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ECONOMIA
INFORMAL
Borrón y cuenta nueva
Lucas Garve, Fundación por la Libertad
de Expresión
LA HABANA, Cuba - Junio (www.cubanet.org) -
El final de la tarde derramaba los últimos
rayos de sol sobre los portales de la atestada
Calzada de 10 de Octubre. El chofer del taxi conducía
callado y atento a los carros que avanzaban por
la senda contraria y al auto que le precedía.
Los faros de un auto desde la senda opuesta indicaron
la cercanía de la policía de tránsito.
"Tengo que escaparme para que no me cojan.
Hace dos días me paró un 'caballito'
(policía motorizada del tránsito)
y me tiró por la planta; ¡Oye, y
no tenía ninguna multa en la computadora!
¡Oye, me salvé porque yo andaba por
los veintipico de puntos!"
El chofer nos confió lo que un socio le
dijo: la computadora donde guardan miles de datos
de las multas se había roto y se borraron
miles de ellos. Según este conductor, decenas
de chóferes de taxis privados se han visto
privados de la licencia a causa de acumular una
cifra mayor del límite de puntos que puedan
tener por causa de las multas. (La cifra límite
es de 36 puntos.)
Aseguró que hace dos años el número
de chóferes de taxis privados ascendía
a cerca de doscientos en este sector del sur de
La Habana. "Hoy, no quedan ni la cuarta parte,
el mambo está muy duro y los que no pierden
la licencia, se retiran. Yo tuve suerte ahora
porque con el borrón de la computadora
estoy haciendo cuenta nueva".
Por otra parte, la tendencia gubernamental no
es ayudar a los chóferes de taxis particulares.
Por el contrario, han declarado públicamente
el deseo de acabar con ellos, sin reconocer cuánto
han contribuido a la transportación durante
más de una decena de años. Un mecánico,
trabajador de una unidad de reparación
de transporte, me relató que el ministro
del ramo explicó que los nuevos vehículos
incorporados servirían para acabar con
los "boteros" (chóferes particulares).
Una actitud que obedece a la sin razón
que son chóferes independientes del organismo
estatal de transporte.
Sin embargo, el servicio de transporte público
de la capital cubana no mejora, aunque las promesas
y proyectos gubernamentales no falten en las emisiones
informativas de la televisión cubana.
Aunque la falta de transporte es uno de los aspectos
más fastidiosos de la vida cotidiana para
los capitalinos, además del poco control
y el desorden de los trabajadores en el servicio
de los famosos "camellos", los problemas
no se han eliminado.
En las últimas semanas algunos ómnibus
articulados, con un rótulo que atestigua
la donación por parte de una organización
de solidaridad suiza con Cuba, constituyen el
único esfuerzo concreto dirigido a la solución
de este factor imprescindible en una ciudad como
La Habana. Aunque estos ómnibus no circulan
en todas las rutas de la capital.
Por el momento, la única posibilidad de
circular por La Habana es detener a un taxi privado
o un automóvil conducido por un chofer
que no tenga licencia y se arriesgue a una multa
de cientos de pesos, sólo por acercarlo
a su destino.
En conclusión, el problema del transporte
ya es una enfermedad incurable que padecemos por
varias generaciones. Pero nadie ha escuchado nunca
a ninguno de los sucesivos ministros de Transporte
durante más de 40 años excusarse
por las insuperables ineficiencias del servicio.
Quizás haga falta que borren el disco duro
de las orientaciones.
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