PRENSA INDEPENDIENTE
Junio 10, 2005
 

SOCIEDAD
Surrealismo cubano

Entrevista a Bernardo Heredia Pérez

Roberto Santana Rodríguez

LA HABANA, Cuba - Junio (www.cubanet.org) - Bernardo Heredia Pérez, cubano de 42 años y residente en los Estados Unidos desde 1994, se encuentra atrapado en un limbo migratorio en Cuba. Las autoridades de Inmigración de la Isla no le permiten abandonar el país. En los Estados Unidos Heredia tiene a su esposa y a su hija Ángela Marie, de dos años. Ellas lo esperan sin saber a ciencia cierta si el encuentro se producirá.

P: ¿Por qué las autoridades de Inmigración no le permiten abandonar el país?

R: No encuentro una respuesta convincente. Me lo he preguntado cientos, miles de veces sin hallar respuesta satisfactoria. Al parecer se trata de una venganza de Inmigración porque ayudé a mi hermano a abandonar el país dándole mi pasaporte. En el mes de marzo le di mi pasaporte a mi hermano menor, Fidel Heredia Pérez para que se fuera a México. Luego cruzó la frontera con Estados Unidos y pidió asilo en ese país. Esto lo pudimos hacer porque él se parece mucho a mí. Desde México me envió el pasaporte con una mensajera.

P: ¿Por qué no pudo regresar a los Estados Unidos con su familia?

R: Algo salió mal, las autoridades de Inmigración descubrieron que alguien había salido del país con mi pasaporte.

P: ¿Y no previeron que algo así podría pasar?

R: Estábamos casi seguros de que tendríamos éxito. Un pequeño detalle hizo fracasar nuestro plan. Inmigración había dispuesto un nuevo trámite consistente en un documento de color rosado que me parece se llama control de entrada, el que tiene original y copia. Al entrar y salir se entregan las dos, por lo que mi hermano tuvo que entregarlo cuando se fue en marzo. Ya sabía que algo podía salir mal, pero aún así decidí arriesgarme. Al ser descubierto traté de ganar el mayor tiempo posible para que no pudieran deportar a mi hermano. Estuve 31 días preso en la cárcel que está detrás de la oficina de atención al extranjero en la calle Factor, en Nuevo Vedado.

P: Bernardo, ¿está consciente de que se cometió el delito de suplantación de identidad para que su hermano emigrara de Cuba?

R: Mi hermano fue el que cometió la suplantación de mi identidad para viajar, esto con mi consentimiento y ayuda. No me arrepiento de lo que hice, lo ayudé a obtener su libertad. Esta infracción se sanciona en otros países con una multa o con la deportación. A mí se me retiene en Cuba.

P: Cuénteme sobre los 31 días que permaneció en la cárcel de Inmigración.

R: Me sometieron a intensos interrogatorios para que confesara lo sucedido. Como le dije, traté de ganar el mayor tiempo posible para proteger a mi hermano, impidiendo así que fuera devuelto a Cuba. Contaba historias en parte verdad y en parte mentira. Hasta que al décimo día dije la verdad pensando que mi hermano estaba a salvo, y estimulado por lo que me dijo el teniente coronel que me interrogaba acerca de que si confesaba me dejarían marchar. Esto fue un engaño porque lo que me dijeron después era que de Cuba no podría salir por vía aérea, de cualquier otra forma si, por avión no. Esto es un cambio, tú hermano allá y tú aquí. Ahora estoy desesperado, me han dado un carné de identidad y me han puesto en la libreta de abastecimiento de mi mamá en Marianao.

P: Si confesó al décimo día, ¿por qué estuvo preso 21 días más?

R: No lo sé, en ese tiempo sólo comía y dormía, dejaron de interrogarme sobre la salida de mi hermano. Sólo me preguntaban sobre Estados Unidos, trámites de todo tipo allá. Después confrontaban estos datos preguntando a otros detenidos.

P: ¿Por qué piensa que hicieron eso?

R: Posiblemente para informar y preparar a los agentes que introducen en los Estados Unidos como los cinco que ahora están presos allá.

P: Bernardo, ¿por qué abandonó Cuba en 1994 a bordo de una balsa?

R: En Cuba no tenía futuro, trabajaba y trabajaba y no veía resultado alguno que redundara en mi beneficio y el de mi familia. Soy graduado de economía y trabajé un tiempo en el contingente Ñico López. Después pasé el servicio militar en Angola a finales de los 80, cuando estaba la guerra.

