PRENSA INDEPENDIENTE
Junio 3, 2005
 

SOCIEDAD
¡Y parecía bobita!

Oscar Mario González, Grupo Decoro

LA HABANA, Cuba - Junio (www.cubanet.org) - Cuando aquella fresca tarde de primavera Anianka apareció vestida de novia, camino de la iglesia, todos en la cuadra se quedaron boquiabiertos.

Según los más viejos, fue el acontecimiento más espectacular ocurrido en el barrio Cocosolo en los últimos 46 años.

Nadie pudo imaginar jamás que Anianka, aquella muchachita por momentos infantil, de piel negra y pelo rizado pegado al cráneo; sin mayores atractivos que una cintura estrecha y las nalgas empinadas, pudiera haberse empatado con un italiano (no importa que tuviera 66 años), para ser llevada al altar, y allí, escuchar de labios del sacerdote pasajes del Antiguo y el Nuevo Testamento. ¡Cuántas jineteras en el barrio añoraban semejante dicha! ¡Cuántas habían derrochado su juventud en tales intentos de manera inútil!

El único que parece haber advertido la doble personalidad de la muchacha es Atanasio "el jabao", cuando decía que aquella negrita tenía jiribilla en la sangre. Cuando afirmaba que era una mosquita muerta y que, cual gatica de Maria Ramos, tiraba la piedra y escondía la mano. Pero nadie le creía. Incluyendo a Domitila, la propia madre de Anianka.

¿Cómo creer tan astuta y avispada a quien apenas hablaba y se pasaba horas y horas mirando las azoteas con la mirada fija e inexpresiva? Hasta parecía sentir placer jugando a la rueda rueda con los más pequeños de la vecindad.

Cierto que en las últimas semanas, y bajo la influencia de Yuleisi, se aparecía de madrugada a la casa, y en dos ocasiones durmió fuera. Pero ya tenía 25 años y eran tiempos en que las quinceañeras saben hasta volar.

Por eso, cuando Anianka le contó que tenía un novio italiano llamado Marcelo, mayor que su propio padre, Domitila pensó que el mundo se le echaba encima.

Sollozando y de rodillas le imploró a la hija que dejara el jineterismo, poniéndole como ejemplo a su propia madre.

- Tu abuela me crió lavando ropa pa´la calle. Nunca me dio un mal ejemplo. Salí casadita de mi casa.

A lo que Anianka respondió:

- Yo también saldré casadita, mamá. Y para Italia.

La relación entre madre e hija se vio interrumpida durante tres días, hasta que Marcelo, espléndido, generoso, apareció en casa de la novia con un televisor a colores, dos ventiladores y un montón de jabas de nylon conteniendo los más disímiles productos. A partir de entoncesDomitila miró a Marcelo con ojos diferentes, reconociendo que, aunque "mayor", estaba muy "bien conservado". Y que, sobre todo, "tenía muy buen corazón".

Así pues, en todo el vecindario quedó el recuerdo imperecedero de aquella muchacha bendecida por los santos. Aquella que, pareciendo bobita, logró adelantársele a Yuleisi, la jinetera más codiciada del barrio, a quien le quitó a Marcelo, el italiano. Y ello lo logró Anianka sin aspavientos, como el que no quiere la cosa. Con aquellos ojos de "yo no fui", y quién sabe con cuántos encantos que, al parecer, reservaba para las grandes ocasiones.


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