta zafra (10,70) representa un magro 83,4 por ciento de lo obtenido en la época prerrevolucionaria.

En esta ocasión estaba previsto que molieran 56 centrales de los 71 dejados en funcionamiento luego de la reestructuración llevada a cabo en 2002, cuando se desmantelaron 64 centrales y se dedicaron 21 a producir mieles o para actividades turísticas.

Ahora se conoció que se desmantelarán otros centrales, de acuerdo con declaraciones recientes de funcionarios cubanos, recogidas por la agencia de noticias Reuters.

Resultan sorprendentes estos altos niveles de ineficiencia. Se esperaba que con el cierre de tantos ingenios y la demolición de extensas áreas cañeras, la producción azucarera se reduciría. Pero no se podía imaginar que se regresaría a las producciones de principios del siglo XX, cuando la población total de Cuba era inferior a la existente hoy en la ciudad de La Habana.

Asimismo, se estimaba que al cerrarse en 2002 los centrales menos productivos y demolerse las áreas cañeras con suelos menos fértiles, podrían concentrarse los recursos materiales, financieros y humanos en los medios de producción con mejores condiciones, lo cual se suponía que redundaría en una mayor eficiencia. Sin embargo, ahora no se aprecia que se haya detenido el proceso de deterioro de la agroindustria, sino por el contrario se ha acelerado.

Por otra parte, el criterio de que la agroindustria está condenada al fracaso por razones intrínsecas a su naturaleza se contradice con la realidad internacional.

Ciertamente, con el auge de los edulcorantes y el jarabe endulzante proveniente del maíz, entre otros sucedáneos, el azúcar como mercancía ha perdido parte de su atractivo de decenios anteriores. No obstante, muchos países readaptaron la industria a las nuevas condiciones del mercado, y acometieron la producción de novedosos productos derivados de la caña de azúcar: gasoalcohol, alimentos para el ganado, alcoholes especiales, ceras, medicamentos, energía eléctrica, materiales de construcción, y un largo etcétera.

Esa política no se siguió en Cuba con igual fuerza, a pesar de las continuadas alertas de científicos y técnicos nacionales y extranjeros. La sabia actitud de países como Brasil y Tailandia, entre otros, que favorecieron el desarrollo de una industria versátil y adaptable a los cambios del mercado, les permitió incluso continuar aumentando la producción azucarera.

El industrializado Brasil, que en los años 1971/75 tuvo una producción promedio de 6,3 millones de toneladas de azúcar, en la zafra terminada en 2003 sobrepasó los 22 millones de toneladas. En 2004 exportó 15,8 millones de toneladas, y se estima que en 2005 sus ventas al exterior lleguen a 18,5 millones de toneladas, incluyendo cargamentos destinados a Cuba.

En cuanto a Tailandia, la historia es todavía más sorprendente. En 1961/65 la producción promedio fue de 183 mil toneladas de azúcar; pero ya en 1981/85 ascendió a 2,4 millones. En 2004 sus exportaciones alcanzaron 5,1 millones de toneladas, y se espera que en 2005 lleguen a 5,3 millones, con las subsiguientes ganancias para las balanzas comercial y de pagos de ese país, como consecuencia del alza de los precios del azúcar en los mercados mundiales.

Por último, debe destacarse la característica de la agroindustria de autoabastecerse de combustible con la utilización de la paja de caña, bagazo y otros subproductos, e incluso la generación de energía eléctrica barata como excedente comercializable para las redes nacionales. Una cualidad de excelencia en momentos como los actuales, cuando los precios del petróleo alcanzan niveles estratosféricos.

Con el fin de la agroindustria azucarera cubana la nación no sólo pierde riquezas. Desafortunadamente, con ella también desaparecen tradiciones y cultura. Muere una producción que influyó hasta en el habla de los criollos, como señalara el historiador Manuel Moreno Frajinals en su monumental obra El Ingenio.

Es una historia triste. No la única. Igual camino sigue la ganadería vacuna, otro de los grandes baluartes económicos del país en el pasado. Dejaremos este análisis para otra ocasión, si el destino me lo permite.

Fuentes

- El Ingenio, Complejo Económico-Social Cubano del Azúcar. Manuel Moreno Frajinals. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1978,
- Cuba y la Economía Azucarera Mundial. Lic. Marcelo Fernández Font. Editorial Pueblo y Educación, 1988.
- Redimensionamiento y Diversificación de la Industria Azucarera. Armando Noda. 2004.
- Redimensionamiento de la Agroindustria Azucarera Cubana, Historia y Actualidad. Armando Noda, 2002.
- Crónicas de un Desastre. Apuntes sobre Economía Cuba a 1998-2002. Lic. Oscar Espinosa Chepe. Editorial Hispano-Cubana, Madrid, 2004.
- Agencia Reuters, Mark Frank.

El ocaso de una agroindustria (I)


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