PRENSA INDEPENDIENTE
Junio 16, 2005
 

SOCIEDAD
Reflexionando a la luz de una vela entre apagones y alumbrones

Adrián Leiva

LA HABANA, Cuba - Junio (www.cubanet.org) - Cuando a principios del pasado año se agudizó la crisis con la generación eléctrica del país, situación que originó una serie de intervenciones televisivas con la participación de la máxima dirección cubana y que provocó la sustitución del entonces ministro de la Industria Básica, fue anunciado un amplio programa para solucionar esta situación y la mayoría del pueblo cubano consideró que en los meses venideros todo quedaría resuelto de manera definitiva.

Después de varios meses en tensión y de verificarse un esfuerzo por disminuir los efectos de los causales de aquella nueva crisis, para lo cual se destinaron los recursos disponibles en la nación, durante los meses del invierno tropical cubano ciertamente se controlaron los efectos de las roturas, a lo que ayudó en gran medida la disminución del consumo doméstico de electricidad propio de esos meses. Pero con la llegada del caluroso verano este gasto aumentó, principalmente por el uso de los imprescindibles ventiladores, creando un incremento de la demanda eléctrica.

En un trabajo escrito por aquella fecha, en el que reflexionaba sobre el tema, señalaba que entre otras cuestiones, para que la economía cubana tenga un despegue real y efectivo, al margen de cambios económicos y políticos dentro del actual sistema vigente en Cuba, era necesario contar con una capacidad de generación eléctrica que permitiera la instalación de nuevas industrias para la producción de bienes y servicios. Dicho de otro modo, si existiera por obras del azar la disponibilidad de un capital importante en la Isla, las inversiones a gran escala no podrían realizarse por no existir la capacidad eléctrica suficiente. La realidad actual demuestra este hecho.

Durante las últimas semanas se han producido en todo el territorio nacional un incremento de los llamados apagones, que si bien no son tan críticos como los del pasado año, han originado el lógico malestar de la población, ya que las interrupciones generalizadas en toda la diversidad del territorio nacional alcanzan en algunos sitios hasta doce horas de duración y en algunas zonas de la capital se han llegado a reportar 14 horas sin servicio de corriente.

La incidencia de esta problemática ya se venía previendo en Cuba desde décadas anteriores. Hay que recordar que dentro de los planes de desarrollo planificados en materia de generación energética del país, se incluía la construcción de la polémica planta electro nuclear de Juraguá en la provincia de Cienfuegos, así como la posibilidad de construir una segunda de similares características en el norte de la provincia de Holguín. La primera de estas unidades, la única que pasó de los proyectos al terreno, quedó paralizada con el derrumbe de la Unión Soviética. De haberse materializado su construcción, por lo menos el 50 por ciento de la generación eléctrica del país sería producida desde aquel lugar.

Por la misma ocurrencia de los cambios políticos mundiales de finales del ochenta, Cuba perdió el soporte económico principal que recibía fundamentalmente de la desaparecida URSS, dando comienzo el llamado Período Especial, que no era otra cosa que el despliegue de una crisis económica aguda donde el Estado cubano no contaba con los recursos financieros necesarios para seguir manteniendo en toda su capacidad productiva la industria nacional, quedando pospuestos todos los planes de modernización en sectores vitales como el sistema energético, donde la mayoría de las unidades generadoras contaban desde entonces con varios años de explotación. En muchos casos la tecnología obsoleta une su deficiencia a la del sistema de redes eléctricas y sub-estaciones que su mayoría necesitaban ser renovados. Sólo por el concepto de trasmisión de electricidad se pierde aproximadamente entre un 16 y 18 por ciento de la energía generada, cuando los niveles internacionales de eficiencia marcan como aceptable de 8 a 10 por ciento.

En la pasada semana la máxima dirección del país compareció una vez más ante la opinión pública para hablar de los programas sociales planificados y abordar la temática del suministro eléctrico. Esta comparecencia contó con la presencia de la nueva ministra del ramo, quien expuso sin rodeos la situación que se afronta con el sistema electro energético nacional, reconociendo que aunque existe un programa diseñado para aliviar a mediano plazo esta situación, la misma resulta de mucha complejidad para resolver de con inmediatez.

Lo que ocurre es que en la actualidad el país no cuenta con los recursos monetarios necesarios para sustituir las unidades generadoras más antiguas por nuevas. Teniendo en cuenta que una unidad de 100 Mw. de potencia tiene un costo aproximado de 200 millones de dólares en el mercado internacional, harían falta al menos 1,500 millones de dólares para dedicar a estos fines, cifra que resulta impensable dada la actual situación financiera cubana.

En la actualidad la capacidad lineal instalada en la isla es de 3,200 Mw. y la demanda interna entre el sector estatal y residencial es de aproximadamente 60 por ciento de esa cantidad disponible. Cabe entonces preguntarse si la capacidad instalada cubre teóricamente lo demandado. Aquí radica la razón de los apagones. La mayoría de las unidades generadoras no están en condiciones técnicas para generar al máximo, a lo que se suma la pérdida de energía que circula por las redes de distribución. Hay que añadir que permanentemente existen unidades fuera de servicio para realizarles los mantenimientos programados y otros imprevistos que siempre surgen por su mal estado e intensa explotación.

Mientras por una parte se pone en marcha un programa serio, contando con los escasos recursos en existencia, con vistas a mejorar esta situación, por otra nada garantiza que en un futuro próximo desaparezcan los incómodos apagones del entorno cubano.

Viendo así las cosas, no vendría mal que se pensara en la instalación de una fábrica de velas que al menos ayuden a alumbrar la oscuridad de la noche cuando llegan los indeseables cortes del fluido eléctrico. Otra de las dificultades que pone a temblar a la población es la situación de los refrigeradores y la conservación de los precarios alimentos que guardan en su interior.

Por el momento sólo nos queda confiar en que al menos por ahora, este programa diseñado para mejorar la generación eléctrica del país brinde los resultados esperados, en tanto aparezcan otras maneras de generar energía o se encuentren fuentes que la produzcan. De inmediato, mientras más se aproximan los meses de mayor rigor en las temperaturas y se aceleran los mantenimientos de varias unidades generadoras, no hay garantías- como lo reconoció la propia ministra- de que no tengamos otro verano caliente en la Isla.


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