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CULTURA
El cepillo
Ariel Delgado Covarrubias
LA HABANA, Cuba - Mayo (www.cubanet.org) - Un
cepillo puede ser una gorra o una mano o un plato
plástico. Claro, en este caso descartamos
a esos artículos de fibras sintéticas
que sirven para limpiarnos los dientes, peinarnos,
o sacudir el polvo de la ropa o de los muebles
de la casa.
Al que se refiere este artículo es al
que tradicionalmente se pasaba en busca de dinero
con la consigna de "ayude al artista cubano"
en las guaguas, restaurantes o en cuanto lugar,
en solitario o en grupo, músicos y actores
populares improvisaban actos para los pasajeros
o transeúntes en los años de la
República.
Los artistas cubanos no estuvieron ajenos a la
centralización que de sus actividades hizo
el gobierno impuesto a partir de 1959. Inicialmente
con un salario fijo que transitaba una escala
con el cumplimiento de variados requisitos, donde
los políticos no podían faltar,
la cultura popular feneció durante algunas
décadas.
Pero con la crisis del Período Especial
en Tiempo de Paz los músicos que no tuvieron
la suerte de lograr contratos de trabajo en el
extranjero hicieron renacer esa vieja tradición
del "arte en la calle". Claro, ahora
no era en guaguas, ya que ahora estaban atestadas
de un público que a esa hora lo menos que
quiere es escuchar una canción, ni en lugares
públicos donde la generosidad de los transeúntes
alcanza sólo una moneda depreciada. Ahora
las actividades se volcaban en restaurantes, cafeterías
y centros turísticos dedicados exclusivamente
al turismo internacional.
En el abultado organigrama del vetusto Ministerio
de Cultura, la música está regida
y regulada por el llamado Instituto de la Música,
el cual, a su vez, posee varias empresas con perfiles
que agrupan a los músicos por las características
de su formato o los géneros que cultivan.
Así la Benny Moré agrupaba a las
orquestas bailables, la Adolfo Guzmán a
solistas y los pequeños formatos, la Ignacio
Piñeiro a los intérpretes de la
llamada música tradicional, la Antonio
María Romeo, con su accionar en la provincia
de La Habana "campo" y Turarte, encargada
de organizar grandes espectáculos para
los centros turísticos del país.
El objetivo de ellos era "vender" a
grupos y solistas, incluidos bailarines, en los
espectáculos destinados al exterior. Pero
con el tiempo, las reglamentaciones y limitaciones
impuestas han hecho que esas giras no sean tan
abundantes y entonces el sector turocultural se
volcó sobre las actuaciones "en frontera",
es decir en las instalaciones nacionales a donde
acuden los foráneos.
En consecuencia la demanda de agrupaciones de
gran formato (orquestas) ha disminuido, en primer
lugar por su costo, tan alto que las empresas
turísticas del país se niegan a
pagar para distraer a sus clientes. Y así
los pequeños formatos (dúos, tríos,
cuartetos, quintetos, sextetos y septetos) han
proliferado. Hasta el punto que todas las empresas
ya han traspasados sus límites y poseen
gran variedad de ellas.
Tan lucrativo es el negocio, en medio de un auge
turístico nunca antes visto durante la
etapa castrista, que el Estado se dispuso a sacar
su tajada. Por ello, de todos los pagos que se
efectúan a los grupos musicales el 50 %
va para la institución oficiosa. Y claro,
también hay que pagar impuestos, en este
caso el 7 % para la ONAT, la recaudadora. En total,
los músicos perciben el 43 %.
Una empresa que requiera de una agrupación
musical para amenizar sus actividades para los
turistas debe pagar 10 pesos convertibles por
actuación, si se trata de un solista. Ya
si es un dúo, pagará 15, y aumentará
5 CUC por cada integrante que posea el grupo.
Así, un septeto cobra 40 CUC por actuación.
De hecho ya 20 van para las arcas del Estado y
2.80 para la carga tributaria. En total quedan
17.20 que habrá que repartir entre los
siete músicos, a razón de 2.45 CUC
per cápita. Y claro, eso es si no hay que
dar algo al representante o al que les puso "el
punto" para hacerse de ese trabajito.
Si tenemos en cuenta que la jornada laboral cubana
dispone de 26 días de trabajo al mes, esos
músicos ganarían 63.70 mensuales,
que visto desde el punto de vista de la pobreza
material en que vive este pueblo y la lógica
gubernamental de que con un CUC se pueden comprar
102 litros de leche, etc., etc., etc., se puede
pensar que esos músicos son unos privilegiados.
Pero la realidad es otra.
Debido a una real baja turística (que
contradice los crecimientos que el MINTUR anuncia
a bombo y platillo) y a otros problemas objetivos
y subjetivos (entre ellos a la "búsqueda"
de los trabajadores y dirigentes de cada establecimiento),
éstos no contratan "a tiempo completo"
a las agrupaciones, y prefieren música
grabada para animar a los foráneos. De
ahí que los músicos, que pertenecen
a un "sector privilegiado" del mundo
laboral del país, vivan en eterna crisis
económica.
Es ahí cuando llega el cepillo salvador.
"Ayuden al músico cubano" ya
no es la consigna. Promueven más las propinas
en divisas una buena actuación, y lleno
de sudor por el ejercicio artístico desarrollado
y una cara con mezcla de sonrisa y necesidad,
pasar el cepillo por las mesas.
Pero para que el turista no tenga que enfrentarse
a tamaña disyuntiva (dar o no dar, ésa
es la cuestión), recurre a su favor la
salvaguardia estatal: está prohibido pasar
el cepillo por las mesas, con multas que ascienden
hasta los 1,500 CUC en caso de violación
administrativa de esa disposición. El turista
agradecido debe levantarse de su mesa e ir a los
músicos para darles su dádiva. Del
músico con el cepillo en guaguas y restaurantes
de los años 50 se pasó al estereotipo
del limosnero frente a Iglesias de esa época
(y también resucitado en la actualidad).
Otra variante de los músicos para "defenderse"
era ofertar su música grabada en CDRom
de producciones piratas. Eso también está
prohibido, con fuertes multas para proteger "el
derecho de autor", claro refiriéndose
a las oficialistas casas grabadoras de estos soportes
musicales como el verdadero "autor".
En fin, a los pobres músicos sólo
les queda la posibilidad de hacer cabildeo entre
los turistas que se interesan en su actuación,
y entonces la consigna "ayude a los músicos
cubanos" se completa con "para lograr
un contrato y poder viajar al exterior".
Contrato del que no todos regresan, con la esperanza
de que en otras latitudes aprecien su arte musical,
que encarna los dolores de este pueblo.
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