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POLITICA
La democracia es un punto de partida
Juan González Febles
LA HABANA, Cuba - Junio (www.cubanet.org) -
A los buenos escritores contemporáneos
se les debe leer sin buscar coloraturas políticas.
Son inconsecuentes en su inmensa mayoría.
José Saramago no es una excepción
para esta hipotética regla. Luego de "bajarse"
públicamente del tren castrista, firmó
poco tiempo después una declaración,
apoyándolo.
No es fácil entenderlo, si es que hay
algo que entender. En la entrevista concedida
a María Luisa Blanco, de España,
publicada en el diario El País el 26 de
abril de 2004, y reproducida en el número
de mayo de "La jiribilla", Saramago
defiende al protagonista de su última novela.
Fue necesario porque se trata de un hombre de
derecha.
A sus colegas del ala siniestra les molestó
que el protagonista de marras fuese, además,
comisario de policía. Estas son dos calidades
muy satanizadas por el coro zurdo mundial.
En la entrevista, Saramago defendió su
derecho a escoger al protagonista que le venga
en ganas. Además, se definió como
un "comunista libertario".
La definición sirve para separar a éstos
del resto, que podríamos llamar, por convención,
"comunistas no libertarios". Esto puede
ser, entre otras cosas, muy práctico. Es
una forma ideal para definir a Pablo Neruda y
Vladimir Maikovski. Ellos fueron, a su modo, comunistas
libertarios. Tanto así, que la única
razón por la cual Maikovski se suicidó
y Neruda y Saramago no, es geográfica y
temporal. Si Saramago y Neruda hubieran nacido
en Rusia y vivido bajo Stalin, es probable que
los suicidas hubieran sido tres. Con todo y el
"comunismo libertario" que tan lindo
y tan raro suena.
Saramago parece haber descubierto que la democracia
no es perfecta. Por suerte, le confiere la categoría
de cosa necesaria, al menos como "punto de
partida". Yo, que vivo bajo una dictadura,
opino que es buena como "punto de partida",
de continuidad y de destino definitivo, si Dios
lo permite.
Pero, qué vamos a hacer. Se trata de
un escritor mimado por la fortuna y el éxito.
Alguien que vive en democracia y se siente a gusto
siendo comunista.
En otra moraleja y sesuda afirmación,
el Sr. Saramago dice: "¿Qué
pasa con los derechos humanos? Que no nos prometan
nada, que no nos hagan propuestas electorales,
ni propuestas de gobierno, saquen del cajón
la creación del Estado de Derechos Humanos
que ahí está todo lo que un ser
humano necesita para tener una vida digna, y que
lo apliquen".
Quisiera conocer el estado comunista -uno al
menos- que haya respetado cinco de los artículos
de la Declaración Universal de Derechos
Humanos en lo que respecta a libertades individuales.
Pero aún así, el Sr. Saramago continúa
con sus inconsecuencias. Dice que la democracia
en los países libres es "formal",
y aboga por una democracia "sustancial".
No aclara en qué condiciones debe asumirse
la "sustancialidad". Nadie sabe bajo
qué auspicios, si comunistas o socialistas,
si a la derecha o a la izquierda. Permanece en
el misterio qué es exactamente lo que Saramago
considera salvable en una dictadura como la castrista.
¿Cómo se explica, bajo el manto
de su democracia "sustancial", el apoyo
a las dictaduras de izquierda? ¿Las entradas
y salidas del limbo político castrista?
¿Sus condenas y sus apoyos? ¿La
vanidosa presunción de sentar cátedra
en política?
Tanto el "comunista libertario" como
la democracia "sustancial" son meros
delirios. Especulaciones de quien cree igualar
la métrica y la armonía de las palabras
y las imágenes con las áridas realidades
de la política.
Es mejor la democracia sin apellido. La hija
natural del amor entre la libertad y la felicidad,
y el error humanos. No porque la brinden sin costos,
sino porque da la oportunidad de que cada quien
defina su sueño y luche por él.
Lo más sensato de las declaraciones de
Saramago está en la conclusión:
"Tal vez haya una solución al problema,
pero ésa no la conozco".
A todas luces, con esta entrevista el Sr. Saramago
perdió una excelente oportunidad de permanecer
callado.
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