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SOCIEDAD
¡Y parecía bobita!
Oscar Mario González, Grupo Decoro
LA HABANA, Cuba - Junio (www.cubanet.org) -
Cuando aquella fresca tarde de primavera Anianka
apareció vestida de novia, camino de la
iglesia, todos en la cuadra se quedaron boquiabiertos.
Según los más viejos, fue el acontecimiento
más espectacular ocurrido en el barrio
Cocosolo en los últimos 46 años.
Nadie pudo imaginar jamás que Anianka,
aquella muchachita por momentos infantil, de piel
negra y pelo rizado pegado al cráneo; sin
mayores atractivos que una cintura estrecha y
las nalgas empinadas, pudiera haberse empatado
con un italiano (no importa que tuviera 66 años),
para ser llevada al altar, y allí, escuchar
de labios del sacerdote pasajes del Antiguo y
el Nuevo Testamento. ¡Cuántas jineteras
en el barrio añoraban semejante dicha!
¡Cuántas habían derrochado
su juventud en tales intentos de manera inútil!
El único que parece haber advertido la
doble personalidad de la muchacha es Atanasio
"el jabao", cuando decía que
aquella negrita tenía jiribilla en la sangre.
Cuando afirmaba que era una mosquita muerta y
que, cual gatica de Maria Ramos, tiraba la piedra
y escondía la mano. Pero nadie le creía.
Incluyendo a Domitila, la propia madre de Anianka.
¿Cómo creer tan astuta y avispada
a quien apenas hablaba y se pasaba horas y horas
mirando las azoteas con la mirada fija e inexpresiva?
Hasta parecía sentir placer jugando a la
rueda rueda con los más pequeños
de la vecindad.
Cierto que en las últimas semanas, y
bajo la influencia de Yuleisi, se aparecía
de madrugada a la casa, y en dos ocasiones durmió
fuera. Pero ya tenía 25 años y eran
tiempos en que las quinceañeras saben hasta
volar.
Por eso, cuando Anianka le contó que
tenía un novio italiano llamado Marcelo,
mayor que su propio padre, Domitila pensó
que el mundo se le echaba encima.
Sollozando y de rodillas le imploró a
la hija que dejara el jineterismo, poniéndole
como ejemplo a su propia madre.
- Tu abuela me crió lavando ropa pa´la
calle. Nunca me dio un mal ejemplo. Salí
casadita de mi casa.
A lo que Anianka respondió:
- Yo también saldré casadita,
mamá. Y para Italia.
La relación entre madre e hija se vio
interrumpida durante tres días, hasta que
Marcelo, espléndido, generoso, apareció
en casa de la novia con un televisor a colores,
dos ventiladores y un montón de jabas de
nylon conteniendo los más disímiles
productos. A partir de entoncesDomitila miró
a Marcelo con ojos diferentes, reconociendo que,
aunque "mayor", estaba muy "bien
conservado". Y que, sobre todo, "tenía
muy buen corazón".
Así pues, en todo el vecindario quedó
el recuerdo imperecedero de aquella muchacha bendecida
por los santos. Aquella que, pareciendo bobita,
logró adelantársele a Yuleisi, la
jinetera más codiciada del barrio, a quien
le quitó a Marcelo, el italiano. Y ello
lo logró Anianka sin aspavientos, como
el que no quiere la cosa. Con aquellos ojos de
"yo no fui", y quién sabe con
cuántos encantos que, al parecer, reservaba
para las grandes ocasiones.
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