PRENSA INDEPENDIENTE
Junio 15, 2005
 

CULTURA
El cepillo

Ariel Delgado Covarrubias

LA HABANA, Cuba - Mayo (www.cubanet.org) - Un cepillo puede ser una gorra o una mano o un plato plástico. Claro, en este caso descartamos a esos artículos de fibras sintéticas que sirven para limpiarnos los dientes, peinarnos, o sacudir el polvo de la ropa o de los muebles de la casa.

Al que se refiere este artículo es al que tradicionalmente se pasaba en busca de dinero con la consigna de "ayude al artista cubano" en las guaguas, restaurantes o en cuanto lugar, en solitario o en grupo, músicos y actores populares improvisaban actos para los pasajeros o transeúntes en los años de la República.

Los artistas cubanos no estuvieron ajenos a la centralización que de sus actividades hizo el gobierno impuesto a partir de 1959. Inicialmente con un salario fijo que transitaba una escala con el cumplimiento de variados requisitos, donde los políticos no podían faltar, la cultura popular feneció durante algunas décadas.

Pero con la crisis del Período Especial en Tiempo de Paz los músicos que no tuvieron la suerte de lograr contratos de trabajo en el extranjero hicieron renacer esa vieja tradición del "arte en la calle". Claro, ahora no era en guaguas, ya que ahora estaban atestadas de un público que a esa hora lo menos que quiere es escuchar una canción, ni en lugares públicos donde la generosidad de los transeúntes alcanza sólo una moneda depreciada. Ahora las actividades se volcaban en restaurantes, cafeterías y centros turísticos dedicados exclusivamente al turismo internacional.

En el abultado organigrama del vetusto Ministerio de Cultura, la música está regida y regulada por el llamado Instituto de la Música, el cual, a su vez, posee varias empresas con perfiles que agrupan a los músicos por las características de su formato o los géneros que cultivan. Así la Benny Moré agrupaba a las orquestas bailables, la Adolfo Guzmán a solistas y los pequeños formatos, la Ignacio Piñeiro a los intérpretes de la llamada música tradicional, la Antonio María Romeo, con su accionar en la provincia de La Habana "campo" y Turarte, encargada de organizar grandes espectáculos para los centros turísticos del país.

El objetivo de ellos era "vender" a grupos y solistas, incluidos bailarines, en los espectáculos destinados al exterior. Pero con el tiempo, las reglamentaciones y limitaciones impuestas han hecho que esas giras no sean tan abundantes y entonces el sector turocultural se volcó sobre las actuaciones "en frontera", es decir en las instalaciones nacionales a donde acuden los foráneos.

En consecuencia la demanda de agrupaciones de gran formato (orquestas) ha disminuido, en primer lugar por su costo, tan alto que las empresas turísticas del país se niegan a pagar para distraer a sus clientes. Y así los pequeños formatos (dúos, tríos, cuartetos, quintetos, sextetos y septetos) han proliferado. Hasta el punto que todas las empresas ya han traspasados sus límites y poseen gran variedad de ellas.

Tan lucrativo es el negocio, en medio de un auge turístico nunca antes visto durante la etapa castrista, que el Estado se dispuso a sacar su tajada. Por ello, de todos los pagos que se efectúan a los grupos musicales el 50 % va para la institución oficiosa. Y claro, también hay que pagar impuestos, en este caso el 7 % para la ONAT, la recaudadora. En total, los músicos perciben el 43 %.

Una empresa que requiera de una agrupación musical para amenizar sus actividades para los turistas debe pagar 10 pesos convertibles por actuación, si se trata de un solista. Ya si es un dúo, pagará 15, y aumentará 5 CUC por cada integrante que posea el grupo. Así, un septeto cobra 40 CUC por actuación. De hecho ya 20 van para las arcas del Estado y 2.80 para la carga tributaria. En total quedan 17.20 que habrá que repartir entre los siete músicos, a razón de 2.45 CUC per cápita. Y claro, eso es si no hay que dar algo al representante o al que les puso "el punto" para hacerse de ese trabajito.

Si tenemos en cuenta que la jornada laboral cubana dispone de 26 días de trabajo al mes, esos músicos ganarían 63.70 mensuales, que visto desde el punto de vista de la pobreza material en que vive este pueblo y la lógica gubernamental de que con un CUC se pueden comprar 102 litros de leche, etc., etc., etc., se puede pensar que esos músicos son unos privilegiados. Pero la realidad es otra.

Debido a una real baja turística (que contradice los crecimientos que el MINTUR anuncia a bombo y platillo) y a otros problemas objetivos y subjetivos (entre ellos a la "búsqueda" de los trabajadores y dirigentes de cada establecimiento), éstos no contratan "a tiempo completo" a las agrupaciones, y prefieren música grabada para animar a los foráneos. De ahí que los músicos, que pertenecen a un "sector privilegiado" del mundo laboral del país, vivan en eterna crisis económica.

Es ahí cuando llega el cepillo salvador. "Ayuden al músico cubano" ya no es la consigna. Promueven más las propinas en divisas una buena actuación, y lleno de sudor por el ejercicio artístico desarrollado y una cara con mezcla de sonrisa y necesidad, pasar el cepillo por las mesas.

Pero para que el turista no tenga que enfrentarse a tamaña disyuntiva (dar o no dar, ésa es la cuestión), recurre a su favor la salvaguardia estatal: está prohibido pasar el cepillo por las mesas, con multas que ascienden hasta los 1,500 CUC en caso de violación administrativa de esa disposición. El turista agradecido debe levantarse de su mesa e ir a los músicos para darles su dádiva. Del músico con el cepillo en guaguas y restaurantes de los años 50 se pasó al estereotipo del limosnero frente a Iglesias de esa época (y también resucitado en la actualidad).

Otra variante de los músicos para "defenderse" era ofertar su música grabada en CDRom de producciones piratas. Eso también está prohibido, con fuertes multas para proteger "el derecho de autor", claro refiriéndose a las oficialistas casas grabadoras de estos soportes musicales como el verdadero "autor".

En fin, a los pobres músicos sólo les queda la posibilidad de hacer cabildeo entre los turistas que se interesan en su actuación, y entonces la consigna "ayude a los músicos cubanos" se completa con "para lograr un contrato y poder viajar al exterior". Contrato del que no todos regresan, con la esperanza de que en otras latitudes aprecien su arte musical, que encarna los dolores de este pueblo.


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