|
SOCIEDAD
Surrealismo cubano
Entrevista a Bernardo Heredia Pérez
Roberto Santana Rodríguez
LA HABANA, Cuba - Junio (www.cubanet.org) -
Bernardo Heredia Pérez, cubano de 42 años
y residente en los Estados Unidos desde 1994,
se encuentra atrapado en un limbo migratorio en
Cuba. Las autoridades de Inmigración de
la Isla no le permiten abandonar el país.
En los Estados Unidos Heredia tiene a su esposa
y a su hija Ángela Marie, de dos años.
Ellas lo esperan sin saber a ciencia cierta si
el encuentro se producirá.
P: ¿Por qué las autoridades de Inmigración
no le permiten abandonar el país?
R: No encuentro una respuesta convincente. Me
lo he preguntado cientos, miles de veces sin hallar
respuesta satisfactoria. Al parecer se trata de
una venganza de Inmigración porque ayudé
a mi hermano a abandonar el país dándole
mi pasaporte. En el mes de marzo le di mi pasaporte
a mi hermano menor, Fidel Heredia Pérez
para que se fuera a México. Luego cruzó
la frontera con Estados Unidos y pidió
asilo en ese país. Esto lo pudimos hacer
porque él se parece mucho a mí.
Desde México me envió el pasaporte
con una mensajera.
P: ¿Por qué no pudo regresar a los
Estados Unidos con su familia?
R: Algo salió mal, las autoridades de Inmigración
descubrieron que alguien había salido del
país con mi pasaporte.
P: ¿Y no previeron que algo así
podría pasar?
R: Estábamos casi seguros de que tendríamos
éxito. Un pequeño detalle hizo fracasar
nuestro plan. Inmigración había
dispuesto un nuevo trámite consistente
en un documento de color rosado que me parece
se llama control de entrada, el que tiene original
y copia. Al entrar y salir se entregan las dos,
por lo que mi hermano tuvo que entregarlo cuando
se fue en marzo. Ya sabía que algo podía
salir mal, pero aún así decidí
arriesgarme. Al ser descubierto traté de
ganar el mayor tiempo posible para que no pudieran
deportar a mi hermano. Estuve 31 días preso
en la cárcel que está detrás
de la oficina de atención al extranjero
en la calle Factor, en Nuevo Vedado.
P: Bernardo, ¿está consciente de
que se cometió el delito de suplantación
de identidad para que su hermano emigrara de Cuba?
R: Mi hermano fue el que cometió la suplantación
de mi identidad para viajar, esto con mi consentimiento
y ayuda. No me arrepiento de lo que hice, lo ayudé
a obtener su libertad. Esta infracción
se sanciona en otros países con una multa
o con la deportación. A mí se me
retiene en Cuba.
P: Cuénteme sobre los 31 días que
permaneció en la cárcel de Inmigración.
R: Me sometieron a intensos interrogatorios para
que confesara lo sucedido. Como le dije, traté
de ganar el mayor tiempo posible para proteger
a mi hermano, impidiendo así que fuera
devuelto a Cuba. Contaba historias en parte verdad
y en parte mentira. Hasta que al décimo
día dije la verdad pensando que mi hermano
estaba a salvo, y estimulado por lo que me dijo
el teniente coronel que me interrogaba acerca
de que si confesaba me dejarían marchar.
Esto fue un engaño porque lo que me dijeron
después era que de Cuba no podría
salir por vía aérea, de cualquier
otra forma si, por avión no. Esto es un
cambio, tú hermano allá y tú
aquí. Ahora estoy desesperado, me han dado
un carné de identidad y me han puesto en
la libreta de abastecimiento de mi mamá
en Marianao.
P: Si confesó al décimo día,
¿por qué estuvo preso 21 días
más?
R: No lo sé, en ese tiempo sólo
comía y dormía, dejaron de interrogarme
sobre la salida de mi hermano. Sólo me
preguntaban sobre Estados Unidos, trámites
de todo tipo allá. Después confrontaban
estos datos preguntando a otros detenidos.
P: ¿Por qué piensa que hicieron
eso?
R: Posiblemente para informar y preparar a los
agentes que introducen en los Estados Unidos como
los cinco que ahora están presos allá.
P: Bernardo, ¿por qué abandonó
Cuba en 1994 a bordo de una balsa?
R: En Cuba no tenía futuro, trabajaba y
trabajaba y no veía resultado alguno que
redundara en mi beneficio y el de mi familia.
Soy graduado de economía y trabajé
un tiempo en el contingente Ñico López.
Después pasé el servicio militar
en Angola a finales de los 80, cuando estaba la
guerra.
