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SOCIEDAD
Reflexionando
a la luz de una vela entre apagones y alumbrones
Adrián Leiva
LA HABANA, Cuba - Junio (www.cubanet.org) - Cuando
a principios del pasado año se agudizó
la crisis con la generación eléctrica
del país, situación que originó
una serie de intervenciones televisivas con la
participación de la máxima dirección
cubana y que provocó la sustitución
del entonces ministro de la Industria Básica,
fue anunciado un amplio programa para solucionar
esta situación y la mayoría del
pueblo cubano consideró que en los meses
venideros todo quedaría resuelto de manera
definitiva.
Después de varios meses en tensión
y de verificarse un esfuerzo por disminuir los
efectos de los causales de aquella nueva crisis,
para lo cual se destinaron los recursos disponibles
en la nación, durante los meses del invierno
tropical cubano ciertamente se controlaron los
efectos de las roturas, a lo que ayudó
en gran medida la disminución del consumo
doméstico de electricidad propio de esos
meses. Pero con la llegada del caluroso verano
este gasto aumentó, principalmente por
el uso de los imprescindibles ventiladores, creando
un incremento de la demanda eléctrica.
En un trabajo escrito por aquella fecha, en el
que reflexionaba sobre el tema, señalaba
que entre otras cuestiones, para que la economía
cubana tenga un despegue real y efectivo, al margen
de cambios económicos y políticos
dentro del actual sistema vigente en Cuba, era
necesario contar con una capacidad de generación
eléctrica que permitiera la instalación
de nuevas industrias para la producción
de bienes y servicios. Dicho de otro modo, si
existiera por obras del azar la disponibilidad
de un capital importante en la Isla, las inversiones
a gran escala no podrían realizarse por
no existir la capacidad eléctrica suficiente.
La realidad actual demuestra este hecho.
Durante las últimas semanas se han producido
en todo el territorio nacional un incremento de
los llamados apagones, que si bien no son tan
críticos como los del pasado año,
han originado el lógico malestar de la
población, ya que las interrupciones generalizadas
en toda la diversidad del territorio nacional
alcanzan en algunos sitios hasta doce horas de
duración y en algunas zonas de la capital
se han llegado a reportar 14 horas sin servicio
de corriente.
La incidencia de esta problemática ya
se venía previendo en Cuba desde décadas
anteriores. Hay que recordar que dentro de los
planes de desarrollo planificados en materia de
generación energética del país,
se incluía la construcción de la
polémica planta electro nuclear de Juraguá
en la provincia de Cienfuegos, así como
la posibilidad de construir una segunda de similares
características en el norte de la provincia
de Holguín. La primera de estas unidades,
la única que pasó de los proyectos
al terreno, quedó paralizada con el derrumbe
de la Unión Soviética. De haberse
materializado su construcción, por lo menos
el 50 por ciento de la generación eléctrica
del país sería producida desde aquel
lugar.
Por la misma ocurrencia de los cambios políticos
mundiales de finales del ochenta, Cuba perdió
el soporte económico principal que recibía
fundamentalmente de la desaparecida URSS, dando
comienzo el llamado Período Especial, que
no era otra cosa que el despliegue de una crisis
económica aguda donde el Estado cubano
no contaba con los recursos financieros necesarios
para seguir manteniendo en toda su capacidad productiva
la industria nacional, quedando pospuestos todos
los planes de modernización en sectores
vitales como el sistema energético, donde
la mayoría de las unidades generadoras
contaban desde entonces con varios años
de explotación. En muchos casos la tecnología
obsoleta une su deficiencia a la del sistema de
redes eléctricas y sub-estaciones que su
mayoría necesitaban ser renovados. Sólo
por el concepto de trasmisión de electricidad
se pierde aproximadamente entre un 16 y 18 por
ciento de la energía generada, cuando los
niveles internacionales de eficiencia marcan como
aceptable de 8 a 10 por ciento.
En la pasada semana la máxima dirección
del país compareció una vez más
ante la opinión pública para hablar
de los programas sociales planificados y abordar
la temática del suministro eléctrico.
Esta comparecencia contó con la presencia
de la nueva ministra del ramo, quien expuso sin
rodeos la situación que se afronta con
el sistema electro energético nacional,
reconociendo que aunque existe un programa diseñado
para aliviar a mediano plazo esta situación,
la misma resulta de mucha complejidad para resolver
de con inmediatez.
Lo que ocurre es que en la actualidad el país
no cuenta con los recursos monetarios necesarios
para sustituir las unidades generadoras más
antiguas por nuevas. Teniendo en cuenta que una
unidad de 100 Mw. de potencia tiene un costo aproximado
de 200 millones de dólares en el mercado
internacional, harían falta al menos 1,500
millones de dólares para dedicar a estos
fines, cifra que resulta impensable dada la actual
situación financiera cubana.
En la actualidad la capacidad lineal instalada
en la isla es de 3,200 Mw. y la demanda interna
entre el sector estatal y residencial es de aproximadamente
60 por ciento de esa cantidad disponible. Cabe
entonces preguntarse si la capacidad instalada
cubre teóricamente lo demandado. Aquí
radica la razón de los apagones. La mayoría
de las unidades generadoras no están en
condiciones técnicas para generar al máximo,
a lo que se suma la pérdida de energía
que circula por las redes de distribución.
Hay que añadir que permanentemente existen
unidades fuera de servicio para realizarles los
mantenimientos programados y otros imprevistos
que siempre surgen por su mal estado e intensa
explotación.
Mientras por una parte se pone en marcha un programa
serio, contando con los escasos recursos en existencia,
con vistas a mejorar esta situación, por
otra nada garantiza que en un futuro próximo
desaparezcan los incómodos apagones del
entorno cubano.
Viendo así las cosas, no vendría
mal que se pensara en la instalación de
una fábrica de velas que al menos ayuden
a alumbrar la oscuridad de la noche cuando llegan
los indeseables cortes del fluido eléctrico.
Otra de las dificultades que pone a temblar a
la población es la situación de
los refrigeradores y la conservación de
los precarios alimentos que guardan en su interior.
Por el momento sólo nos queda confiar
en que al menos por ahora, este programa diseñado
para mejorar la generación eléctrica
del país brinde los resultados esperados,
en tanto aparezcan otras maneras de generar energía
o se encuentren fuentes que la produzcan. De inmediato,
mientras más se aproximan los meses de
mayor rigor en las temperaturas y se aceleran
los mantenimientos de varias unidades generadoras,
no hay garantías- como lo reconoció
la propia ministra- de que no tengamos otro verano
caliente en la Isla.
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