PRENSA INTERNACIONAL
Junio 10, 2005
 

'Que me da su mano franca...'

Belkis Cuzá Male, El Nuevo Herald, 9 de junio de 2005.

Un reciente artículo de Néstor Díaz de Villegas en Encuentro en la Red sobre la generación del Mariel me ha llevado a escribir éste. Cualquier tiempo es bueno, cualquier excusa noble para hacer justicia, y creo que el exilio cubano --envuelto como está en su batalla política-- olvida a ratos que todo es ''política'' y que parte primerísima de ésta son la cultura y sus hacedores, los artistas, los intelectuales y también los que la promueven o apoyan.

En ese aspecto, el matrimonio formado por Juan Manuel y Nancy Pérez Crespo, fundadores de Sibi, libreria y editorial --y luego galería y teatro--, merecen la palma de oro. Y digo bien la palma, porque habría que estrecharles la mano y darles las gracias de corazón por todo lo que han hecho por la cultura cubana del exilio.

Esta pareja --sin ser ellos mismos propiamente artistas-- han dedicado buena parte de sus vidas a enaltecer y dar realidad a la cultura del exilio en Miami. No quiero quedarme sólo en la apología, pues detesto los discursos por muy bien intencionados que sean. Me gusta compartir lo anecdótico, lo que he conocido de primera mano de la gente, a la hora de hablar de ellos.

Nancy y Juan Manuel Pérez Crespo no son sólo un matrimonio ejemplar, y padres y abuelos de excepcion, sino promotores, mecenas (si es que podemos utilizar este término cuando no se trata de personas acaudaladas, sino de simples e incansables trabajadores por la cultura), en una época en que comenzaban a llegar de Cuba, casi en avalancha, gran cantidad de creadores e intelectuales. Como cubierto por fino velo, que ha traspasado ahora con furia el destino, me veo en medio de aquellas peñas celebradas cada semana en la Librería Sibi de la calle 40, en pleno año 79, recién llegada yo de Cuba, sola y desamparada, con aquel estatus de ilegal, llena de pánico y sin conocer a ciencia cierta qué iba a pasar conmigo, mientras Heberto Padilla y mi hija permanecían como rehenes de Castro. Nancy y Juan Manuel, con los que ya había comenzado a trabajar en la librería Sibi, me dieron no sólo su ayuda material, sino humana. Fueron mis amigos, compartieron conmigo mis angustias y me apoyaron en todas las ideas (a ratos, quizás, un tanto ''extrañas'') para lograr la salida de Heberto de Cuba. Y en aquella peña se hizo humana mi vida de recien exiliada.

A cuántos no recuerdo ahora de esos tiempos, especialmente al inolvidable periodista Martínez Márquez, incansable defensor de la libertad de prensa, figura legendaria en el Miami de entonces; y qué privilegio el haber oido contar a un Tony Cuesta sus años en aquellas mazmorrras castristas. Ciego y manco como estaba, el salón se iluminaba con sus anécdotas y su voluntad de vivir. Y otro tanto tendría que decir de aquel ''pantera negra'', Tony Brian, amigo entrañable de Cuesta y luego también poeta, quien dejó su impronta en aquel espacio de tiempo irrepetible. De entonces son muchos los que recuerdo: a Carlos Montenegro, el gran novelista, ya sin su fabulosa Emma Pérez; a Ofelia Hudson, a Leiseca, a Liliam, a Marcia Morgado, a tantos que no quisiera dejar de mencionar a ninguno. De hecho los estoy mirando ahora a todos ellos, aunque se me escapen ahora sus nombres.

Se dice que en La Habana de antes del 59 abaundaban las tertulias de café con leche. En la de Nancy y Juan Manuel solíamos terminar frente a una espumosa taza de café con leche y pan con matequilla, casi a la medianoche, en ese suburbio silencioso que a esa hora era Westchester. Qué noches para recordar, ahora que muchos de ellos andan por el otro mundo.

La Editorial Sibi, fundada y dirigida por este matrimonio, fue y es ejemplo de lo que se puede hacer desde la constancia y el sacrificio, aunque muy pocos parezcan reconocerlo. En Sibi se han publicado libros de importancia capital para la cultura cubana, sin que nadie lo haya notado hasta ahora. Sibi también alojó galería de arte y teatro (construido por el laborioso Juan Manuel), pero la indiferencia por la cultura, la falta de apoyo económico, terminó con el maravilloso proyecto cultural de los Pérez Crespo.

Por si no bastara con esto, debo añadir la hospitalidad de este matrimonio, siempre ofreciendo albergue y amistad a cuanto artista e intelectual cubano llegaba a Miami. Por mi parte, no olvidaré aquellas botas rojas, el abrigo blanco y la ropa de Nancy Pérez Crespo con que viajé a New York, en compañía de la poeta Marta Padilla, para hacer gestiones en favor de la salida de Heberto. Ni la acogida que le dispensaron cuanto éste llegó a Miami, al igual que a Reinaldo Arenas y a todos los que fueron parte de ese momento extraordinario llamado Mariel. ¿Quién no durmió en casa de este matrimonio, y disfrutó de aquellas cenas maravillosas preparadas por Nancy, de las tazas de café recién colado a todas horas?

Hoy, Nancy y Juan Manuel tienen a su cargo la Nueva Prensa Cubana y publican la revista EPECE, y no han dejado de ofrecer su mano a los amigos, a los disidentes cubanos y a todos los que toquen a su puerta. Creo que es hora de dejarles saber cuánto les agradezco que existan y sigan siendo refugio imprescindible para los que no cuentan con otra cosa que la amistad y una conversación de tertulia de café con leche bajo la inmensa noche miamense.

belkisbell@aol.com

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