P: ¿Por qué fue a la guerra de Angola?
R: Usted sabe, aquí las cosas son de forma
voluntoria, volun por voluntad y toria por obligatoria.
Si no iba, usted sabe lo que me podía pasar.
P: ¿Usted simpatizaba con el gobierno entonces?
R: Puede decirse que sí, estaba, como muchos
engañado, después me di cuenta que
todo es una gran mentira.
P: ¿Me puede referir alguna anécdota
de la guerra en Angola?
R: En una ocasión nos enviaron a emboscar
unos carros de los sudafricanos, pero la información
que teníamos era incorrecta y en vez de
cuatro eran 12 los que venían a nuestro
encuentro. Fuimos atacados nosotros, de 77 hombres
quedamos 14, hubo siete muertos.
P: Y los otros cincuenta y seis, ¿qué
hicieron?
R: Huyeron, corrieron, aquello era el acabóse,
nos defendimos como gatos boca arriba y ganamos
capturando dos carros con el único sudafricano
que fue hecho prisionero en toda la guerra por
cubanos.
P: ¿Recibió reconocimientos por
esta batalla?
R: Me dieron cinco medallas, entre ellas la Camilo
Cienfuegos.
P: Entonces debió apoyar de manera más
ferviente al régimen cubano.
R: No, las medallas las acepté, pero rechacé
la oferta de ingresar a la Unión de Jóvenes
Comunistas al regresar a Cuba. Al regresar estuve
un tiempo más en el Contingente y después
me fui, dedicándome a trabajar por mi cuenta.
Iba a Oriente y compraba motocicletas que tuvieran
traspaso y luego de repararlas las vendía
en La Habana, me iba bastante bien en el negocio.
P: ¿Por qué abandonó Cuba
si las cosas le iban bien?
R: En el año 1994 se anunció que
el Estado iba a confiscar todas las motos vendidas,
como dicen ellos, ilegalmente. Me di cuenta de
que ya no tenía futuro en Cuba y decidí
emigrar.
P: ¿Cómo lo hizo?
R: Un amigo y yo hicimos una balsa de poliespuma,
madera y aluminio y nos tiramos el 8 de junio
de 1994 por la playa de Guanabo.
P: ¿Qué puede decir sobre la travesía?
R: Fue una pesadilla, mi vida estuvo en gran peligro,
por eso es que no quería que mi hermano
hiciera lo mismo. Estuvimos siete días
en el mar, sin comida, con agua hasta el quinto
día. Al sexto llovió y pudimos chupar
nuestras ropas. Al séptimo día nos
recogió un barco europeo, yo estaba inconciente
con deshidratación severa. Desperté
en un hospital de Miami, estoy muy agradecido
con el gobierno norteamericano y con la Iglesia
Católica que cubrió todos mis gastos
hasta que pude establecerme.
P: ¿Cómo se sintió en Estados
Unidos?
R: Muy impactado, todo por botones y computadoras,
otro mundo, tocaba un botón tin tin y salía
un papel, imagínese. Quería aprender
todo en un día, estaba muy feliz por haber
llegado con vida y dispuesto a empezar una nueva
vida.
P: ¿Dónde trabajó? ¿Fundó
una familia?
R: En una hamburguesera. Fue mi primer trabajo;
luego en dos casinos. Iba mejorando cada vez más.
En 1995 conocí a la que después
fue mi esposa, Maria Teresa Fernández que
trabaja en un casino perteneciente a la cadena
de hoteles Hilton en Las Vegas. Allí labora
en el departamento de máquinas. Ella es
hija de un preso político, tiene 34 años.
Nos casamos y hemos sido siempre un matrimonio
muy bien compenetrado, nuestra felicidad se vio
incrementada con el nacimiento de Ángela
Marie en febrero de 2003, la niña ahora
tiene dos años.
P: ¿Qué dicen su esposa y su hermano
en los Estados Unidos sobre lo sucedido?
R: Mi esposa primeramente estaba muy disgustada
con nosotros porque ella no sabía nada;
nadie sabía nada, sólo nosotros.
Después ha ido comprendiendo y ha pasado
al estado de desesperación en el que también
me encuentro yo por no poder reunirnos. Mi hermano
está muy apenado, me ha dicho por teléfono
que está dispuesto a regresar para que
yo pueda volver a los Estados Unidos.
P: ¿Y usted que le ha respondido?
R: Que no lo haga de ninguna manera.
P: ¿Cómo se siente actualmente?
R: Me siento desarraigado por la repatriación
forzosa de la que he sido víctima. Trataré
de todas las formas posibles de regresar a los
Estados junto a los míos.
|