PRENSA INDEPENDIENTE
Junio 6, 2005
 

ECONOMIA INFORMAL
Las agonías de un botero

Oscar Mario González, Grupo Decoro

LA HABANA, Cuba - Junio (www.cubanet.org) - Los boteros (choferes de alquiler particulares) están pasando uno de los peores momentos de estos últimos 46 años de zozobras y sobresaltos.

Los rumores que van y vienen de boca en boca por la capital hablan sobre una eminente liquidación de este importante sector de los servicios públicos. Sólo porque el que más dice de todos los que pueden decir en el país se refirió en tono burlón y despectivo en los programas "Jueves del comandante", a "ésos que sustraen gasolina para negocios particulares", y a "ésos que contaminan el ambiente con viejos cacharros". No hay que ser muy perspicaz para darse cuenta de que tales "puyitas" van dirigidas contra los taxistas particulares.

No es la primera vez que estos cubanos "buscavidas" han estado en aprietos y en peligro de extinción.

Desde los primeros meses de 1959 el gobierno de los barbudos trató de eliminarlos, sustituyéndolos por aquellas "violeteras", prostitutas devenidas taxistas, como parte de una política de adoctrinamiento que anunciaba fines educativos y de adecentamiento ciudadano. Se trató, con una especie de "confiscación sexual", que aquellas mujeres formaran un aguerrido equipo de "taxistas revolucionarias".

Pero todo fue un rotundo fracaso que, unido a la disminución paulatina del parque automovilístico existente, potenció al sector privado, dispuesto a recoger pasajeros y a hacer de la tarea su modo de subsistencia.

A mediados de la década de 1970 muchos creyeron que con la llegada de carros americanos procedentes de Argentina y otros que arribaban de Francia, Italia y de la difunta Unión Soviética, se firmaba el certificado de defunción de los boteros. Otra vez fallaron los augurios pesimistas, y de aquella encerrona nuestros amigos salieron fortalecidos y se hicieron más necesarios que nunca a medida que el parque vehicular norteamericano languidecía.

Posteriormente, con el período especial y el rumbo al estilo de Kampuchea que tomaba el país, caracterizado, entre otras cosas, por el colapso energético, era predecible el inminente desastre de estos cubanos, artífices del invento y del desafío a la vida. Pero no fue así. Estos seres que parecen gozar del favor de los orishas y la bendición del Espíritu Santo, demuestran tener más vidas que el gato. Entonces, y con más fuerza que nunca, resurgieron de sus propias cenizas como el ave Fénix, al frescor de aquellas gotas de capitalismo que el Comandante roció sobre el carapacho del caimán a mediados de los noventa del pasado siglo.

Aunque la capacidad de sobrevivencia y la gracia de la resurrección parece acompañar a estos admirables cubanos, el cerco tendido en torno a ellos es como para ponerle los pelos de punta a cualquiera.

Se rumora que los centenares de ómnibus chinos comprados y recientemente anunciados por el propio Comandante, tienen, entre otras finalidades, brindar servicios alternativos por las principales rutas de ómnibus existentes, a un precio intermedio entre el fijado por el gobierno en las guaguas corrientes, y el que cobran los boteros. Algunos hablan de cuatro o cinco pesos, lo cual estaría unas diez veces por encima de los cuarenta centavos actuales, como precio oficial, y cinco veces por debajo de los 20 pesos que comúnmente cobra el chofer privado.

De cualquier manera, si el gobierno lograra a menos precio suplir el servicio que durante 46 años ha brindado el botero, ello sería bien recibido por la población. Pero, sobradas razones nos asisten para dudar de la capacidad del estado.

Mientras tanto, los taxistas particulares siguen rodando por el asfalto habanero, bien curtidos por el sol, con un pellejo al que no le entra la picada del mosquito del dengue ni las propias balas.

Si han sabido conducir el cacharro durante casi medio siglo por las peligrosas calles del castrismo, seguramente sabrán capear el presente temporal y llevarlo a lugar seguro.


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