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ECONOMIA
INFORMAL
Las agonías de un botero
Oscar Mario González, Grupo Decoro
LA HABANA, Cuba - Junio (www.cubanet.org) -
Los boteros (choferes de alquiler particulares)
están pasando uno de los peores momentos
de estos últimos 46 años de zozobras
y sobresaltos.
Los rumores que van y vienen de boca en boca por
la capital hablan sobre una eminente liquidación
de este importante sector de los servicios públicos.
Sólo porque el que más dice de todos
los que pueden decir en el país se refirió
en tono burlón y despectivo en los programas
"Jueves del comandante", a "ésos
que sustraen gasolina para negocios particulares",
y a "ésos que contaminan el ambiente
con viejos cacharros". No hay que ser muy
perspicaz para darse cuenta de que tales "puyitas"
van dirigidas contra los taxistas particulares.
No es la primera vez que estos cubanos "buscavidas"
han estado en aprietos y en peligro de extinción.
Desde los primeros meses de 1959 el gobierno de
los barbudos trató de eliminarlos, sustituyéndolos
por aquellas "violeteras", prostitutas
devenidas taxistas, como parte de una política
de adoctrinamiento que anunciaba fines educativos
y de adecentamiento ciudadano. Se trató,
con una especie de "confiscación sexual",
que aquellas mujeres formaran un aguerrido equipo
de "taxistas revolucionarias".
Pero todo fue un rotundo fracaso que, unido a
la disminución paulatina del parque automovilístico
existente, potenció al sector privado,
dispuesto a recoger pasajeros y a hacer de la
tarea su modo de subsistencia.
A mediados de la década de 1970 muchos
creyeron que con la llegada de carros americanos
procedentes de Argentina y otros que arribaban
de Francia, Italia y de la difunta Unión
Soviética, se firmaba el certificado de
defunción de los boteros. Otra vez fallaron
los augurios pesimistas, y de aquella encerrona
nuestros amigos salieron fortalecidos y se hicieron
más necesarios que nunca a medida que el
parque vehicular norteamericano languidecía.
Posteriormente, con el período especial
y el rumbo al estilo de Kampuchea que tomaba el
país, caracterizado, entre otras cosas,
por el colapso energético, era predecible
el inminente desastre de estos cubanos, artífices
del invento y del desafío a la vida. Pero
no fue así. Estos seres que parecen gozar
del favor de los orishas y la bendición
del Espíritu Santo, demuestran tener más
vidas que el gato. Entonces, y con más
fuerza que nunca, resurgieron de sus propias cenizas
como el ave Fénix, al frescor de aquellas
gotas de capitalismo que el Comandante roció
sobre el carapacho del caimán a mediados
de los noventa del pasado siglo.
Aunque la capacidad de sobrevivencia y la gracia
de la resurrección parece acompañar
a estos admirables cubanos, el cerco tendido en
torno a ellos es como para ponerle los pelos de
punta a cualquiera.
Se rumora que los centenares de ómnibus
chinos comprados y recientemente anunciados por
el propio Comandante, tienen, entre otras finalidades,
brindar servicios alternativos por las principales
rutas de ómnibus existentes, a un precio
intermedio entre el fijado por el gobierno en
las guaguas corrientes, y el que cobran los boteros.
Algunos hablan de cuatro o cinco pesos, lo cual
estaría unas diez veces por encima de los
cuarenta centavos actuales, como precio oficial,
y cinco veces por debajo de los 20 pesos que comúnmente
cobra el chofer privado.
De cualquier manera, si el gobierno lograra a
menos precio suplir el servicio que durante 46
años ha brindado el botero, ello sería
bien recibido por la población. Pero, sobradas
razones nos asisten para dudar de la capacidad
del estado.
Mientras tanto, los taxistas particulares siguen
rodando por el asfalto habanero, bien curtidos
por el sol, con un pellejo al que no le entra
la picada del mosquito del dengue ni las propias
balas.
Si han sabido conducir el cacharro durante casi
medio siglo por las peligrosas calles del castrismo,
seguramente sabrán capear el presente temporal
y llevarlo a lugar seguro.
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