P: ¿Por qué fue a la guerra de Angola?

R: Usted sabe, aquí las cosas son de forma voluntoria, volun por voluntad y toria por obligatoria. Si no iba, usted sabe lo que me podía pasar.

P: ¿Usted simpatizaba con el gobierno entonces?

R: Puede decirse que sí, estaba, como muchos engañado, después me di cuenta que todo es una gran mentira.

P: ¿Me puede referir alguna anécdota de la guerra en Angola?

R: En una ocasión nos enviaron a emboscar unos carros de los sudafricanos, pero la información que teníamos era incorrecta y en vez de cuatro eran 12 los que venían a nuestro encuentro. Fuimos atacados nosotros, de 77 hombres quedamos 14, hubo siete muertos.

P: Y los otros cincuenta y seis, ¿qué hicieron?

R: Huyeron, corrieron, aquello era el acabóse, nos defendimos como gatos boca arriba y ganamos capturando dos carros con el único sudafricano que fue hecho prisionero en toda la guerra por cubanos.

P: ¿Recibió reconocimientos por esta batalla?

R: Me dieron cinco medallas, entre ellas la Camilo Cienfuegos.

P: Entonces debió apoyar de manera más ferviente al régimen cubano.

R: No, las medallas las acepté, pero rechacé la oferta de ingresar a la Unión de Jóvenes Comunistas al regresar a Cuba. Al regresar estuve un tiempo más en el Contingente y después me fui, dedicándome a trabajar por mi cuenta. Iba a Oriente y compraba motocicletas que tuvieran traspaso y luego de repararlas las vendía en La Habana, me iba bastante bien en el negocio.

P: ¿Por qué abandonó Cuba si las cosas le iban bien?

R: En el año 1994 se anunció que el Estado iba a confiscar todas las motos vendidas, como dicen ellos, ilegalmente. Me di cuenta de que ya no tenía futuro en Cuba y decidí emigrar.

P: ¿Cómo lo hizo?

R: Un amigo y yo hicimos una balsa de poliespuma, madera y aluminio y nos tiramos el 8 de junio de 1994 por la playa de Guanabo.

P: ¿Qué puede decir sobre la travesía?

R: Fue una pesadilla, mi vida estuvo en gran peligro, por eso es que no quería que mi hermano hiciera lo mismo. Estuvimos siete días en el mar, sin comida, con agua hasta el quinto día. Al sexto llovió y pudimos chupar nuestras ropas. Al séptimo día nos recogió un barco europeo, yo estaba inconciente con deshidratación severa. Desperté en un hospital de Miami, estoy muy agradecido con el gobierno norteamericano y con la Iglesia Católica que cubrió todos mis gastos hasta que pude establecerme.

P: ¿Cómo se sintió en Estados Unidos?

R: Muy impactado, todo por botones y computadoras, otro mundo, tocaba un botón tin tin y salía un papel, imagínese. Quería aprender todo en un día, estaba muy feliz por haber llegado con vida y dispuesto a empezar una nueva vida.

P: ¿Dónde trabajó? ¿Fundó una familia?

R: En una hamburguesera. Fue mi primer trabajo; luego en dos casinos. Iba mejorando cada vez más. En 1995 conocí a la que después fue mi esposa, Maria Teresa Fernández que trabaja en un casino perteneciente a la cadena de hoteles Hilton en Las Vegas. Allí labora en el departamento de máquinas. Ella es hija de un preso político, tiene 34 años. Nos casamos y hemos sido siempre un matrimonio muy bien compenetrado, nuestra felicidad se vio incrementada con el nacimiento de Ángela Marie en febrero de 2003, la niña ahora tiene dos años.

P: ¿Qué dicen su esposa y su hermano en los Estados Unidos sobre lo sucedido?

R: Mi esposa primeramente estaba muy disgustada con nosotros porque ella no sabía nada; nadie sabía nada, sólo nosotros. Después ha ido comprendiendo y ha pasado al estado de desesperación en el que también me encuentro yo por no poder reunirnos. Mi hermano está muy apenado, me ha dicho por teléfono que está dispuesto a regresar para que yo pueda volver a los Estados Unidos.

P: ¿Y usted que le ha respondido?

R: Que no lo haga de ninguna manera.

P: ¿Cómo se siente actualmente?

R: Me siento desarraigado por la repatriación forzosa de la que he sido víctima. Trataré de todas las formas posibles de regresar a los Estados junto a los míos.


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