|
ECONOMIA
El ocaso de una agroindustria (I)
Oscar Espinosa Chepe
LA HABANA, Cuba - Junio (www.cubanet.org) - La
zafra azucarera de 2005 terminó con una
producción de 1,3 millón de toneladas,
casi la mitad del volumen obtenido en 2004 (2,52
millones de toneladas). Así lo reportó
la agencia de noticias Reuters en un despacho
del 30 de mayo.
Esta producción es inferior a la de 1907,
cuando se elaboró 1,48 millón de
toneladas, en un año en que las plantaciones
y la industria cubanas estaban todavía
en fase de recuperación debido a la devastación
ocasionada por la Guerra de Independencia (1895-1898),
y la población de la Isla era de 2,04 millones
de habitantes, según el censo de ese año.
Si se tiene en cuenta que Cuba posee un restringido
consumo interno de alrededor de 700 mil toneladas
de azúcar, sin contar las reservas para
enfrentar situaciones imprevisibles, como repentinas
alteraciones de los mercados, ciclones y otras
calamidades, los actuales excedentes exportables
son insignificantes. De hecho, desde hace algunos
años se da la paradoja de que la mayor
azucarera del mundo en el pasado está importando
azúcar para cubrir el consumo racionado
de la población.
Esta industria llegó a elaborar en ocasiones
la cuarta parte de la producción mundial
antes de 1959, y casi el 40 por ciento del azúcar
proveniente de la caña cosechada a nivel
planetario.
El declive de la producción cubana comenzó
cuando la mayoría de las plantaciones y
todos los centrales fueron confiscados a inicios
de los años 60. Desde ese momento puede
verse en las series estadísticas un incesante
declive en el rendimiento obtenido por cantidad
de caña procesada, así como en la
reducción de los rendimientos agrícolas
de la caña cosechada respecto a lo alcanzado
antes de 1959, y en relación con los rendimientos
promedio mundiales, según las publicaciones
de la Organización de las Naciones Unidas
para la Agricultura y la Alimentación (FAO).
Al respecto se puede consultar mi trabajo "Una
agroindustria colapsada", La Habana, 18 de
febrero de 2001.
Es cierto que en la ridícula producción
del presente año incidió la desastrosa
sequía que desde hace meses azota el territorio
nacional. No obstante, los problemas verdaderos
residen en la falta de incentivos de los trabajadores
agrícolas e industriales azucareros, la
acelerada descapitalización del equipamiento
y la maquinaria de la agroindustria, y la casi
total destrucción de las plantaciones,
invadidas por el marabú y otras malezas.
A ello se agrega la compactación de los
suelos por un continuado e inadecuado laboreo
agrícola. Por otra parte, se ha carecido
de un programa de diversificación de la
producción en función de las tendencias
del mercado, tal como lo hizo, por ejemplo, Brasil.
Las consecuencias de la virtual desaparición
de la industria azucarera cubana quizás
de inmediato no impacte desfavorablemente en el
ya bajo nivel de vida de la población,
dada la coyuntura de colaboración económica
con Venezuela. Sin embargo, a más largo
plazo la incidencia negativa podrá apreciarse
en la disminución de la capacidad de compra
en el exterior, con sus secuelas perversas en
el deprimido consumo del ciudadano corriente.
Fuentes
- El Ingenio, Complejo Económico-Social
Cubano del Azúcar. Manuel Moreno Frajinals,
Editorial Ciencias Sociales, La Habaa, 1978.
- Azúcar y Población en las Antillas.
Ramiro Guerra, Editorial Sociales, La Habana,
1970.
- Crónicas de un Desastre, Apuntes sobre
la Economía Cubana 1998-2002, Oscar Espinosa
Chepe, Editorial Hispano-Cubana, Madrid, 2004.
- Anuario Estadístico de Cuba, La Habana,
1988.
- Agencia Reuters, Marc Frank, 30 de mayo de 2005.
|