PRENSA INDEPENDIENTE
Junio 3, 2005
 

SALUD PUBLICA
Venturas y desventuras de un diabético en Cuba

María Elena Alpízar Ariosa, Grupo Decoro

PLACETAS, junio (www.cubanet.org) - El régimen cubano manifiesta constantemente que la salud pública cubana es uno de los mayores logros de la revolución. Y se hace llamar "potencia médica".

Sin embargo, los cubanos, cuando se enferman, sufren doblemente. No sólo por la dolencia, sino también por la falta de médicos, la escasez de medicamentos y los engorrosos trámites burocráticos que están obligados a realizar para la obtención de la dieta médica requerida, o para la adquisición de la tarjeta, la cual se utiliza para comprar los fármacos correspondientes.

La falta de médicos en Cuba es dramática debido al gran número de ellos que se encuentran trabajando en otros países para la poderosa industria castrista de servicios médicos internacionales.

A través de esta industria entran al país anualmente cientos de millones de dólares. El gobierno denomina estos servicios como "labores internacionalistas".

La escasez de medicamentos en la Isla es todavía más dramática que la falta de médicos, pues uno de éstos puede suplir a cinco o seis de sus homólogos, como se viene haciendo, en detrimento de la población. Pero con las medicinas no sucede igual, por su ausencia total de las farmacias. No obstante, las boticas donde se venden medicinas en divisas mantienen sus anaqueles repletos de medicinas de cualquier tipo y procedencia. También los fármacos se pueden adquirir en el mercado negro a precios exorbitantes, lejos del alcance del salario mensual del trabajador cubano.

Los trámites burocráticos que tiene que cumplir la población para conseguir la dieta médica o la tarjeta son engorrosos al extremo. Luego del papeleo correspondiente se entregan los documentos acreditativos que facilitan la adquisición de la dieta y la tarjeta, pero no garantizan a los enfermos los alimentos ni las medicinas.

Es tan precaria la situación alimentaria de la población cubana, que hay quienes reciben con alegría el diagnóstico de ciertas enfermedades, por aquello de los alimentos extras que garantiza -de manera nominal- la dieta médica.

Citamos el caso de los enfermos de Diabetes Mellitus tipo II, a quienes se les ofrece una mínima cuota extra de leche, carne de res o pollo. Los diabéticos adquieren los alimentos de la dieta por medio de la libreta de abastecimiento, la cual está habilitada para ello, aunque existen lugares en que esta cuota mínima no se les reparte mensualmente, según lo establecido.

A los diabéticos del municipio Placetas, provincia Villa Clara, no les venden la leche ni la carne de res de estas cuotas con regularidad. Los locales donde adquieren la leche no reciben el preciado alimento desde hace cuatro meses. Igual ocurre con las carnicerías que distribuyen la dieta de carne de res, aunque las entregan no son tan demoradas.

Sin embargo, en las tiendas de divisas de la localidad nunca han escaseado estos alimentos. Existen tres tiendas de este tipo que venden la leche de producción nacional a precios elevadísimos. Un kilogramo cuesta entre 5 y 6.30 pesos convertibles cubanos, lo que equivale a 120 y 150 pesos. O sea, lo que el estado le paga a un jubilado.

Lo mismo sucede con el alto costo de los productos cárnicos, los cuales son también inasequibles para el ciudadano que padezca diabetes.

Por consiguiente, los habitantes de Placetas y los cubanos en general que sientan algún regocijo cuando se les diagnostica diabetes, creyendo que así resolverán su penosa situación alimentaria, disfrutarán de "la ventura de García", pues les acontecerá lo contrario de lo que deseaban.

La desgracia de los diabéticos cubanos no sólo contempla los alimentos, sino también los servicios médicos y la adquisición de medicinas.

En Placetas, donde viven más de 65 mil personas y existe un alto por ciento de diabéticos, ningún endocrinólogo atiende esos casos porque, al igual que otros especialistas, trabajan fuera del país, en la productiva industria de servicios médicos internacionales, de cuyas ganancias sólo se benefician los altos personeros del régimen.

Los diabéticos residentes en Placetas utilizan la vía del mercado negro para adquirir sus medicinas. En el municipio no existen farmacias de venta en pesos convertibles. Las más cercanas radican en Santa Clara, capital de la provincia.

La mayoría de los diabéticos solicita sus medicamentos en las iglesias o a los activistas de derechos humanos, quienes las ofrecen de forma gratuita. Tanto los religiosos como los activistas regalan los medicamentos a escondidas, por temor a las represalias de las autoridades que prohíben y penalizan la piadosa actividad.

Los diabéticos cubanos tienen que sufrir un rosario de desventuras de las cuales están exentos los gobernantes y los extranjeros que residen en el país.


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