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SALUD
PUBLICA
Venturas
y desventuras de un diabético en Cuba
María Elena Alpízar Ariosa,
Grupo Decoro
PLACETAS, junio (www.cubanet.org) - El régimen
cubano manifiesta constantemente que la salud
pública cubana es uno de los mayores logros
de la revolución. Y se hace llamar "potencia
médica".
Sin embargo, los cubanos, cuando se enferman,
sufren doblemente. No sólo por la dolencia,
sino también por la falta de médicos,
la escasez de medicamentos y los engorrosos trámites
burocráticos que están obligados
a realizar para la obtención de la dieta
médica requerida, o para la adquisición
de la tarjeta, la cual se utiliza para comprar
los fármacos correspondientes.
La falta de médicos en Cuba es dramática
debido al gran número de ellos que se encuentran
trabajando en otros países para la poderosa
industria castrista de servicios médicos
internacionales.
A través de esta industria entran al
país anualmente cientos de millones de
dólares. El gobierno denomina estos servicios
como "labores internacionalistas".
La escasez de medicamentos en la Isla es todavía
más dramática que la falta de médicos,
pues uno de éstos puede suplir a cinco
o seis de sus homólogos, como se viene
haciendo, en detrimento de la población.
Pero con las medicinas no sucede igual, por su
ausencia total de las farmacias. No obstante,
las boticas donde se venden medicinas en divisas
mantienen sus anaqueles repletos de medicinas
de cualquier tipo y procedencia. También
los fármacos se pueden adquirir en el mercado
negro a precios exorbitantes, lejos del alcance
del salario mensual del trabajador cubano.
Los trámites burocráticos que
tiene que cumplir la población para conseguir
la dieta médica o la tarjeta son engorrosos
al extremo. Luego del papeleo correspondiente
se entregan los documentos acreditativos que facilitan
la adquisición de la dieta y la tarjeta,
pero no garantizan a los enfermos los alimentos
ni las medicinas.
Es tan precaria la situación alimentaria
de la población cubana, que hay quienes
reciben con alegría el diagnóstico
de ciertas enfermedades, por aquello de los alimentos
extras que garantiza -de manera nominal- la dieta
médica.
Citamos el caso de los enfermos de Diabetes
Mellitus tipo II, a quienes se les ofrece una
mínima cuota extra de leche, carne de res
o pollo. Los diabéticos adquieren los alimentos
de la dieta por medio de la libreta de abastecimiento,
la cual está habilitada para ello, aunque
existen lugares en que esta cuota mínima
no se les reparte mensualmente, según lo
establecido.
A los diabéticos del municipio Placetas,
provincia Villa Clara, no les venden la leche
ni la carne de res de estas cuotas con regularidad.
Los locales donde adquieren la leche no reciben
el preciado alimento desde hace cuatro meses.
Igual ocurre con las carnicerías que distribuyen
la dieta de carne de res, aunque las entregan
no son tan demoradas.
Sin embargo, en las tiendas de divisas de la
localidad nunca han escaseado estos alimentos.
Existen tres tiendas de este tipo que venden la
leche de producción nacional a precios
elevadísimos. Un kilogramo cuesta entre
5 y 6.30 pesos convertibles cubanos, lo que equivale
a 120 y 150 pesos. O sea, lo que el estado le
paga a un jubilado.
Lo mismo sucede con el alto costo de los productos
cárnicos, los cuales son también
inasequibles para el ciudadano que padezca diabetes.
Por consiguiente, los habitantes de Placetas
y los cubanos en general que sientan algún
regocijo cuando se les diagnostica diabetes, creyendo
que así resolverán su penosa situación
alimentaria, disfrutarán de "la ventura
de García", pues les acontecerá
lo contrario de lo que deseaban.
La desgracia de los diabéticos cubanos
no sólo contempla los alimentos, sino también
los servicios médicos y la adquisición
de medicinas.
En Placetas, donde viven más de 65 mil
personas y existe un alto por ciento de diabéticos,
ningún endocrinólogo atiende esos
casos porque, al igual que otros especialistas,
trabajan fuera del país, en la productiva
industria de servicios médicos internacionales,
de cuyas ganancias sólo se benefician los
altos personeros del régimen.
Los diabéticos residentes en Placetas
utilizan la vía del mercado negro para
adquirir sus medicinas. En el municipio no existen
farmacias de venta en pesos convertibles. Las
más cercanas radican en Santa Clara, capital
de la provincia.
La mayoría de los diabéticos solicita
sus medicamentos en las iglesias o a los activistas
de derechos humanos, quienes las ofrecen de forma
gratuita. Tanto los religiosos como los activistas
regalan los medicamentos a escondidas, por temor
a las represalias de las autoridades que prohíben
y penalizan la piadosa actividad.
Los diabéticos cubanos tienen que sufrir
un rosario de desventuras de las cuales están
exentos los gobernantes y los extranjeros que
residen en el país.
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